Capplannetta y el aburrimiento

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Capplannetta se conectó a través de su tablet a las redes sociales. En Instagram famosos exponiéndose, anónimos exponiéndose; en Twitter lucha de frases graciosas, lúcidas, Pepitos Grillos escalando, arañas a la búsqueda de algo brillante para retwittear; en YouTube algo interesante, Corcovado cantado por Andrea Motis, cantante y trompetista, en el quinteto de Joan Chamorro, en el Jamboree de Barcelona para más señas, fabulosos vídeos, Capplannetta pasó un rato agradable, se mete en Facebook, demasiados refritos de Navidades huecas, sin sustancia, tristes, edulcoradas, fanfarrones al poder, se para a ojear una entrevista a Manuel Vicent en el que dice que las redes sociales son la forma adoptada por Satán en esta época para eliminar la humanidad, en fin, sale de Facebook asqueado echando leches. Mira a ver si le han ingresado dinero, no le han ingresado, ve un chat en la web de su banca electrónica, le pregunta: -¿cuándo se cobra? La máquina infernal le contesta, vea la política general de éste banco en la sección de Condiciones básicas. Capplannetta le contesta: Eres una máquina, lo sé. La máquina contesta: soy un Robot pero estudio y aprendo como una persona. Capplannetta se ríe y se dice, mi madre me tiene dicho que no hable con desconocidos, yo, que soy ya mayorcito así lo haré, Dios, pero cómo has podido caer tan bajo, hablando con un Robot programado.

Capplannetta is not loser

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¿Qué significa ser un perdedor en estos tiempos de ganadores rompedores? Un ganador hoy día es un deportista, un político, un hombre rico, un emprendedor, un luchador, un padre de familia feliz, esos y un largo etcétera de ganadores a los que la vida tiene preparados una vida estereotipada y sin interés alguno dentro de los hombres que salimos un poco de la vertiente de los normales. Sin ningún interés, sin correr riesgos, sin obligaciones, con ideales trasnochados, sin rasgos que lo encasillen, sin cicatrices que lo acondicionen, o sea, un ser corriente. A diferencia de los ganadores, los losers (perdedores) soñamos demasiado, tanto que entregamos nuestras vidas a causas perdidas muy de antemano, también nos gusta la gente interesante, esa que se parte la cara con la vida, un Jake La Motta, un Travis Bickle, un Sid Vicius, un Ernest Hemingway, un Paco Rabal, un Francis Bacon, un Miles Davis, etcétera, etcétera y etcétera. Nos gusta mojar la insatisfacción en vicios, o no, nos gusta devorar literatura sobre perdedores al uso, o no, nos gustan los bares de carretera, o no, nos gusta la vida silenciosa de los cementerios, o no, nos gusta trabajar para vivir la vida y no vivir para trabajar, o no, el loser no sueña con chicas cursi con aires de grandeza y que luego resultan caprichosas y tontorronas, o seudo ganadoras de la hipersensibilidad que son unas tacañas en cuestiones de diversión o tecnología que facilite el trabajo. Me gusta la vida de los perdedores, de esas personas que van al psiquiatra, de esas personas que se atiborran de hidratos de carbono y luego se echan su gran siesta, me gustan las madres solteras, me gustan las mujeres abandonadas por el tinte, me gustan las mujeres que cometen locuras por amor, me encantan los matrimonios interraciales, los matrimonios que no quieren tener hijos, o lo contrario, que tienen muchos hijos y viven en caravanas, me encantan los lugares que no frecuentan los que apestan a perfume caro y visten Armani porque sale por la tele, odio los fanáticos del fútbol, odio los exfumadores que odian el tabaco, odio los que no se arriesgan a tener una relación esporádica, salvo cuando tengan pareja, soy fiel como dicen todos los hombres, soy amante del café americano aunque soy europeo, soy un outsider que fuma y que bebe alcohol, odio el juego, me gusta la buena literatura, odio los poetas herméticos, odio las guerras, me encanta andar en calcetines por casa, no me gusta la Navidad, soy todo aquello por lo que vale la pena perder, y tú, o él, o yosotros no os atrevéis a mover ni un dedo.

