Capplannetta y la necesidad

Se ha escrito mucho sobre las necesidades precarias que han sufrido algunos de nuestros escritores de renombre, tanto de España como de Latinoamérica. Es importante decir que es triste en cualquier persona las necesidades en productos de primera necesidad, hecho que se está viendo en los anaqueles de los supermercados venezolanos, como también en Cuba, pero esto no debería decirse que es una aberración propia de sus gobernantes, sino del bloqueo que sufren estos países cada uno en sus particulares circunstancias. Recuerdo la anécdota de que Juan Carlos Onetti vino a España, él y su mujer se guardaban los panecillos para la cena, panecillos que podía coger quienes le apetecieran, ya que eran actos sobre literatura, donde la necesidad de este escritor hacía cierto acto de presencia guardando para la cena esta comida que seguramente fuera a la basura después del acto. En otras ocasiones también se ha hablado de la necesidad sufrida por Gabriel Celaya al final de su vida, hecho que me lleva a decir aquello de “las vueltas que el mundo da”, ya que él tenía una empresa familiar que fue a la ruina, como tantas empresas que entran en banca rota, pero como de la poesía no se vive, aunque sea está un arma cargada de futuro muchos poetas pasan por distintas necesidades, a veces la soledad, otras el ostracismo, y otras tantas otras la necesidad de llevarse algo a la boca, otros poetas en menor consonancia con el de la literatura, y sí con el mundo de la escena musical, como era el caso del Gato Pérez, lo llamaban telefónicamente acreedores, ya que Gato Pérez estaba plagado de deudas. Implico a la figura del Gato Pérez porque yo sí lo considero un poeta, tal vez por lo magnífico de sus letras. 

Capplannetta y la semilla de los sueños

Esta madrugada he soñado que toda la juventud del barrio donde residía con mis padres estaba enganchada a la heroína en vena. Ha sido una pesadilla donde yo, espectador desde la distancia y la experiencia, les aconsejaba de lo malo que es ser un yonqui confeso. Veía al frutero de mi barrio con los brazos hinchados y morados tras haberse inyectado la heroína fuera de vía. Veía incluso un primo que tengo fallecido armar un escándalo con la vecindad de ese barrio donde ya no resido. En el sueño, me da cierta alegría volver a ver a mi primo, que murió joven y sano de drogas y adicciones. Murió de paro cardíaco. Anoche me daban taquicardias y temía, sin haber soñado con él, un paro cardíaco como el que le dio a él, a lo mejor ese fue el punto de partida para que yo soñara entre las semillas de un sueño, que no suelen abrirse nunca ninguna, como bien dejó escrito Lorca. Este post que ahora escribo debería haber sido un canto a mi pasada juventud, aunque no hablara en él de mis sueños raros y mis hipocondríacas maneras de temer mi próxima muerte. Debo confesar que no sabía que me asustaba la muerte hasta que me dieron las taquicardias. Me siento en deuda con mi primo, era un ser maravilloso, una persona sensible y particular, y me siento en deuda porque él hizo algo en vida que tocó mi lado sensible, era una persona que tenía su orgullo, eso, y que su madre está harta que la vida la golpee, crearon un muro impenetrable entre sus hijos y sus abuelos paternos. Se sabe que mi tía, en su situación, no les tomó nunca la fiebre a esos niños, pero tiene su corazón. 

