canto a las patrias putas

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Si tú supieras que en Úbeda no hay cerros

y que es catalana la flamencona Rosalía,

y cuando cruzo el límite de Despeñaperros

y me siento arribado a la gran Andalucía,

siento un vacío y un alivio que quita hierros

sin ser plural ni singular de esta frontera huía,

de la nariz de este charnego ya no salen terros

y mucho de lo que chamullan es habladuría,

amigos catalanes a montones yo tengo

y ellos no me negaron nunca una bulería,

yo creo que nadie debiera estar hoy preso

por una idea, una causa, una remota alegría,

yo a Catalunya y a España también las quiero

y la justicia siendo yo pobre, ya que no es mía,

tampoco resulta una patria ser el remedio

y toda paparrucha que resulte una copla fría,

Yo de mi raigambre andaluza no reniego,

tampoco de esta Catalunya que pide amnistía,

si en un envite un facha te hace un griego

els segadors sin renuncio yo de veras cantaría.

Publicado en Bubok (obra completa)

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Publicado en Amazon (obra completa con ilustraciones)

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Capplannetta y un Vespino

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Capplannetta tenía una novia muy lejos de su barrio, y al no tener vehículo tenía que ir al barrio de la chica pateando. Corría el año 1991 y su ciudad estaba lejana de todo, incluso de aquello que iba a suceder en el futuro, imagínense su barrio. No era la primera vez que éste andaba cruzando cinco, incluso seis barrios hasta llegar al suyo. Una noche de invierno había dejado a su novia en la casa de sus padres y se dispuso a andar hasta la casa donde él vivía junto a su familia. De camino a su barrio vio a unos metros cómo un pizzero aparcaba su Vespino (ciclomotor) y subía a un edificio a entregar la pizza recién hecha. Se dijo: -Esta es la mía, ni corto ni perezoso agarró el Vespino y se dijo, pues vámonos a casa. De camino al barrio tiritaba de frío, lagrimeaba debido a la velocidad y reía sin parar. Llegó a su barrio y empezó a dar vueltas a una plazoleta gritando: ¡Me he metido a pizzero! ¡Me he metido a pizzero! Sus amigos que estaban en la plaza pasando frío no daban crédito, se partían de la risa, se quedaron alucinados cuando vieron a Capplannetta dando vueltas y gritando en aquel Vespino de pizzero. Se fueron sus amigos y él hacia un bosque aledaño al barrio de estos, y allí le quitaron la caja de llevar las pizzas. Quedó un Vespino con un solo sillín y ese fue el transporte de Capplannetta durante días. De vez en cuando lo cogía un amigo que también tenía novia muy lejos del barrio. A veces cuando quería cogerlo se encontraba con que el amigo se había adelantado y había cogido el Vespino antes que Capplannetta y éste se enfurecía. Cierto día estaban en un montículo de tierra baldía, en una especie de explanada Capplannetta con el Vespino y sus amigos pasando frío todos agrupados a unos metros de Capplannetta. Éste se hartó de que el amigo le usurpara el Vespino, y también porque veía en ese ciclomotor cierto riesgo que no estaba dispuesto a asumir él solo en el caso de que algo pasara.  Digamos que se cansó de aquel ciclomotor. Entonces dejó el acelerador del gas fijo y apuntó el Vespino contra el grupo de amigos apelotonados. Y lo soltó. Quiso gastarles esa broma macabra. Cuando el Vespino sin piloto llegó al punto donde estaban los amigos todos corrieron despavoridos, pero la sorpresa de Capplannetta fue cuando el Vespino siguió su trayecto hacia la carretera estrellándose contra un coche estacionado. Sonó como un estruendo. Y el acelerador se quedó fijo con la rueda trasera del Vespino rodando al aire a toda velocidad. Todos los amigos salieron por patas. Las persianas de los pisos junto a la carretera se abrían para curiosear. Fue tremendo el ruido del choque contra el automóvil aparcado. A Capplannetta se le ocurrió la temeridad de quitarle el acelerador fijado por éste, él sólo quería apagar aquel cacharro en marcha, y mientras tanto se abrían las persianas, Capplannetta se fue corriendo sin haberle podido quitar el gas del acelerador al Vespino por temor a que le reconocieran y lo acusaran. Nadie se atrevía a apagar aquel Vespino. Ahí se quedó ese destrozado Vespino, con el acelerador fijo y deshecho por la parte delantera, y el coche con varios daños por el impacto recibido. Hasta que se le terminó la gasolina el Vespino no paró. Capplannetta tuvo suerte. Esa noche Capplannetta daba gracias a Dios por la suerte de no haber hecho daño a alguien que pasara justo en ese momento. Capplannetta se estremecía tan sólo con pensar si alguien hubiese pasado en ese momento y lo hubiera arroyado. Esa noche Capplannetta no durmió, daba gracias a un Dios piadoso que en ese momento lo protegió. Plegarias y letanías  íntimas que agradecían sinceramente a Dios.

