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Capplannetta y la buena vida

Envidio a la gente que vive en un hotel y se tumban en un diván y dicen eso de:—Esto es vida. Porque ¿cómo se puede saber lo que es vida para unos y fracaso para otros? Yo estoy en la mitad de cada una de estas opciones, porque me digo cuando estoy tranquilo en mi casa:—Esto es vida, pero la mayoría de las veces mi vida no es vida. Y no es porque no sepa vivir como un Gourmet o un vividor, o un playboy, es sobre todo una debilidad, una zona herógena que me hace vulnerable. Sé disfrutar, pero todo disfrute conlleva un saldo en la cuenta corriente. Y la verdad, odio los parques temáticos, Barcelona es uno, pero ahora según me ha contado un amigo Guipúzcoa se está convirtiendo en otro parque temático. Tienen la Playa de la Concha, las tabernas y el festival de jazz y cine. Repito, me gusta vivir la vida pero no haciendo de mi vida un endeudado. La vida, cuando es vida, es más placentera que los que tienen vida y dicen;—Esto es vida. Pero la vida da vueltas y a veces nos escupe.

Capplannetta desatado

Me juzgas llamándome cobarde, sí, cobarde. Tú no sabes lo que es intentar un anhelo, un deseo. Tú no sabes lo que es eso. Intentarlo una vez, cien, mil, miles, millones de veces. Y abrazar el fracaso. Agarrarlo como tierra negra que campa en el monte. Tú no sabes lo valiente que es enfrentarse a ciegas a un hormiguero de salvajes seres sin alma. Tú no sabes lo que es pronunciar un tabú como el que abraza a la muerte risueña e impávida. Como un perro que pelea entre sangre de cicatrices por dentelladas de rabia. Tú no sabes lo que es notar una presencia extraña en la noche cerrada de los oquedales en invierno. No conoces la mortaja fría de los que también dijeron de ellos que eran unos cobardes. Y se enfrentaban a la guerra de toses, maldiciones y tropiezos. Porque el hombre sabe lo que duele, y acostumbrados al hielo de los lagos helados saben el futuro que les espera cuando la primavera los deshaga, y el verano culmine la faena de quemar la mañana más pura todavía. Tú no sabes lo que es llorar sin lágrimas. Morderte la rabia y escupir en las aceras un pasado que evocaba la libre idea de romper una barrera. Tú no sabes lo que es que un adolescente haga acopio del oprobio de los hombres vulgares, de los vulgos que dominan el idioma, de los cadáveres que pisan fuerte y no retroceden en su empeño. Así, así, así yo veo la égloga vecinal de las mujeres corrompidas por el golpe y el insulto. Tú no sabes lo que es, aunque lo intuyes, lo imaginas, o te resignas a la ciega memoria de los que se sentaron en mi taburete que ahora es mío, pero lo tendré que dejar, y lo dejaré porque me muero, porque no existo, porque es así la vida, la ley de la vida. Pero tendrás que ser tozudo y molestar, sí, molestar, arañar, hasta la extenuación. Romper cristales y luego barrer los añicos. Me dices cobarde, puede que lo sea, pero quizá lo intuyas, o te hagas el sordo. Porque amontonar en los pies el barro de las tardes de tormenta, el yugo que hace pares las yuntas que portean dos enormes bueyes. Tú no sabes lo que es llorar de soledad, de calumnias suscritas por la envidia. Luchar palpando perplejidad como agua fría.

Capplannetta cansado

Se muere mi reloj y yo que conozco la hora por el sol me pierdo hacia ninguna parte. Estoy cansado de que no se respete mi naturaleza. De que la mirada la tenga disuelta entre bromuro y lívido embalsamada y enriquecida con testosterona. He ido averiguando silencios que me han atropellado de camino a casa. Estoy cansado de no mirar, de que me vean, de no tener, de no poder ser, de la única verdad sobre la tierra. ¿Porqué hay extrañas criaturas en los filos de fríos cuchillos? Todo es sacrificio como una cáscara vacía. Es el cansancio con el que lucho después de ser yo. Cansado de querer la paz y que pocos te la den. Hay vicios y pecados en el entrecejo de Caín, sombra de pájaro negro cruza por el desierto sin fronteras. Estoy cansado, de contemplar mi vida rota y amigos que perdí y perderé. No confío en el bisturí ni en biopsias de los amaneceres que hacen lamento para los cíen reyes de la noche. Estoy cansado de repetir el miedo a mi desnudez. Estoy cansado de ser luciérnaga nocturna como una bombilla a pilas. Todos estamos cansados de tanto cansancio que ronda los bulevares y las discotecas donde fecunda la flor nocturna.

