Capplannetta tiene acento sureño

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Tengo una lucha, casi personal, con la dialéctica de esta España plural de la que todos debemos estar tan orgullosos y unidos. Por ejemplo, no soporto a las personas que mimetizan su acento, me gusta la gente sencilla, auténtica, que no se avergüenza de sus orígenes; no soporto a los hijos de andaluces que cuando están con sus padres hablan con acento de Jaén y cuando están con amigos del norte cambian el registro y hablan seseando. No, no lo soporto. Al igual que aquellos del norte que se comen eses para parecer más de extrarradio, incluso para mofarse de la gente del sur. No, tampoco lo soporto. Esto no quiere decir que no sea tolerante, sí lo soy, quien me conoce puede atestiguarlo. Una cosa es hablar y otra cosa es escribir. Cierto es que seseando se vocaliza mejor y se trata bien al idioma, pero debo decir que orgulloso estoy de mis orígenes, y orgullo debe sentir todo el mundo con apego a lo suyo, y por ende, respeto como pago.

Capplannetta peligrosamente

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Capplannetta tenía un amigo con el que ensayaba flamenco-fusión. Este amigo estaba con una chica pianista de jazz, el amigo se llamaba Xavi, su novia, Gemma, a Gemma una noche le tocó hacer un bolo (pequeña actuación) en Barcelona, en un piano bar en el centro de la ciudad. Gemma tocaba el piano (divinamente) en un trío de voz, contrabajo y piano, esa noche tuvieron que ir a buscar con el coche de Gemma a la contrabajista Txell, una chica seria pero muy guapetona, allí en el piano bar se encontrarían con la cantante, la cantante, una excelente intérprete con influencias tipo Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Etta James, etcétera, era catalana, aunque cantaba en un inglés fluido. El contrabajo es un instrumento que no suena muy fuerte pero de grandes dimensiones, y en el Dos Caballos de Gemma no cabía tremendo trasto, se le ocurrió a Txell que alguien fuese con ella en su moto y que aquel que fuera de “paquete” tenía también que portear al gigantesco armatoste; Xavi se fue en el ridículo coche con Gemma, ¿a quién le tocó la pejiguera? A nuestro amigo Capplannetta, por supuesto, ya ven a Txell y a Capplannetta sorteando el tráfico con el contrabajo dichoso y todo Dios mirándoles. Era un espectáculo aquello. Capplannetta se acordó de Charles Mingus, de Avishai Cohen, y se dijo: -cómo sabe Marcus Miller, que eligió el bajo en lugar del contrabajo. Txell tocaba el contrabajo mejor que conducía, y Capplannetta estaba compungido por el miedo, más bien aterrorizado. Sentía que si tuvieran un accidente la parte peor iba a ser para él, así que trató de guardar la calma e intentar de llegar a su destino. Al final tuvieron una velada que estuvo muy bien, hicieron un buen concierto, luego había que volver pero el alcohol que bebieron les dio valentía y predisposición. Txell le dio las gracias dándole un beso en la mejilla, Capplannetta iba a pedirle el teléfono pero tenía novio. Nunca más, se dijo Capplannetta. Después del trabajo arriesgado que le dio esa noche el ataúd por contrabajo que poseía la gran artista de Txell, Capplannetta no se comió un rosco. Cosas que tiene el jazz, vives peligrosamente, el vértigo de esa noche lo hizo inolvidable.