Capplannetta the weird

Qué asquerosa es la vida codiciando el oxígeno azul que respiran los otros. Qué asquerosa es la vida para los que apuntan al paredón de las verdades, qué asqueroso y qué rancio es oler el cuero de cien años tras la apariencia de los beatos, qué asquerosa es la vida para los que expulsan a la nieve de los sueños de azúcar, qué asquerosa es la vida para los que absorben cada neurona del pensamiento, qué asquerosa es la vida para los que desnudan a los niños de la fría sopa, qué asquerosa es la vida para los que con una vela en la nariz beben a morro limonada con menta, qué asquerosa es la vida de los que odian las espinas de una rosa y la señalan por ser una roja rosa fresca, qué asquerosa y triste es la vida para los que estornudan en la cara a los benditos, qué asquerosa ha sido la vida para los que husmean en los trasteros comunitarios, qué asquerosa ha sido siempre su vida para los que tienen hambre de que algo le suceda a los príncipes de la dicha, qué alegría sería pasarte un STOP en la almohada, qué alegría más grande sería ver a mi madre con treinta y ocho años y decirle: -¡Qué guapa estás hoy mamá! Qué alegría sería ver a mi padre como un roble erguido silbando una canción por bulerías, qué alegría me daría besar la mejilla de mis abuelos y someterlos al abrazo que no abarca, qué alegría más grande sería repartir poemas por las calles y que la gente los guardara como reliquias del despertar nuevo, qué alegría sería remontar el vuelo desde mis patas de vencejo y creerme una águila en el cielo, qué alegría sería ver fornicar perros en el invierno y esbozar aire congelado desde los corazones ciegamente calientes.

Capplannetta pincha hueso

La gente es hipócrita porque es otra manera más de salvación y de supervivencia. En este mundo si no haces bondad cínica te condenan al ostracismo, y al final, a fin de cuentas, todos nos quedamos solos, aunque sí hubiésemos rehusado de la hipocresía nos encontraríamos solos mucho antes. El mundo no tiene la culpa de lo que se hace a sí mismo, ¿o sí? Todos nos pisamos unos a otros y la amistad dura como duran las ilusiones, un momento. Yo no soy ni peor ni mejor que nadie, también tengo mi gran parte de culpa en esta trastada que cometemos sin saberlo. Nos rodeamos de amigos que nos soportan a trancas y barrancas, aunque yosotros también llevamos nuestra carga de culpa, que no es otra cosa que soportar lo que nos remueve la entraña. No existe buena gente en el mundo, huimos unos de otros, es como el juego del perro, gato y ratón. Es una ley natural. Estamos en un escenario de animalidad. El lobo no sabe por qué es lobo pero cuando tiene hambre corre a por el cordero, luego viene la carroña y remata la faena. Tienen razón aquellos que dicen que el toreo es una tortura, que no tiene ningún arte matar a un animal de esa manera, pero también el torero pincha hueso cuando va a entrar a matar, pero el toro cuando entalla al torero también se ceba usando su brutalidad natural de bestialidad y fortaleza. Escuchar por ejemplo al toro mugir cuando el torero está cerca, es para atarse los machos de lo horrible que resulta, el toro tiene miedo, el torero tiene miedo. Tiene cada cuál lo suyo. ¿Acaso no es eso justicia? ¿No están a la misma altura toro y torero?  Los dos mueren, esa es la verdad, es pura alegoría de la vida y su lucha sin descanso. Por eso alguno de los dos tiene que morir. Esperar al toro a puerta gayola es esperar a que la muerte te tenga compasión o te atraviese el alma. El toreo es el momento de la caza, el torero usa su inteligencia de matador y el toro usa su embestida para matar, si no, no sería toro bravo. Es peculiar en el ser humano tener compasión por los animales, pero cuando trabajas en un matadero comprendes la justicia animal y la justicia del hombre, es algo recíproco. 

