Capplannetta se dirige a los espanta-moscas

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Yo no te culpo de tu agravio comparativo con olor a rancio, no te culpo de las nueve risas a mis espaldas, no te culpo de los siete pasos que me separan de tu mirada, no te culpo de que un sábado noche no tuvieras Coca-Cola en tu bar, no te culpo de tus ignorantes culpas que en mí arrojas, no te culpo de las maldiciones y de los vasos vacíos repletos de indiferencia ¿no tienes bastante con meter la lampa donde no te llaman? No te culpo de que me niegues, que me critiques, que me increpes, que me huyas, que me desprecies, que me acuses, pero el mío corazón, mi corazón sin nadie, mi corazón que no mira, mi corazón asustado, tambaleándose como un borrachito de silencios, arrullado por la nana de la hipocresía, menospreciado por la ceguera de la mayoría, ninguneado por la casposidad de los que buscan consuelo en un erial que fue jardín, mi corazoncito ¡qué pena me da ese animal con los ojos tapados! Ese mordisco de una boca mellada, ciertas dosis de locura se apiadan de mí corazón de niño, de niño, niño chiquito y sin caricias, sin besos y sin abrazos, solo estoy en esta tarima de miradas de sedienta distracción por disimulo, de víctima de una canción que ya conocen, de mi corazón que no se diga nada, chitón, que no se diga una mentira sin las doce verdades que la preceden, silencio, silencio, silencio.