Capplannetta estupefacto

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Fue en el entierro de mi abuela paterna. Mi abuelo murió muchos años antes que mi abuela, y a mí me pusieron el nombre de pila de mi abuelo. Cuando enterraron a mi abuela hubo que añadir a la lápida de mi abuelo (al que no conocí) el nombre de mi pobre abuela. Los restos mortales de mi abuelo estaban en una bolsa de plástico y los pusieron al fondo del nicho para poder introducir el ataúd de mi abuela. Cuando la introdujeron cerraron el nicho con una lápida interior hasta que pusieran la lápida con la foto de mi abuelo de mármol cuando el nombre de mi abuela estuviera grabado. Para la sorpresa mía estaba mi nombre en la lápida interior pintado con pintura negra. Estaba el nombre y el primer apellido de mi abuelo. Yo me quedé perplejo, pues era como si presenciara ese día en que enterraban a mi abuela, mi propio entierro. Cuando acabaron de enterrarla no paraba de pensar en el asunto. Ese entierro podía ser el mío, pero no, era el de mi abuela. Es algo que no olvidaré. No sólo por el impacto que me provocó el ver allí mi nombre y mi primer apellido con la fecha debajo en números descoloridos por el desgaste del tiempo, también porque yo empezaba a morir por esas fechas, la vida de colores que yo tenía impregnados en mi corazón se fueron agrisando, mis días se estaban empezando a poner invernales. Supongo que ese día no sólo enterraban a mi abuela, mi infancia estaba llegando a su fin, también mi loca adolescencia.