Capplannetta y el botiquín

Como tomé tantos analgésicos y ácido acetilsalicílico me hice inmune a las fiebres de noche en bata manta. Ando despacio por los desvanes del opio. Y me conformo entregarme a la anestesia general aunque después sude o vomite los restos de dormidera. Busco en habitaciones con eco la huella hereditaria del agua oxigenada. Que no me vengan con ansiolíticos y benzodiazepinas que luego desvarío entre el síndrome de abstinencia y las rayas de autopista. Azul, azul celeste es el Viagra de los pobres, y entre ellos un sol de Risperidona me llevan a la mazmorra oscura, o tal vez al cuarto para pensar, ya que en esta vida hay mucho en qué pensar. Alcohol para dormirme en los bordes de una cama. Antibióticos que ya no hacen nada y remedios caseros que son costumbre sesgada y repetida, ya que los hombres adultos no creemos en las princesas azules, ni en Blancanieves disfrazada de clorhidrato de cocaína. La serotonina no la toman ni los que les comió la lengua un gato. He aprendido a lamerme las heridas como un perro. Entre Tranxilium 50mg y unos cuantos Tranquimazines he aprendido a perder la histeria a favor de la calma con melancolía. En todas partes está escrito que el vademécum es más grueso que la Biblia y el Quijote juntos. Las vitaminas te dan vigor y el verse cachas te conduce a la vigorexia de los cabezas huecas. Dadme un poco de heroína y me haré picadillo entre la somnolencia y la lentitud del sedado hombre que susurra al jaco. Botiquín, señor de los remedios y artefacto necesario, como un calmante para la quijotera y sal de Andrews para la resaca del lunes hastío. El dolor se calma con química ¿y adónde iremos a parar? La felicidad es tóxica.

Capplannetta y la cantimplora

Lloro con la sequedad del agosto, sumergido estoy en una manera rara de vivir. Respiro porque oxígeno preciso pero me ahoga en los intervalos de voces que son mías. La angustia y la promesa de no ser nadie me han hecho un traje a medida con las nueve plegarias de razón sola. Canto, luego canto, y después implora. Soy emisario de la volatilidad efervescente de un pensamiento incauto. Vivo en una cárcel y soy yo el que posee las llaves de las celdas. A un mar me metí entero y el salitre y el yodo se unieron ante la cicatriz reciente, quise curar mis males con conversaciones sin hueso, hablar y de tanto hablar, se secó el lagrimal escocido. La muerte me espera en el baile, todos los que me conocen lo saben, por eso huyen de mí los obituarios y las esquelas del miedo. Un día partiré desde mi mundo de elegantes zapatos y camisas de seda, no pretendo ir desnudo, pero hay miles de formas de desnudarse. La mejor es la que te invita al amor con gozoso gemido. Las chicharras del silencio roto se hacen fosfato y cloroformo entre los plenos preludios de la calentura a cualquier hora. Los yonquis salen de sus mugrientos amaneceres y van deprisa a la entrega del flash y compañía. Coágulo como un moco a media jornada se hace embutido de sangre y víscera que canta, y canta e implora. Yo tengo un remedio para hacer amigos, y es reírme de mi tristeza, y disfrazar mi melancolía. Un ser como yo, hijo cautivo de voces y bostezos, se lamenta de la vida ya que su vida es otra, su mundo otro, y rota en pedazos está el hielo que imita al vidrio, al perfume sin rosa y jazmín, un mundo nuevo busca la verdad ciega de bucear, pues es sumergir, sumergir y sollozar el peso físico de los kilos en agua. La selva conoce la humedad del musgo, la orfandad del fango que impide el regreso a la sequía y los restos de fuego en el campo ya no los permite la autoridad quiebra ley. He visto deshojar margaritas a las muchachas que buscan marido, he visto llorar por capricho y al capricho enamorarse de la generosidad que calla. Hubo una vez que tanto canto, tanto canto mi alma implora que aprendió los sobresaltos del tropiezo de aurora.

