costumbre

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Desde niño tengo la costumbre de morderme las uñas de las manos, me arranco con la ayuda de los dientes las uñas y las recopilo en la mesa para tirarlas luego a la basura. Sobre todo lo hago cuando estoy nervioso. Hoy me he pasado, me he arrancado medio centímetro de uña, quién sabe, quizá de aquí a dos años arrancándome medio centímetro cada día haya desaparecido totalmente.

tardes de domingo

Salvador Dali-Marilyn-Mao (pintura)

Qué raras son las tardes de domingo. Tardes eternas en las que dejarte caer y escuchar el soplo tenue de las almohadas presionadas, descanso, ternura de corcho mientras descansamos, qué raras son las tardes de domingo, tardes que se apagan allá lejos de las metas imposibles, se oye el viento violento y salvaje afuera, tú mientras tanto escuchas el obituario del presidente de la transición, qué raras son las tardes de domingo, dejas caer el telediario por el suelo, se escucha lejano y próximo, como un derrota de melaza y de rutina que quiere hacerte la tarde rara de domingo acolchada y de acero irreconocible.

agonizando

La Venus de Boticceli enferma

Estamos aquí, inmunes a la solitaria plegaria en los hospitales. ¿Quién me dará mis últimos vasos de agua mineral en la agonía que anuncia la retirada de esta vida de mi ser, del ser como ese aquél Casimiro que rascaba la pintura de las ventanas de madera con sus primeros dientes de leche, o aquél Casimiro que esperaba en la escalera de su rellano cuando llegaba tarde y era de noche ya y su madre no le abría la puerta, o aquél Casimiro que acariciaba la mano robusta de su abuelo? Atrás quedarán los desengaños, los vasos de vino bebidos en la resbaladiza inercia que nos lleva a la fiesta, quedarán las noches locas esfumadas en un recuerdo que será óbito como yo lo seré, los recuerdos son un cordel que compartimos aquellos que los vivimos juntos, recuerdos de infancia y adolescencia, los mejores, luego vinieron los desengaños y las adivinanzas que se pudren mientras andas por la edad adulta y cuando las reconoces son un azucarillo con el que saborear riéndote de tu necedad, los amigos expectantes a la desgracia de tu última agonía quizá ni estén, pero si están algunos se sentirán aliviados de no ser ellos los que estén sufriendo la última de las luchas, a nadie le gusta morirse, que no vengan curas, ni notarios, ni los que no me quisieron en vida, que vengan aquellos con los que entrelacé lazos de magia, los que con una mirada nos dijimos la canción eterna que no se olvida. Las enfermeras cambiarán mi suero, los doctores verán mi decrepitud o mi evolución descendente, puede que venga la muerte sin anunciarse, imprevista, dejar testamento será como dejar fragmentos de mí a quién no quiso el mejor de mis fragmentos, no, me niego, que cada zopilote escarbe por donde más le plazca, y después, cada mochuelo a su olivo. Dios y yo estaremos manteniendo una disputa, la eterna disputa de a ver quién se queda con lo mejor del alma, por supuesto, yo querré la parte de conocimiento que gané caminando por estos lares, supongo que él me dejará con lo puesto, lo demás lo meterá en una urna de cristal para que sea objeto, por que objeto fui de mi travesía, de mi dicha, y mi esperanza, un objeto que algunos manosearon por un tiempo, yo me quedo con El Eclesiastés: Nada nuevo bajo el sol, y que después caiga el invierno del que no se vuelve sobre mis carnes para ser polvo. En esta vida he tenido amigos y familiares que no olvidaré, lo que daría por unos días jugando en la calle con seres a quienes quise y quiero… Yo he sido muy feliz en la vida, y lo pienso seguir siendo, y entre esa felicidad he ido aprendiendo que debes dejar que los demás vivan su vida a su manera, que la soledad nos atrapa a cierta edad, por eso la gente se casa, pero estar solo si sabes estarlo es bueno también, no le complicas la vida a nadie, y el mejor descubrimiento que he hecho es no envidiar a nadie, si a ti te envidian cada cual sabrá, envidiar es rabiar por la felicidad de otros, y para no envidiar el secreto es conformarse. Conformarse con la vida que a cada uno le tocó vivir.