Capplannetta y el sonido ancestral

Existe una música que, en esta postmodernidad, no sabemos si tardía o llegó a la hora, parece una bendita suerte el hecho de tenerla y disfrutarla, esa música de los antiguos reinos de Babilonia, de los antiguos persas y los otomanos. El hombre se ha olvidado de lo ancestral, cierto es que en los primeros milenios de la humanidad la mujer estaba en el mismo lugar que el hombre, pero cuando la mujer pasó a un segundo plano los hombres despertaron a la diosa de la discordia y el caos llamada Eris, según cuenta la leyenda. Lo ancestral es parte de lo divino. La santería entiende bien todo esto y está muy arraigada a las profundidades de América Latina. La música tiene una pequeña mixtura de todo ese repertorio que viene y va de la fría y decadente Europa y vuelve hacia la resplandeciente magia de los magos y los santeros allá en tierras amazónicas. Hasta del infierno de la esclavitud se nutrieron las musas de toda la magia que existe en las canciones del negro, del africano en el establo. Envidia la heredera Gertrud, con su cabello rubio y sus ojos celestes, con su vestido azul cielo de raso y gasas de punto de chantillí, envidia ciegamente la alegría pobre de los negros que bailan mientras descansan, que ríen y disfrutan, mientras que en la cotidiana casa de los Chesterton hacen un almuerzo en silenciosa rutina, y oyen, ellos oyen, en el único ruido de la hacienda; es el de los negros recogiendo el algodón cantando blues, ya que la empresa familiar se llama Chesterton cotton company e ignoran de músicas y danzas, solamente juegan al Bridge, y tienen una hermosa biblioteca cogiendo polvo que luego limpian las criadas negras, Gertrud quisiera reír, bailar y cantar como lo hacen ellos, con esa gracia especial que imponen dignidad a su cautiverio.  Su padre, el señor y negrero John Chesterton, tiene asumido que le ganarán la guerra a los yanquis. Le dice a Gertrud mientras los miran: -Compadéceles, pues son monos de circo, y ella sonríe a papá. ¡Nos olvidamos tantas veces desde donde vienen esos sonidos que ahora escuchamos con facilidad en las plataformas de música!  Vemos a los Rolling Stones dar los acordes de su música, pero nadie se acuerda de Sister Rosetta Tharpe, entonar esos mismos acordes que ahora tocan los Rolling Stones. 

Capplannetta y un nuevo camino en el que andar

Ayer hice una breve incursión por la web www.nuevoateneoonline.com de Ediciones Vitruvio, que es donde se publicará mi nuevo poemario Poemas con Nocturnidad y la experiencia con libros como Méster de Poesía del poeta Vicente Valls Haendel y el poemario En las entrañas de los locos sólo vive Dios por Nathalia Sesma de Pablo Otero, me ha dejado perplejo. Hoy es la presentación de Madrid, 2020 (pandémica y celeste) del poeta Pablo Méndez con ilustraciones de Eugenio Rivera, seguramente no me perderé la presentación a través de la web antes mencionada. No me he perdido ninguna de las dos anteriores, y sin duda, tal y cómo está el patio esto irá a más. Aunque quieran negar la mayor con excusas cínicas y sin credibilidad. No es lo que yo deseo, por mucho como sea yo y mis circunstancias. Pero en fin, es una buena manera nueva de presentar libros interesantes deleitando a la gente con la mejor poesía. Os tendré informados de cuando será la de mi poemario, aunque yo no asista por cuestiones que algunos ya saben. Aunque firmaré ejemplares a quienes lo adquieran, cosa que yo agradeceré. 

Capplannetta y el esperado otoño

Yo soy de aquellos que piensan que las mejores estaciones del año son otoño y primavera. Las demás son estaciones con temperaturas extremas y hacen que la gente no esté cómoda, aunque mejor que el invierno, prefiero el verano. Recuerdo la canción Autumn Leaves, la versión de Chet Baker, creo que lo he dicho otras veces, es buena, pero la de Miles Davis es apoteósica. Es extremadamente sensible. Montones de intérpretes han versionado esa canción, como la letra, como instrumental, pero los mejores intérpretes son trompetistas, ya que la canción tiene una melodía que es inigualable. También hay otras canciones que se han versionado instrumentalmente y cantadas han mejorado, me refiero al tema Europa de Carlos Santana, es una canción idónea para bailar abrazados. Pero tiene una versión cantada por la cantante Eva Ayllón que es un deleite. Volviendo a la canción Autumn Leaves es necesario decir que la primera versión, la original se llamó Les feulles mortes y la compuso Jacques Prévert y Joseph Kosma, luego la hizo famosa por Yves Montand, y después se hizo estándar en el mundo del jazz y se ha americanizado. De igual manera que The Girl of Ipanema en la versión de samba que conpuso Vinicius de Moraes (poeta y diplomático brasileño) se llamó en portugués Garota di Ipanema y se ha versionado en jazz y también se ha estandarizado de una manera asombrosa. En Latinoamérica hay grandes compositores de canciones, el territorio es enorme y han nacido desde norte a Sur grandes compositores. Por ejemplo Agustín Lara, José Alfredo Jiménez,  esos en México, y en Venezuela Simón Díaz con su Bamboleo, y más al sur hay excelentes compositores Rubén Blades, Facundo Cabral, Amparo Ochoa, y toda la música que se crea allá y acá es música de Ida y vuelta, ya referido por mí en otros post. 