Las deudas eternas de Capplannetta

En algunas ocasiones lo escrito a corazón abierto se puede utilizar en tu contra. Me ha pasado muchas veces. Lo llaman hacer concesiones. Y hacer concesiones ante algunas personas puede ser utilizado como artillería pesada contra uno mismo, y eso no es lo peor, lo más fuerte es que lo pueden usar en tu contra gente muy cercana. Escribir en el lugar que ocupa la realidad siempre hay una víctima, y puede que seas tú como escritor, o familia cercana sin ser culpables de nada. Cuando abres tu corazón crees escribir para consuelo tuyo o el de los demás y lo que consigues es que se vuelva en tu contra como arma arrojadiza. No hay literatura sin experiencia, y no hay experiencia sin vivir la vida, y no hay vida para contar si esta no está barnizada con un barniz de sinceridad, quizá demasiada sinceridad, tal vez te equivoques. A veces las personas nos dejamos de engañar contando la verdad y lo que se consiguen son golpes bajos que te debilitan y te hacen vulnerable. Contar la verdad o ponerle un poco de realismo al asunto es a veces un campo peligroso. Resulta perjudicial para tu propia dignidad el contar cosas íntimas, pero también es íntimo tocar temas que involucran a otros, y ahí es cuando te empañas de un vaho traslúcido que hace opaca esa realidad que pudiera ser cristalina. Es evidente que sin cierto pudor, o rozar la ficción es importante. Pero cuando escribes sobre un motivo real ahí si tienes que ser escrupuloso y guardar ciertas distancias. Sin duda la literatura es un diálogo entre autor y lector, y cuando te ves en camisa de once varas ya sea por tu buena fe, incluso por inocencia, puedes caer en el barro piernas adentro. Y ese fango te deja inmóvil y desnudo total.

Capplannetta suicida

En el sótano del barrio donde viven mis padres hay una plaga de cucarachas. Han venido unas cuantas veces los fumigadores a fumigar el subsuelo. Como esas cucarachas yo tengo cierto parecido. Ojalá vinieran a fumigarme a mí y a mis sosias una mañana y extinguirnos de una vez por todas. Parece fácil la vida de single, pero eso hay que vivirlo. La soledad tiene de bueno en el sentido de libertad, pero nadie quiere estar solo. Yo he pensado tantas veces en el suicidio que me imagino como sería si me ejecutara a mí mismo. Mi madre lloraría tanto que a ciencia cierta sé que se volvería loca. Mi padre sería como si lo castraran y perdería el apetito por la vida con lo que le gusta estar con sus nietos. Mis hermanos también llorarían. También la gente que me quiere. Imagino mi funeral y sería una canción triste que todavía no me he atrevido a entonar. Para la gente que me conoce y me quiere soy una persona creativa y algo distinta. El suicidio es algo en lo que he pensado cientos de veces, pero siempre me echo para atrás. Me gusta la vida a pesar de…la vida para mí es una broma pesada ya que mi naturaleza conmigo no ha sido generosa ni gratificante. Cuando más pienso en el suicidio más me atrae vivir. No quiero hacerlo, porque puede haber días mejores. Pero los días malos son un pozo del cual no puedo salir. Acabar con todo de una puta vez, pero me falta valentía. No quiero que este post acabé en tristeza, pero para mí la vida es lastre y en cuesta arriba. Como para la mayoría. Cuando me cure de mi problema quiero vivir la vida. Probar lo que merece ser probado.