Mamá USA

Made with Repix (http://repix.it)

Dime Marilyn, ¿eres tú la Mamá muerta de todos los niños descalzos de América? Si eres tú esa triste Mamá te arrinconaremos como a una escoba y te rodearemos de flores amarillas de las primeras silvestres polinizaciones en las primaveras que se levantan, en las primeras que se efectúan. Si eres tú esa triste Mamá que se marchó de casa para que un hombre las quisiera y el hombre no supo hacer otra cosa que llenarle la nevera, desprenderse de colada para que usaras la lavadora que te compró, porque mira tú por donde, no te llevó al teatro, no te llevó a los lánguidos valses de Viena en fin de año, no te llevó a conocer París, y ¿para que quieres tú esas cosas? Si tú nunca fuiste caprichosa, si tú nunca cambiaste un sí por algún interés de oropel que se desconche, si tú das amor por que eres madre de los nadie de América, de esos niños rubios y negros, con abrigos percudidos y saliva en las comisuras de la boca, si fuiste puta porque fuiste puta, si fuiste santa porque fuiste santa, si fuiste Mamá porque sé acurrucaban en tus entrañas los niños con dulces sueños que perdieron el algodón de azúcar de tener una madre para siempre. Una madre que cuando se hacen rudos, violentos y escupan en las calles se vuelvan dóciles como cabritillos cuando una madre les bese la frente entre su lágrima agria y su puño duro tan cerrado. Siempre tan cerrado.

células

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Las células de mi cuerpo saben todas que yo te quise, las malvas, los mosquitos y las moscas sabrán cuando yo esté muerto cuánto te quise, tú quizá ya no lo sepas, quizá hagas oídos sordos a mis suspiros que te nombran en la noche, todo mi cuerpo clama tu beso redondo donde yo me estremecía y abría un camino hacia lo sagrado, pero hasta los sordos saben contar mentiras, y los ciegos callan al monstruo que han oído pasar por su lado.

el secreto de Panero

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El secreto a voces que Panero se llevó a la tumba respira de efluvios entre la mandíbula y los dientes secos de Ana María Moix. Panero se volvió loco tejiendo la rosa perturbada de su cerebro, Ana María se estropeaba como un Mephistofeles creyéndose Dios de la gloria de los escritores fumadores y de la caspa que engendra hablar de un escritor después de muerto. Se tienen muchos cojones, sí, por eso todos hablamos maravillas de ellos, y sí hablamos mal es porque nunca los conocimos. Si Ana María era el espíritu bello de la Gauche Divine, Panero era lo putrefacto de El Desencanto, si Ana María era adorada y ensalzada por crápulas poetas, por el pijo aparte y por tortilleras emancipadas, a lo Virginia Woolf o a lo Simone de Beavoir, todas le doraban la píldora, entonces fue cuando Panero asesinó a su hermano Luís María, por loco, por borracho y por sufrir complejo de Edipo, la metamorfosis pasó de crisálida a mariposa, y Leopoldo María quiso ser homosexual, masturbándose mirando la foto que Colita le hizo a Ana María, -bésame, mon amour, mientras nos tatuamos nuestros nombres mutuamente con nitroglicerina.

hoy

Mujer herida, pajaro herido

Hoy, cuando me desperté, un pájaro gris mascaba su canto por los recovecos imposibles de la tarde precisa, el pájaro no era gorrión, sin embargo quería serlo. Se movía desesperado por la fachada de mi edificio, yo pensé que era una paloma sucia por tubos de escape, asfalto y primavera en las zonas grises tan comunes para todos. Pero no, ese pájaro era mi corazón, lo envolvía con cuero en carne viva, lo arropé en mis entrañas hasta que la noche fue haciéndose presente como una sombra que te tranquiliza, la noche, esa manta caliente de la que renunciando a ventanas y paredes se hace ama de toda su milla infinita, su bostezo es un largo aullido que pesa como pesa la belleza negra. Ven noche y cálmame el rastro de abstinente plegaria que se acurruca como pájaros de hielo, pájaros de nieve que se sujetan en el alma pesada del agua, sueño pesado que cae como una lánguida ternura que vestida de nadería purga la estalagmita del silencio.

En el horizonte existe un ámbar para los amantes, el mar en su azul oscuro se sabe hondo y profundo de agua en el salitre, el horizonte, siempre inalcanzable, dibuja una utopía eterna para los que sueñan con el ámbar del que las mieles no reniegan.

Ando lo desandando temiendo a mi silencio y también al tuyo, primero rompo el silencio mío, después me encuentro de bruces con el tuyo, los dos rotos, seguimos temiéndonos, más nos valdría no romper ningún silencio pero una existencia sorda es una existencia que reconoce a la locura en el silencio que ha visto, quiero verte rompiendo silencios, y yo te contesto y nuestras miradas hablan.