Capplannetta en el extranjero

Salíamos Ella y yo a comprar en los mercados del Callao, en la zona de Estibadores. Había uno cercano pequeño, no muy concurrido, y el grande, al que accedíamos en Moto-Taxi. Pero normalmente íbamos a otro más cercano. Compramos lúcuma para hacer marcianos, compramos mangos, maracuyá, y compramos pollo. La señora que vendía el pollo era una señora rolliza y cortaba el pollo con gran habilidad, se notaba que llevaba tiempo haciendo esa labor. Le dice Ella: – Córtame la pechuga en filetes para hacer milanesas. Las milanesas las rebozaba con galletas de soda machacadas. No usaban pan rallado como en el hemisferio norte, en España para ser más concretos, la señora que nos vendía el pollo le preguntó a Ella: -¿De dónde es tu amigo? Y Ella contesta: -De España. La mujer del pollo me miró y me dijo: -Por culpa de los españoles es porque hay tanta pobreza acá. Y yo le repliqué: -No creo, señora, los españoles hace mucho que nos fuimos de estas tierras. Y dice la señora: – Sí señor, se llevaron nuestro oro, abusaron, asesinaron, hicieron destrozo por todas partes, eran malos. Yo le dije: -Bueno señora, yo no tengo nada que ver. Y la señora apunta: -Sí señor, son ocho soles. Yo le dije:-La culpa es de los políticos a quién vota la gente del pueblo, todos son ladrones corruptos y mafiosos, y la señora asentía, pero se notaba que tenía esa idea arraigada en sus pensamientos. Nos fuimos Ella y yo saludando a la señora. Ella me decía: – No tengas miedo, pero la gente de mi país tienen un mal concepto de los españoles. La mayoría son cholitos que vienen de la sierra a buscarse la vida a las ciudades grandes. Es mala la ignorancia, pero puede ser que aquella mujer no estuviera del todo equivocada. En las veces que nos reuníamos con los familiares el tono despreciativo eran apelativos como: cholazo, serranazo, incluso había por televisión una serie que se llamaba La Paisana Jacinta donde era objeto de burla la gente andina, la serie era de humor, vale. Pero se pasaban, el personaje de Jacinta era tonto, necio, metía la pata siempre, en fin, que era utilizada como burla y risa. A mí no me gustaba. Pero los sobrinos de Ella todos la veían y se partían de la risa. Incluso en la prensa chicha habló una congresista andina declarando que ellos no eran así. Ahora en la distancia comprendo que los mismos mestizos de la costa se ríen y se burlan de los mestizos de la sierra, y al fin y al cabo, todos son mestizos en definitiva. Me acordé de la canción que cantaba Amparo Ochoa que se llama La maldición de Malinche, en esa canción se hace alusión a que existe cierta hipocresía entre la gente blancona del centro, y los mestizos del lugar, es como una jerarquía racial. Tendrían que resolver ese problema primero y después todos los demás.

