la red social (segunda entrega)

Tras el telón de azufre blanco y azul marino hay un tal Marck que te invita a sacar tajada, a ser un fariseo en ese variable algoritmo, a olvidarte del tebeo a la hora de cagar, a presumir por presumir pues para eso sirve toda red social, existen algunas excepciones pero en esta red de Marck todas las cuerdas tocan los fanfarrones, los fanfarrones nos enseñan los rincones y los detalles del hogar, tendrán problemas, pero ¿a quiénes les importan los problemas que uno tenga si tengo rincón para mostrar?

¡Ay! Las casas, qué pesados se ponen enseñándonos su casa, también foto de familia aunque sea ésta un tanto chabacana, nos enseñan el culo, el abdomen, la cara con las legañas, nos enseñan su mundo burdo y lo que es respirar en pijama, nos enseñan su karma duro, se despiden tras una ardua jornada, retransmiten su vida sin hacer uso de la palabra, presumen por presumir de regalos de navidad, del cumpleaños de mañana, aprovechan la oportunidad y nada se les escapa, no presumen de escribir sin faltas, tampoco presumen de ocasiones que pintan calvas, presumen porque presumir no cansa y despiertan quizás envidia y rabia, si presumes de artista, de poeta, de cultureta, de en algún tema de letras o ciencias tener mucha maña, te mandarán al ostracismo sin tener mérito tu causa, pero si presumes de cosa material o de que sales fuera de pitanza, rezadle a la siembra de Dios que del salmo verdadero ya se ocuparán mis pausas.

soldado del porvenir

…Tú eres el soldado que ha perdido todas las batallas, la victoria la celebran otros, aunque no se conformen con su nombre de pila, eso es, un nombre de pila sacado de la pila del bautismo, desde que te bautizaron te dieron una razón por la que estar vivo y una debilidad que te abraza a la muerte, la razón que te invita a estar vivo es un sí minúsculo de broche e inocencia, que te abrió la sangre por un injerto de ciega presencia, que te conformó a luchar por tus llagas, que te dio a conocer bajo tu nombre anfibio, que te hizo discípulo del canto del cuco, y en un escaparate te pusieron como atracción de un futuro incierto y amigo tú del monólogo frío; la razón que te abraza a la muerte es perder los litigios de sombra, maldecir los partos de anzuelo incauto y odiar toda la falsa pose de exiliados que evitan el norte de párpado seco, no es que tú seas maldito, sólo que no se abrieron tus simientes cuando lo quiso tu enorme desconsuelo absoluto, tu temblorosa presencia es un maltrecho espantapájaros cuando entra y un espantajo de harapos y sucia idea cuando sale, tu boca puede ser dañina cuando lo magullan en la cara, y un sueño de azul craquelado estampa en las entrañas de los hombres buenos si sus dichas se relamen de menor a mayor, sabe quien lo quiere y quienes no, sabe quién lo envidia y quién lo cela, ha perdido todos los escarnios con gente allegada y gente despegada a su norma de acero tajante, pero aunque desconfíe del mundo y de sus infortunios grises, siempre habrá en su sueño una esperanza que lo llena de fuerza, de fuerza de sangre caliente pero ciega en la carretera de los deseos que están por venir…

aquél día, si mal no recuerdo

…Aquél día, si mal no recuerdo, todo me pareció artificioso, falto de sencillez en su apariencia, había como un interés oculto en que los que pagaban el cotarro ninguno de los dos se dieran a la fuga, cada uno por un lado, cada uno por su sitio, descubrí entonces la clase de gente que los anfitriones tenían por amigos, todos falsos, fingiendo quererlos mucho y en realidad todos tenían cierta envidia. Yo por suerte o por desgracia estaba preocupado por mis cámaras y mi teléfono móvil, eso, sin contar la incomodidad de mi traje, un traje que me hice en Lima, ya había engordado bastante desde que en aquella sastrería me tomaran las medidas para confeccionarlo, cuando me lo quise poner me iba algo apretado y hubo que sacarle espacio de donde no lo había, también me tenía que haber puesto tirantes en lugar de aquél cinturón desgastado, en resumidas cuentas, se me caía el pantalón por el trasero, también escogí la camisa gris y la pajarita de cuadros grises a rayas rojas, tenía que haberme puesto la camisa negra y la pajarita ocre de cuadros escoceses, pero por hacer caso a la gente y mi falta de previsión pasé una velada sentado, fuma que te fuma, y con cierta hipersensibilidad que no sé de donde demonios la traje, ah, sí, ya sé de donde, de mi fracaso matrimonial, total, que pasé un día nefasto, tuve que aguantar risas de gente que ni conocía, aguantar también a los curiosos, eso, y alguna impertinencia que otra, la próxima vez iré ligero de equipaje y martingala, iré con el traje bien confeccionado, con la camisa y la pajarita que me dicte el instinto, y con unos preciosos tirantes como complemento, si la camisa es negra, de color ocre o blanco hueso los tirantes, si la camisa es clara, tirantes de color negro, y como se pongan farrucos me planto un sombrero Panamá con mis zapatos marrones estilo madera comprados en una cooperativa del calzado también en Lima la vieja. Pero no, dejemos el sombrero Panamá para pasear por algún lugar de la costa Latinoamericana del pacifico sur, pero no todo fue malo, comimos de maravilla, la anfitriona tuvo detalles de buen gusto, y el anfitrión estuvo a la altura, y eso sí, llover, no llovió…

un incendio

…En algún lugar de esta vida injusta siempre se comete un incendio, sí, en los hospitales, en las panaderías, en los economatos, entre el azar de una melodía estúpida que se hace lánguida, espesa y turbia, entre el volcán de nuestro aliento redondo, entre la llaga que no apaga su violín de roce quemadizo. En algún lugar hay un incendio, pudiera ser en la pasión ahogada como un asfixia sin oxígeno jamás encontrado, como una palabra que se deshace de débil, como un abril que persigue primaveras en el cantar de los pardillos en su celo. En algún lugar hay un incendio, lo saben los carteros, los floristas, las esteticistas, las burócratas del coito que se derrama, una promesa de amor de llama encendida devora el corazón de un hombre en cuestión de minutos, una prisa por la explosión de un disparate huérfano de sentido común, hay un incendio en la envidia lila aparentando un rosa inmediato, hay un incendio en las peluquerías y en los Nightclubs, en los viejos verdes implora un incendio, en los reaccionarios que amenazan con follarse a tu incendio en la noche, detrás de las cortinas bordadas de hilo, detrás de los armarios insólitos de balada de ébano, roble y castaño que están destinados a ser los príncipes de los incendios, entre brujas que arden e incendio de princesa encantada, en algún lugar se urge de un par de camiones de bomberos y aún así la tarde se daría la vuelta y el incendio sería una eyaculación de humo petrolero, que no hace nomás que plagar el incendio de asfixia, no sé, en algún otro lugar hay otro incendio, quizá sean cinco, cincuenta, cien, mil, tres mil, qué sé yo. Sólo sé que el incendio se hace existencia en el verano.