Capplannetta y la Navidad con fantasmas

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Llega la Navidad y con ella llegan todos los fantasmas que han estado recluidos todo el año. Haces una comparativa entre las Navidades de antes con las de ahora y llegas a la conclusión de que sobra gente. Yo soy una persona con mis manías, que se acrecientan  con los años, pero se suman a la familia intrusos con otras costumbres, con ciertas perversiones, que saben mover el tablero de la maldad con más astucia que la tuya, y estás atado de pies y manos, pues quizá el intruso sea éste que les narra y los demás conspiren en un juego donde unos con otros se pisen los pies de barro, y el final no lo conoces pero lo intuyes, lo único que consigues es que pierdas el juego y te trague el barro, y tú solo te lamas las heridas mientras que en tu soledad rememoras los fantasmas que te hirieron. Es una lucha que antes de las Navidades o en cualquier otra festividad ya la tienes perdida de antemano, porque revelándote haces daño a quien quieres, y aún revelándote los que quieres se decantan a la contra de tu lucha cuasi personal, y es una injusticia que en todas las caras de tu familia siempre habrá un perdedor y ese perdedor es quien menos entiende las reglas de ese macabro juego, donde debes ver, oír y callar; ese perdedor siempre serás tú. Siempre son los locos los culpables y los perdedores de todo perverso juego especulativo, es como luchar contra el aire, no lo ves pero lo sientes, no tiene visibilidad pero es palpable, es luchar por una causa que no existe, son molinos pacíficos en apariencia pero gigantes nocivos bajo el negro terciopelo de la locura. Somos Quijotes maltrechos que en pos de la justicia acabamos mordiendo el polvo y somos de la gran novela del mundo el estigma incurable y perenne de la locura junto con la risa fantasmagórica y vil del lejano espectador que dispone de las reglas del tablero. Lleven la fiesta en paz, y mi consejo es que se rían del juego pero sin tocar el tablero, en esta vida la única derrota es que todos subimos y también caemos, esa es la única parte justa del juego, se nos da la vida, pero también se nos da muerte. Entregarse hacia la bondad es el único camino por el que trazar, si caen entorno a una debilidad incontrolable luchen para que vuestro corazón no sea pasto de las llamas que parten desde la raíz de vuestras propias debilidades. Felices Navidades fantasmales.