Capplannetta pasa un día especial

Hoy he comprobado que aún tengo amigos, a pesar de que dejé de buscarlos. No es que tenga amigos, yo tengo muchos hermanos, como dice la milonga. Tener amigos es saludable. Todos aspiramos a tener amistades, relacionarnos, y disfrutar de la vida. Mi hermano es mi amigo, y mi amigo, mi hermano. Es bonito encontrar a los viejos amigos y recordar anécdotas del pasado. Yo no soy huérfano de pasado. He tenido amigos buenos y amigos malos, pero siempre he tratado que me enseñara algo cada experiencia vivida con mis amigos. Cuando no te relacionas te vuelves huraño, ermitaño, introspectivo, tienes un mal concepto de la gente. La buena gente está en todas partes, también la mala, pero es importante saber estar y saber con quienes estás. Después de haber vivido una vida de disparates, de aventuras y desventuras, una vida de grandes decepciones, como también grandes alegrías, pero con los amigos de verdad bastan unas cervezas, tabaco y un poco de simpatía y cariño y pasas un día total. O mejor decir especial. Hoy ha sido un día de esos. De vez en cuando va bien soltarse las riendas. De este día puedo decir algunas cosas al respecto que tienen que ver con el reencuentro. Reencontrarse con viejas amistades lleva como añadido que recuerdas momentos inolvidables y el pasado te coge por el corazón, y las risas y el disfrute está asegurado. Tener amigos, qué gozada. A veces eres tú el que pone un muro de dos metros de grosor entre la nueva vida que te ha tocado vivir. Para amigos está mi hermano, Juan Herrada Sabio. Los dos hemos cambiado. La vida a veces te pasa factura, entonces es cuando son importantes los amigos. En realidad existe buena gente.

Capplannetta saluda a sus callos

No me gusta comer callos, sin embargo yo tengo dos callos muy certeros en cada extremidad. Se puede tener callos de trabajar conduciendo un camión, se puede tener callos de rozar varillas de hierro trabajando en encofrados, se puede tener callos trabajando de feriante, se puede tener callos de trabajar de chatarrero, pero no se puede tener callos de hacerte pajas, la dureza de la carne no es sensible a la dureza de la vida, a no ser que tengas callos en el corazón, al hacer de chapero en un antro, en la calle, la oscura y fría calle, también se tienen callos de cocinar anticuchos en plena calle, como si las cañas cortadas pincharan en el sazón de un corazón de ternera. Yo tengo unos callos distintos. Callos de pincharme día a día detrás de los cañizares, en los sótanos, en los trasteros, escondido, siempre escondido. Como si fueses un maldito que se esconde de la migaja y la salpicadura, de la mañana preñada de aurora, de la gente que te confisca y te juzga la palabra como un triste don nadie al que le supera un don dinero. Callos, durezas, rozaduras, llagas, estigmas, aunque nada de todo eso venga acompañado de las palabras sagrado, felicidad, prosperidad y ambulancia, las ambulancias sí acuden, a por ti, puto yonqui enajenado. Puta escoria sin futuro, puto hijo plagado de maldita desesperación. Tener callos en los brazos no es malo, también tienen callos Los Santos y los beatifican como a dioses del lamento. Callo, en cada brazo, un día pruebo una vía y al otro día pruebo con otra, y pasa el tiempo, y te salen mordazas en la carne, esa carne tuya, nacida de tu vientre, madre, callo, piel que se resiste a ser blandura, resplandor de sangre persigues contumaz y ebrio de ceguera, ¿para quién tu callo que cicatriza? ¿Para qué esa secuela como un zapato desgastado? Llagas también tiene el eccehomo, llagas y callos tiene un vía crucis de los peregrinos a pie, llanta que golpea en el bordillo, coágulo que exige suyo la ceniza, comparación ferviente de la noche sin sueño, emperatriz puta que ignora a la corte de castrados, gusano de resentimiento quien deja en paz lo ya tan muerto, madre de los perdones, entera de sufrimiento y lágrimas que no salen, maldición prieta de sístoles y diástoles que no se ven en simples cardiogramas.