Capplannetta aúlla

En ocasiones me pongo a aullar como una alimaña sedienta de humanidad noble. Me saco de mis casillas y me retuerzo entre tanta inteligencia y culturalismo depredador. Como una plaga de obsesos de la última palabra veo a los listos chupatintas exhibirse ante una multitud de seres que valoran más la palabra intelectual repleta de pedantería inmediata. A la vez que instantánea. Aúllo de ostracismo. Por eso prefiero mil veces un ser humilde y sencillo antes que un burócrata de la alta y la no tan alta cultura fría y carente de humanidad. El hombre ha olvidado quienes son los que mueven el mundo. Los intelectuales a base de verborrea y de literatura cruda acercan el ascua a eso que llaman postmodernidad tardía. Es complicado verse reflejado ante la pose de eruditos descafeinados ante la única verdad de que más vale una vida sencilla, no sin ignorancia, antes que una cordura pormenorizada de filosofía barata. Antes que un intelectual prefiero a un anciano dando explicaciones sobre un campo de concentración. La gente humilde es la que vale. Aprecio a ese tipo de gente que enseña con experiencia a una plaga de repelentes que se creen amos de la lengua ya que dominan el idioma. Me gusta esa gente que destroza el idioma. También me gustan los sabios que callan lo que saben. Un erudito es un hombre curtido por la pesca en alta mar, un erudito es aquel que señala con el dedo una galaxia de brillantes astros. Los teóricos no heredarán un mañana. Lo heredarán aquellos que programan códigos como sonetos de Quevedo o letrillas de Luis de Góngora. Existen ignorantes que enseñan más con un rebaño de cabras, y un campesino de invernadero que toda una saga de verborreicos que han visto vida desde un libro.

Capplannetta visible

A pesar de que soy una persona amable y cordial no puedo tener una imagen visible, para no caer en el despropósito de escritor típico o un escritor con una imagen que acompañe a tanta mercadería visual. Puedo ser impresentable, y no porque yo lo quiera, o por capricho, sino porque huyo del espectáculo de la fama y todos sus focos y flashes que poco importan a la hora de escribir. Los editores se empeñan en que hay que tener una imagen visible, a ser posible que venda libros. Pero yo soy reticente a todo ese espectáculo que establecen un protagonismo a veces estéril. Pueden ver fotos mías, pero no quiero el protagonismo televisivo, a menos que haya un programa cultural interesante, que por cierto, no hay ninguno. No quiero ser un mercachifle, aunque sí me gustaría ser leído. Hay escritores que sobreactúan, o ejercen de semidioses donde son los creadores de su obra escrita pero no lo son de la imagen que puedan ofrecer al lector. El lector puede decepcionarse, o en el caso de que les caigas simpático, pueden verte como osos de feria. Huyo del escritor espectacular. Aunque admire a muchos que salen en la caja tonta, pero estos escritores carecen de los ingredientes donde parte su naturaleza que caracteriza al escritor y no al personaje, que puede defraudar, y no pretendo ser una caricatura de escritor de pacotilla. Tampoco un escritor sobrio y solemne. Prefiero preservar mi anonimato y quien me quiera conocer que lo haga a través de lo que escribo, y no por la imagen que pueda dar estereotipada de escritor endiosado o sabiondo que tiene respuestas a todo y su criterio es una especie de máscara que se quita y se pone según le convenga. He visto escritores buenos que por cinco minutos de televisión han decapitado su criterio literario e intelectual.

A propósito de Capplannetta

Tengo escarcha en mis pensamientos de frío, viento y lluvia. Mi lagrimal humedecido y caliente de no poder llorarme y lamentar mi desdicha ha pretendido siempre volver a mi punto de partida. Solo, soy un hombre solo. Soy el reverso, soy el que navega a contramarea. Soy una desgracia que les ha ocurrido a mi familia. Por muchos libros que lea ninguno de ellos consolarán mi derrota de falta de riego en el vergel donde anduve hace años, pues no me acuerdo cómo era. Tampoco puedo quitarme las espinas de mi corazón rojo. Acudo a los psiquiatras y ninguno me abre la ventana de la cámara de gas. Soy un hombre derrotado por la luz breve de los que viven de noche. Espero, espero y espero, errante en el desierto eterno. La sociedad no me tiene en cuenta. Y para los amigos me he convertido en molestia. Soy un joven caducado y tuve mi tiempo de gloria allá en los rincones del macadam. He perdido a grandes amigos, a familiares que nunca más veré. Pues la muerte crea un episodio de olvido donde tienen cabida las huellas de peregrino. No soy como los demás pero camino. Camino en un contratiempo que me atrapa inusitado. Volveré a ver los gemidos de mujer en total entrega entre los besos que supe darte. Hay montones de corazones que no dan razón a la mañana de sombra y eclipse. Cuando vuelva al lugar donde nací me haré semilla nocturno en la inmortalidad del silencio. Ser poeta no es proclamarse ni ser aplaudido. Se es poeta porque la sangre se paraliza en la evocación de los placeres pasados y en los presentes. El mañana vendrá mañana y las luces serán un amanecer repleto de enigma y refugio para toda la tribu.