Capplannetta in the new age

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Resulta obvio decir que el tiempo de la tecnología analógica ahora claramente tiene una función de coleccionista (también contemplan funciones artísticas postmodernistas sorprendentes y dispares) en algunos casos. Debido a que las nuevas tecnologías, incluyendo desde el World Wide Web, la fibra óptica, la programación en software libre, como también las grandes corporaciones tecnológicas (aceptemos el hecho) están creando un mundo más conectado, más entretenido e inclusive más pequeño. Ha cambiado la manera total de ver televisión, ya que ahora puedes elegir qué ver; se sabe que existe el contenido spam pero también existe mucho otro tipo de contenido interesante en la red. Ahora el que se aburre es porque está saturado de entretenimiento en Streaming o porque tiene inquietudes de cualquier otra índole. Mis padres por ejemplo, se han adaptado al mundo de las nuevas tecnologías de manera plausible, y consumen a coste cero todo un sinfín de contenido digital. Esto ocurre con gente que ha vivido los años de entreguerras, ¿qué no será posible con los nativos digitales? Estamos experimentando un alto nivel cultural (no en todos los casos) que abre frentes ahí donde había vacíos culturales. También han cambiado nuestras bibliotecas, nuestra manera de vivir en casa, en el trabajo, nuestra manera de comunicarnos, por eso es esencial que no pongamos al campo llaves, aunque tampoco debemos tolerar el libertinaje tóxico. Si hacemos más hincapié en el software libre y liberamos la red de todo monopolio opresor, Internet será un apacible lugar donde pasar ratos de ocio y de lucha hacia un mundo más justo. Es obvio decir, además, que si estamos en una sociedad de consumo las grandes corporaciones de Internet ofrezcan sus productos a precios competitivos, como también huelga decir que no tienen porqué los programadores de software libre trabajar gratuitamente. Aunque sí se debería repartir la riqueza (aludiendo al tema político-social) en pos de un mundo más necesariamente justo. En primer término los europeos y los estadounidenses (también los ricos empresarios chinos, rusos e indios) deberían de dejar de expoliar a África si no quieren que los africanos vengan como refugiados de sus países de origen hacia Europa. Si se logra este requisito fundamental veríamos menos tráfico de refugiados políticos y económicos. Dejad a África ser ella misma. Dejad al Sur ser el Sur. Debemos luchar por un mundo más equiparado y no tan acaparador. Luego está el tema del calentamiento global y la deforestación y la contaminación de los mares. Nos quedan muchos frentes pendientes y muy poca voluntad de que la cosa vaya a mejor, y eso no es otra historia, es la historia del presente.

Ahora yo me pregunto, ¿con estas premisas estamos preparados para la cuarta revolución científica e industrial partiendo de la base de las humanidades? Yo creo que no nos convertiremos en bloques de hielo ni en ciber humanos que den la espalda a las humanidades, aunque sí seremos un foco de tóxica atomización y misantropía. Yo creo que en tema de cultura, humanidades y filantropía también tendremos un frente pendiente. Las instituciones tienen que hacer políticas de congregación, de reciprocidad entre las personas, políticas pensadas para que las gentes salgan de sus hogares y se socialicen, ya sea por medio de la cultura en común, también de la reivindicación de una sociedad más culta, y todos estos instrumentos utilizarlos para la propagación de los bienes comunes en el sentido práctico de conocer al otro, al distinto, al diferente. En esto intervienen factores institucionales y familiares, que dicho sea de paso, es una institución en decadencia, ya no solamente culturalmente hablando, sino dentro de ámbitos psicoafectivos, alimentados también por la educación y la buena praxis emocional; se puede llegar a crear sociedades modernas que sean ambientes de paz y participación donde se comparte, se creen vínculos de costumbres compartidas y no competitivas. En definitiva, una vecindad unida y en armonía. La Mixtura es el futuro.

Cibernétic@ Esperanza_ capplannetta.com

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Capplannetta capicua

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Si buscas mi nombre en Google, el que consta en mi partida de nacimiento, el que consta también en mi partida bautismal, ahí encontrarás alojado en las entretelas a Capplannetta, y si buscando en Google buscas Capplannetta ahí conocerás más de mí, que yo de ti. Yo no pretendo saber cosas de la vecindad que conmigo convive, aunque mi vecindad sí sabe cosas sobre ese tipo raro (que soy yo) que es su vecino. Los vecinos antiguamente compartían, se relacionaban, se saludaban en las puertas y en los rellanos, también en los ascensores, en el parking, ahora no, ahora crean cierta psicosis como envoltorio de breves dosis de ansiedad. Sobre todo para mí que soy un poeta (con vuestro permiso me apropio del artesano nombre común) que pone adjetivos a los verbos y sustantivos a los pronombres y las preposiciones, conjugo verbos (a veces no con mucho acierto) y demás martingalas lingüísticas en pos de una afición que tiende más al realismo que al escapismo. Yo en mi escaparate de escritos, reflexiones u opiniones, donde me expongo en este alter ego que me inventé de niño para denominarme en mis juegos donde me soñaba jugando a un astronauta de espacios lunares donde mi madre sacaba el polvo a muebles y a rincones mientras tanto, yo, este inocente perseguidor de proezas espaciales, donde era cap y también cúa, me expongo, sí, aunque no es exhibicionismo, pero todo tiene una explicación o una firme coartada. No creo en la ficción, me asusta la sombra de la imaginación y la pretendo en su justa medida. Demasiada imaginación crea Napoleones que creen hacer revoluciones de clorhidrato de caramelo, también crea fantasmas con demasiada tendencia a aparecerse; aunque decir la verdad también los crea, ya que si te lee tu vecino y éste sabe más de ti, que tú de él, entonces entramos en un juego injusto y con una gran ventaja (frente a tu rival en la competencia y en la incompetencia) de la que se hace el dueño total el que te lee de tu vida privada que te hace vulnerable y criticado. Injustamente además, porque no toda la autoficción es real y no toda la realidad es única, cada poeta vive su propia realidad, como dijo Nietzsche. En fin, pero tengo que alegar que no en todos los campos soy cobarde, solamente soy cobarde en los estadios donde no conozco las reglas del juego.