el fenómeno Rosalía

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Aunque el núcleo fundamental del flamenco tiene su raíz en la raza gitana y en la zona de Andalucía, en la historia del flamenco se ha demostrado que la natalidad, el chovinismo o la localidad del artista no tienen ninguna cosa que ofrecer ante el talento y el arte de la expresión flamenca. En Andalucía existen músicos como la familia de los Habichuelas (familia Carmona) en Granada, en Granada también están la saga de los Morente (Estrella, Soleá y José Enrique), tras esta riqueza de voces y músicos no sólo están grupos de rock como los Lagartija Nick (que grabaron con el maestro ya fallecido Enrique Morente su disco Omega por el que rinden pleitesía otros flamencos) que fueron la otra mitad de Omega y sus diversas actualizaciones, disco que celebra últimamente su 20# aniversario con una excelente publicación con temas inéditos del maestro granadino, con letras de Leonard Cohen, y Federico García Lorca. También hay grupos de rock con pinceladas flamencas como Los Planetas, que también son de Granada, recuerden su tema Cumpleaños Total que fue hit en su tiempo, y su disco Islamabad, de gran importancia flamenca donde hace aparición Soleá Morente. También tenemos en Granada grupos como Navajita Plateá, con el Paquete y el Negri, éstos mutaron en el grupo la Barbería del Sur, aunque cada uno de éstos ha seguido su carrera en solitario, aparte de los archiconocidos Ketama pertenecientes al clan de Los Habichuelas, que también han seguido cada uno por otros caminos. En Almería tenemos a Tomatito, en Sevilla provenientes de Jerez a Diego Carrasco y sus jóvenes flamencos, eso sin dejar de olvidar a Raimundo y Rafael Amador, de los Pata Negra y del barrio marginal Las Tresmil. También están voces como Kiko Veneno, Martirio, sin dejar el cabo sin atar importantísimo de los Montoya (recordando a Lole y Manuel, y la madre de Lole: La Negra), también Remedios Amaya, Falete y el fallecido recientemente Chiquetete. Existen otros cantaores, artistas, tocaores y bailaores en Andalucía. Si nos vamos a Jerez de la Frontera tenemos a cantaores maravillosos, gitanos de fundamento, recordemos los versos de Lorca sobre la ciudad de Jerez: ¡Oh ciudad de los gitanos! ¿Quién te ve y no te recuerda? En Jerez están actualmente Jesús Méndez, Paco Casares (Gasolina hijo), José Mercé, y al toque de Moraito Chico (ya fallecido) heredero de éste su hijo Diego del Morao, el Niño Jeros o Diego Amaya. Pero aparte de los flamencos “ortodoxos” de Jerez hay fusionadores del arte flamenco como Tomasito o El Canijo de Jerez, del grupo Los Delincuentes. También está Cádiz, deléitense sí no con la Niña Pastori. Huelva también tiene su soniquete, pero lo que más suena por esa zona es el Fandango, proveniente de Huelva, existen diversas variedades, ya que cada pueblo tiene su peculiar Fandango. Recordemos al Cabrero, sus cantes reivindican una Andalucía de señoritos y despojada de sus tierras, pero éste es de un pueblo sevillano. Aunque sí nos desplazamos al norte de España tenemos la Capital, un cantaor como Arcángel (Huelva) o Potito (Sevilla) provenientes de Andalucía han hecho grandes cosas en la Capital que sigue siendo la verdadera fuente del folclore de España y su quinta esencia en cualquier expresión española. Potito hizo una breve aparición en la película Pactar con el Diablo, con Al Pacino como coprotagonista. También tenemos en YouTube la famosa actuación de Miguel Poveda, catalán, de Badalona, pero famoso en toda España con su espectáculo llevado al gran Teatro Real. De tierras catalanas es Maite Martín. Pero sin irnos de Madrid tenemos que acordarnos de Diego el Cigala, y su gran disco Lágrimas Negras, junto con el pianista cubano Bebo Valdés. Pero si nos desplazamos a Cataluña tenemos un fenómeno ganadora de Grammys y protagonista de vídeos como lo es Rosalía, de Rosalía se ha dicho mucho y se seguirá diciendo. Unas palabras que la definen son innovación y talento,  precursora, y con fuerte personalidad propia. En Cataluña existen otros cantaores y tocaores, no sólo Maite, Miguel y Rosalía. Existe el excelente Cantaor Duquende, de Sabadell, y los hermanos Cañizares al toque, también está el peculiar y espectacular músico de culto Muchachito Bombo Infierno. Y si cruzamos el Mediterráneo tenemos a Concha Buika en Palma de Mallorca, producida por Javier Limón, productor de voces femeninas del panorama flamenco. Pero retomando el tema de Rosalía se debe considerar que es un hito, ya que ha internacionalizado el cante flamenco y haciéndolo Flamenco-Pop, está llenando estadios, ha actuado en el Primavera Sound, sus vídeos atestiguan su carácter innovador sin perder las raíces por antonomasia más flamencas. Ha actuado en Madrid, en CasaPatas, y ella es de un pueblito catalán llamado San Esteve de Sas Roviras, catalana de padre y madre, ya que se llama Rosalía Vila Tobella, y lo más importante, de ella se están diciendo cosas como que es una vieja cantando, dicho esto por Pepe Habichuela, guitarrista flamenco importantísimo en el panorama actual. Rememora su voz a Antonio Molina por esos requiebros y esas notas sostenidas salidas de su joven garganta, su voz recuerda a cantaores viejos, como la Niña de los Peines. Escuchen a Rosalía, una flamenca que puede ser artista pop y no dejar atrás su estilo flamenco. Escuchen sus personales temas La Hija de Juan Simón, Catalina, y el tema del maestro Morente transformado por ella Aunque era de Noche, pocas cantaoras se definen con esa personalísima voz y esa manera de hacer en un escenario. Sus conciertos con el guitarra/productor Raül Refree son excelentes, el guitarrista toca un flamenco con ritmos que recuerdan a los de la música electrónica, también ayuda a su peculiaridad flamenca esa personalísima manera de tocar, es un gran productor musical que ha producido también a Silvia Pérez Cruz, también catalana y una cantante de excepcional talento, un gran disco protagonizado por ambos es Granada, recomiendo la versión especial. Tampoco quería dejar en el tintero al Niño de Elche y su peculiar forma de hacer flamenco, él lo llama heterodoxo, para callar las bocas que lo sacan de la vertiente flamenca tradicional, tiene temas como El Comunista y Nadie que valen la pena echarles oído. También hay un cantante interesante dentro de las entretelas flamencas o que fusionan el flamenco, este músico es Miguel Campello Chatarrero, un cantante proveniente del grupo de flamenco-rock El Bicho. Ante todo escuchen a todos los grandes músicos aquí citados, pero sobre todo escuchen a Rosalía, vale la pena oírla. Tiene reminiscencias antiguas, sonidos conocidos, sonidos ya olvidados, es una expresión personalísima y el toque de la guitarra de Raül Refree no se define como un palo flamenco al que atribuirle una característica y/o etiqueta tradicional flamenca. A mí parecer creo que están haciendo un flamenco revolucionario.