Capplannetta y el abandono verbal

Dejo a la gente que se juzgue entre la buena y la mala conciencia. Las personas sensibles son las que están en plena lucha con su conciencia. La conciencia de la buena gente es no tener mala conciencia. Son libres de carga y van ligeros de equipaje. Pero también ocurre que los malvados tampoco tienen gran concepto de su propia maldad y de su mala conciencia, que en este caso es nula. Abandonarse al destino y aceptar un compromiso de lealtad lleva implícito algunos detalles que a la buena gente aflige. Abandonarse por ejemplo a la muchedumbre con cierto fanatismo te hace vulnerable y víctima de tu propia elección personal. Porque elegir, lo que se dice elegir, nadie elige lo malo, siempre se decantan por lo bueno o lo mejor que bueno. No me gusta la gente que juzga tan solo por el hecho de contradecir un pensamiento libre. En este mundo pocos tienen un pensamiento crítico, y los que lo tienen caen en terrenos resbaladizos. Puedes pasarte cierto tiempo con una gente y darte cuenta lo bellacos que se vuelven, después de haber demostrado que eran corderitos. Abandono es una palabra dura, y el resultado de ella equivale a la decadencia. A una decadencia desordenada y caótica, que a fin de cuentas son la misma cosa. Pero el abandono, el abandono verbal, que es descuidar la manera de expresarse, en mí comienza desde que hablo aunque no cuando pienso. La única pulcritud de mi lenguaje es lo que escribo para mí o para otros que, como yo, también están abandonados de equilibrio verbal. Me comunico mejor cuando digiero aquello que voy a decir sin que parezca una enorme tontería cruda y tampoco una verdad fermentada de putrefacción. El ego de muchos es el fanatismo por llevar la razón perentoriamente. Y eso es un exceso de estupidez o una equivocación sin fundamento. No diré que los poetas sean algunos estúpidos, puede quien diga eso de mí mismo. Lo que quiero decir que la opinión de un poeta debe ser un pensamiento pormenorizado del lenguaje, y cuando estás carente del lenguaje con respecto a la riqueza y a la coherencia quiere decir que eres un enfermo de literatura. De la palabra escrita. Para no decir tonterías se tiene que economizar el lenguaje y escribirlo antes de que salga de tu boca. Las palabras dichas sin razonamiento están cogidas por alfileres, como las camisas. Saber hablar implica capacidad digestiva.

Capplannetta sedentario

Hay una barrera en mi vida que no puedo sobrepasar. Es la barrera que me hace diminuto en un mundo de gigantes. Unos se escudan en el núcleo imposible para mí del jazz. No, no me importa qué tipo de música escuche fulano o mengano. El reggaeton es abominable y vomitivo. La nueva generación de mileniars tienen un gusto del que no puedo dar credibilidad. Las modas son eso, modas. Mi juventud se consume como un cigarrillo encendido dejando un esqueleto de ceniza. Mi vida no es dármelas de jazzman, tampoco Heavy, ni ninguna tribu urbana. Yo soy flamenco. Y escucho música que entiendo y la disfruto. Pero me gustan otros tipos de música.

La gente como yo no es bienvenida al almuerzo de los suegros. Tampoco a las cenas, lo que sí sé es que soy un poliedro de músicas y de colores que me hacen solitario y sedentario. Cortan con unas tijeras las cuerdas de mi lira. Soy un poeta, no un mercachifle. Eso le dijo a alguien. Mi suerte es que me gusta la buena música. Desde Bach hasta Los Chichos, desde Camarón hasta The .Beatles. De un tiempo hasta que me casé, fui el tormento de mis padres. Digamos que hice una travesura que duró años y mis padres impotentes no sabían cómo calmar mi ímpetu y mis ganas locas de probarlo todo.

Pagué por los errores del pasado. He sido ecléctico y bebedor. He sido un chico problemático. No he sido buen hijo. Ahora la cólera del lobo que llevo dentro se ha calmado. No necesito consejos, necesito poder mirar con pureza y conmiseración. Hago montañas en el aire, despliego mi álbum botánico, regalo sonrisas a quien no me teme. Aunque quisiera amar la singular vida de lo subterráneo. Quiero amar a la vida.