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Capplannetta atado

Franco antes de morir dijo que lo tenía todo bien atado. Supongo que se refería al rey campechano. Pero lo que más me importa, lo precario de mi vida, tal y como está planteada la vida para los trabajadores, están atados pero bien atados. Que si la hipoteca, los préstamos personales, y todo este mamoneo de puertas giratorias y la clase política que se hace millonaria. Atado, y bien atado estoy yo. Para colmo de males utilizan mi nombre y mi teléfono para pedir préstamos y dejar deudas por donde quiera que van. La persona que utiliza mis datos no sabe o se hace la sueca pero no sabe quizá que puedo denunciarla por utilizar mis datos personales. Luego está el tema de los bancos. Me tienen asfixiado. Se debe tener mucho cuidado con esta panda de delincuentes. Comprendo que la clase trabajadora es la más perjudicada en este embrollo. Hubo un tiempo que tuve dinero, y eso fue cuando trabajaba en la Unidad Hermética. Ahora vivo con la ayuda de mis padres y un amigo, que siempre está dispuesto a darme su ayuda. Pero es un tema peliagudo todo lo que ha subido llenar el carrito.

Capplannetta loco

Al mundo le importa poco que cada cual con su manera y su naturaleza se vuelvan locos. Porque el que está loco es el que hace más énfasis en la belleza creativa. Al parecer un loco es alguien que sueña despierto, un loco crea castillos en el aire sin pretenderlo. La razón es para hombres selectos. La locura es borrar para volver a reaprenderlo. Porque ¿qué es si no una otra manera de vivir? Ya no hay sanitarios como los de antes. Nietzsche murió de megalomanía. Paul Celan se tiró al Sena. Hemingway se pegó un tiro. Reinaldo Arenas tomó barbitúricos. No es mi deseo enumerar cuántos hay. Un loco tiene una cosa que no tiene el cuerdo, y es la melancomedia. Un loco es un hombre solo. Las mujeres le temen, la familia se cansa, y los amigos se alejan. No hay nadie que en conexión con la tierra, el sol y la luna haya perdido la batalla del amor. Un loco debe protegerse de tres ámbitos que lo juzgan. Uno es otro loco, después se ríe el ignorante, y en último lugar las personas tóxicas. Un lugar frecuente morada para los locos es la soledad seca.

Capplannetta y las guerras

No adelanto acontecimientos agazapados entre estas palabras de hueso y tierra. No soy yo el descubridor de lo que traen las guerras. No he vivido ninguna pero sé que las guerras traen una plaga de piojos que avanza como un ejército traidor. Las guerras traen el hambre, y dentro del hambre, la miseria, la carencia, la necesidad, la explotación y la precariedad con la que los dueños de todo amasijan el oro en los dientes de los muertos. Porque una guerra es muerte, paludismo, tuberculosis, sífilis, y hambre otra vez, y miseria por doquier. No pidas fiado pero el hambre te incita a pedir de rodillas fiado. Las guerras traen mugre antes, entreguerras y en la posguerra. Ay, la posguerra. Cartillas de racionamiento. Ricos del estraperlo. Mucha hambre, mucha mugre, y muchas ganas de estar vivo, pero ¿para qué vivir en medio de tanta inmundicia? De tanta infamia. De tanto chusquero que se acuesta con derecho de pernada con muchachas ojerosas y con hambre. Porque una guerra trae piojos, sí, pero trae ratas, escombros, peligrosos bombardeos, envenenadas aguas con veneno que coagula al escorbuto, a la peste negra, a ricos de la flema y asco de propina.

Capplannetta verdinegro

Poemario Verdinegro es el título de mi reciente trabajo que voy a publicar, por supuesto, en Ediciones Vitruvio. Estamos a primero de mayo, día de las madres en España y el día del trabajador internacionalmente. El poemario que voy a publicar es de versos libres, y en él he puesto todo el empeño por resumir en pocas palabras partes de un submundo. Lo he llamado verdinegro porque es verde como la clorofila, como la esperanza, como la verde juventud y la verde vejez. Y negro, porque lo negro es bello. Negras son las panteras, los mirlos, la noche, y el número cuatro en la ruleta es negro. Negra es Nina Simone y negros son los ojos de las muchachas de Julio Romero de Torres. El poemario va dedicado a Juliana Mbengono, que ha escrito un prólogo precioso que incluyo en el poemario. Ella es verdinegra, verde, de verdad primera, como la primavera, y negra, porque es su color de piel. Gracias a Pablo me encuentro como un niño con zapatos nuevos. Miraré de presentarlo en un lugar que no puedo nombrar ahora. Ya lo sabrán con tiempo. Espero que acuda gente y que tengan ganas de leer un poemario que se lee de una sentada. No quiero adelantarles nada, prefiero ir sobre la marcha. No es que me haga de rogar, es que ni yo mismo sé el curso que van a llevar las cosas. Gracias a Juan A. Herdi, a Pablo Méndez, y a mis padres, ellos siempre están ahí. Quiero abrir la publicación con este post que es un preámbulo hacia no sé qué futuro me llevará. Lo importante es que tengo ilusión y me gustaría que tuviera una excelente aceptación. Hay poemas en prosa y otros en verso, pero aquí uso rimas en algún poema.