Capplannetta y Nevando en la Guinea

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Nevando en la Guinea es una revista un tanto singular si la comparamos con otros medios culturales de no menos audiencia y credibilidad. Un mes de junio del año 2008 nació Nevando en la Guinea con muy poca experiencia yo (Capplannetta) y algo más Juan A. Herdi. Debido a que nuestra amistad, con mayor o menor frecuencia en encuentros, remonta desde el año 1999, que fue cuando yo iba a las tertulias de la Revista Catarsis, nos hemos visto las caras siempre cordialmente. Juan A. Herdi es un ratón de biblioteca (si se me permite la semejanza) debido a que acumula, regala, dispersa, propaga, y difunde literatura adonde quiera que va. Es una fuente idiomática y un erudito que encierra saberes variados. Tanto en la conversación como en la escritura se puede entrever toda la riqueza cultural que posee y nunca dejará de sorprenderte. En principio la revista que coordinamos juntos se publicaba cada semana. Después pasó a publicarse cada mes, y luego cada tres meses. Incluso llegamos a disfrutar de una web donde publicábamos vídeos, entrevistas, artículos y ensayos breves que íbamos agregándole. También llegamos a hacer radio por Internet en un programa con el mismo nombre que la revista. En el 2014 dejamos de publicar por crisis en temas de discrepancias, hay que aclarar que él trabajaba (cosa que sigue haciendo), y las ganas y la voluntad que entonces ponía no eran las mismas que los dos ponemos ahora al unísono, aunque esa es otra historia; la revista se publicaba en un PDF sin ninguna imagen ilustrativa y en negro sobre blanco, cosa simple, sí, por eso yo trato de justificar esa simpleza con que era más caterva que revista. Aunque llegamos a hacer entrevistas y la revista-caterva estaba bien vista en los ámbitos literarios, nos faltaba ilusión, ya que entramos en una rutina que nos llevó a tomar la decisión de dejarla. Nos perdimos la pista hasta mayo del 2018. Después retomamos de nuevo el proyecto que empezamos juntos, aunque ya más enfocados en una coordinación más ambiciosa, más experimentada y con muchas ganas. Le hablé del proyecto a mi amigo Juaníbal Reyes Umbría de la Agencia literaria del Sur y se ofreció para participar, entonces esa decisión cambiaría el sobrenombre de caterva y ya sí era una revista literaria digital.  Yo se lo conté a Juan A. Herdi y quedó encantado. Y esa es la historia en definitiva, ya que a partir de ahora cada número es mejor que el anterior, cada trimestre una ilusión nueva. Ahora la revista se diagrama y se edita en Venezuela, país que culturalmente está impartiendo su propia revolución paralelamente de la política. Nos vemos en la red.

Capplannetta contempla

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Para no entrar en una dinámica de tedio y de rutina las aplicaciones de computadoras y de dispositivos móviles están pensadas para cambiar constantemente, en cada actualización, en cada interfaz, en nuestra manera de usarlas. No nos dejan acostumbrarnos a una manera de interactuar para que éstas no nos cansen y así tenernos hiper-conectados de por vida. Nos acostumbramos a cómo manejar un dispositivo o un ordenador personal y cuando ya estás adaptado, te vienen con una actualización novedosa con alguna chuchería tecnológica (para atraernos haciéndola atractiva) y la actualizas y te cambian la forma en que ya te habías acostumbrado a su funcionamiento, para que tengas que empezar de cero y no caigas en rutinas. También está el tema de la obsolescencia programada. La obsolescencia es un invento de la primera revolución industrial, y a las puertas de esta cuarta revolución industrial (o revolución digital) no iba a ser menos que la obsolescencia programada hiciera acto de presencia en toda la martingala tecnológica a la que dedicamos ocio, cultura, costumbres, medicina, trabajo y descanso. Y la política no iba a ser menos. Todo tiene fecha de caducidad. Hasta el producto no-perecedero se diseña ahora para que deje de serlo. Vivimos tiempos difíciles aunque nos lo envuelven en una zona de confort que nos atomiza y nos aísla de todo aquello que puede revelarse. Salvo cuando estás enfermo psíquicamente y no tienes otra realidad que la de encadenarte a la tecnología. También los enfermos fisiológicos y con otras dolencias que afectan a los sentidos están siendo tratados con tecnología que con el tiempo se reemplazará por otra de mayores y mejores características. En fin, no quiero entrar en rutinas que cansen al lector.