Capplannetta oyendo Four women

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Estoy oyendo Four women de Nina Simone y como persona de raza blanca me deja un hálito de sentencia y tirón de orejas, con razón de veras, tan solo por el hecho de ser “caucásico” de raza blanca, aunque no creo de ser de pura raza, creo tener en mis carnes más mezclas que un cocktail mixturado con el dios de la media noche. Yo no nací en tiempos de esclavitud, la esclavitud de hoy en día es diferente (no quiero taladrar con la repetida canción donde van todos los taladros a agujerear la misma cosa irremediable), pero el tema emociona y hace justicia aún en los tiempos que corren, aún no sabiendo mucho inglés (como es mi caso), una composición poética o musical, incluso si es un cuadro, cuando es puro/a marca una raya en el agua, como diría el poeta. Cuando tenemos delante a la razón desnuda soplándote en la oreja no hay simulacro alguno de escapismo hacia el misterioso lugar o de fuga preferiblemente hacia atrás, es como cuando estamos ante la obra de arte por antonomasia la verdad se hace espejo de un certero “entonces era eso”, y sólo nos queda mandarlo a fundir en un metal noble y hacerlo testimonio de esa verdad inamovible, de esa verdad tajante, de esa verdad sentenciadora. Hay muchísimos músicos que nos enseñan esas verdades, esas grandes verdades que viven en la tierra con nosotros, que viven bajo el reloj de mármol tatuado en la ciudad del mundo. Es inevitable caer en el subyugador momento de emoción ante una obra de arte que nos mueve las entretelas de las entrañas, nos las remueve y nos las hace evidencia pura de toda realidad que sabíamos estaba ahí y es en ese momento cuando se hace brote amanecido ahí ante el sol de la vida, en ese fragmento de suspiro tembloroso y tiembla junto a nuestro corazón para decirnos que es verdad, que vive a la par con él.