la cena

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Se acercaban las fiestas de Navidad y todo hacía pensar que las pasaría solo. Se decía: -Ojalá me acostara el veintiuno de diciembre y despertara el siete de enero. Él podía celebrar la Nochebuena junto con su hija y con la familia política de esta, pero se negaba tajantemente. Por pena y por muchas razones más, la hija trataba de convencerle, pero nada, el hombre no quería. A veces luchamos contra el tiempo simplemente viviendo y dejándonos llevar aceptando que las fechas señaladas llegan más deprisa o más despacio, pero llegan, como nos llega la muerte, el día llega y llegó el veintidós de diciembre y no le tocó la lotería, se dijo ya aunque tarde: si me hubiese tocado algo en la lotería me perdía del mapa toda la Navidad. También llegó la Nochebuena y ahí se vio, solo, viendo la deprimente televisión donde daban especiales (de varietés) grabados para la Navidad, con tres botellas de vino y otra de cava, había comprado jamón ibérico, langostinos, embutido selecto, un pollo a la brasa precocinado, y mantecados y turrones. El hombre era bebedor, aunque un buen trabajador durante toda su vida, su hija, la única que se preocupaba por él se pasó la Nochebuena haciéndole llamadas al móvil y él no las contestaba. Se decía a sí mismo: -Toda la vida trabajando duro para sacar una familia adelante y aquí me veo, solo delante del televisor, y tengo cinco hijos, ¡cinco! Solamente me quiere una, que por mí se preocupa. Toda la vida trabajando aquí y allá, buscándome la vida para que a mi invisible familia no le faltara nada, y aquí me veo, ahora que soy yo el que los necesita a ellos y no están, me dan la espalda. Y la que me llama al móvil quería que me fuese a cenar a casa de sus suegros, pudiendo haber cenado con sus hijos, mi yerno, y ella conmigo. Se preocupa mucho pero también me ha dejado tirado. Cada uno va a la suya. Y es que la Navidad aquí cenando solo es más triste que si fuese en otra época del año. Cenar solo he cenado cientos de veces, pero esta vez me duele demasiado. Cinco hijos, una mujer mala, un matrimonio infernal. Ella va de víctima y tiene a los cuatro hermanos con el cerebro lavado. Aquí me han dejado solo en Navidad, bueno, peor sería estar solo por estas fechas en un hospital. Pero son cinco hijos, seis contando a la bruja de mi exmujer, toda la vida pelándome el culo para sacar a estos cuervos que un día me sacarán los ojos adelante y así me lo pagan. A la mierda Nochebuena, a la mierda Navidad. Me voy a la cama. Ya en la cama se sentía gente de pisos aledaños reírse y se escuchaba el ruido de pasos y algarabía, y la música alta. El hombre no paraba de repetir: ¡Cabrones, cabrones, cabrones! Esa noche para dormir no pudo contar ovejas, contó cabrones.

Capplannetta en su casa

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Sé que escribir sobre intimidades es a veces algo aberrante, siempre y cuando se escriba sin traspasar una delgada línea, la línea de la honestidad acompañada de un pudor y un sentido común siempre que se cuente o se diga aquello que no afecte a terceras personas y que tenga algo de interés sin faltar el respeto a nadie, ni tampoco repetirse, también con un planteamiento partiendo desde la base de lo cotidiano y lo que pueda parecer al lector interesante dentro de una verosimilitud, lejos de lo verdaderamente íntimo, que no creo importe a nadie. En mi casa tengo algunas cosas que me hacen pasar un invierno y parte del otoño ligeramente cómodo y sin gastar demasiada energía eléctrica. No tengo calefacción, y sólo dispongo de una estufa eléctrica, la estufa no suelo ponerla y uso ropa de abrigo. Mis camisas de franela, mis chaquetas polares, mis pijamas de algodón, mis calcetines también de algodón y mis zapatillas de felpa son mis posesiones más preciadas para andar por mi casa. Bebo mucho café americano (más bien aguado) muy caliente y con poca sacarina, ya que soy diabético. A veces bebo güisqui cuando hace mucho frío, pero yo suelo mezclarlo con cola sin azúcar. Me parece más suave, mi estómago no soporta el güisqui a palo seco, ni siquiera con hielo, todo esto son las consecuencias de haber cogido tremendas borracheras con chupitos de güisqui y beberlos de un trago, me hice picadillo el estómago y cada vez que bebo güisqui solo (sin mezclarlo) me produce una reacción que en seguida vomito y lo odio, por eso uso la cola, para rebajarlo y no me afecte tanto. Hay gente que lo rebaja con cerveza, pero yo lo veo un exceso absurdo. Estar caliente en invierno y sin usar energía conlleva altas dosis de inventiva ingeniosa, ya que muchas veces no sólo es el abrigo lo importante, también la pitanza es importante. En algunas ocasiones uso unas mantas estupendas de poliéster que dan una calor confortable en las largas noches de invierno. No suelo usar energías en invierno, tan sólo gas para calentar el agua con la que me ducho, me suelo duchar con agua muy caliente, es lo propio. En mi casa no tengo grandes lujos, pero es un lugar donde yo me siento cómodo y eso es un lujo hoy en día. En invierno me gusta ir abrigado, comer sopas y comidas calientes, y ver vídeos por YouTube o escuchar música, también me gusta leer libros no demasiado pesados debido a que leo tumbado en el sofá y los libros con demasiado peso me incomodan. Cuando leo libros de gran tamaño suelo hacerlo en la mesa y sentarme en una silla, aunque prefiero las lecturas breves o de menor tamaño ya que me gusta el sofá. Espero que este invierno sea lo más llevadero posible, no salgo mucho, pero si lo hago no suelo alejarme de mi casa demasiado. También me gusta escribir, suelo hacerlo en mi tablet. Uso unos guantes con los dedos al aire, y suelo escribir con una sola mano, con la otra sujeto la tablet. En fin, la vida en un hogar en invierno es así para un ser no complejo en demasía pero con aprecio hacia las cosas sencillas, los placeres sencillos, pero no tengo queja. Tengo un techo y soy feliz a mi manera, pasen un feliz invierno que parece ser frío y largo, lo que es menester que no nieve, con la nieve las carreteras y las aceras parecen pistas de patinaje y son un auténtico peligro. Sean felices dentro de lo que se pueda, la cosa es no envidiar a nadie, no alegrarse del mal ajeno, y tener la mayor paz posible, éstas son las claves para comenzar a vivir con plenitud, o eso creo.

Capplannetta habla de jazz

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¿Por qué son tan mediocres las últimas actuaciones de Miles Davis en festivales donde parece haber inventado jazz Free? Hay que aplaudirle por sus primeros discos y por algunos otros (discos de estudio) en su etapa última, su etapa con John Coltrane, etcétera… su tema Générique es estupendo, su especial versión de  Autumn Leaves, y su mítico So What, su gran tema vertiginoso a la vez que con mucho swing es E. S. P, su gran maravilla Time After Time, y su encantador Bye Bye Blackbird, homenajeando a Charlie Parker “Bird”, sin duda Miles es un mito fundamental en la historia del jazz, aunque él no quisiera llamarlo jazz, tengo que decir que me encanta  el Miles Davis de sus vídeos primeros en YouTube, si lo comparamos (aunque las comparaciones sean odiosas) con Chet Baker por ser de la misma generación, Miles era mejor trompetista que Chet, pero Chet tenía una voz suave y sensual que Miles no tenía. Un caso distinto es John Coltrane, me encanta su My Favourite Things, y el disco Olé (1961) está entre mis cosas favoritas, aunque se anticipó por dos años Miles con Sketches of Spain (1959), el disco de Coltrane lo encuentro muy escaso de canciones, cosa distinta es el de Miles, que el único tema que me gusta del disco es Blues for Pablo, tema que le dedica a Picasso, aunque los otros temas son innovadores y se expone como un Miles distinto, con buenas e interesantes apuestas. Sobre el Olé de John Coltrane puedo decir que músicos españoles se han visto influenciados por él. Por ejemplo, en el disco Lorquiana de Ana Belén, disco con canciones populares y poemas del poeta granadino Federico García Lorca, en la parte de Canciones Populares hay una canción llamada Zorongo Gitano, esa canción es un arreglo con influencias de Olé de John Coltrane. Últimamente el jazz se ha vuelto más internacionalizado pero por aquellos tiempos en que grabó Coltrane Olé, daba razones por las que pensar que se adelantó a su época. Un trompetista bueno es Wynton Marsalis, por YouTube anda un vídeo de él y su orquesta en el Marciac 2009, es una maravilla, es swing en estado puro. No quiero dejar en el tintero a Julien Lourau, es uno de los saxofonistas franceses de gran repercusión en el panorama del jazz contemporáneo, vale la pena oírlo. También está la versión del Adiós Nonino de Astor Piazzola interpretada al piano por Chano Domínguez y a la guitarra española Tomatito, una delicia. Oigan jazz, música que habla sin palabras cuando las palabras dan paso al silencio, que se llena de música viva por doquier con el jazz en estado puro.

Humor negro