Capplannetta sin remedio

Sin remedio tengo que ser Capplannetta, mi cerebro está fermentando. Mis ilusiones van a soterrado. Estoy enfermo de melancolía. Sin embargo, todavía no pierdo la esperanza. Estoy con ganas de todo aparentando nada. Mi cerebro es un ejemplar de la vida de vértigo y desasosiego. Si me preguntaran que debo hacer para remediar este asunto, yo les constestaría: —nacer de nuevo. No, no tengo remedio. No sé si ponerme a dieta u ocupar el giro de los relojes de imitación. No soy orgulloso, tampoco un bocazas. Escribo en negro sobre blanco la calamidad con mis defectos. Un día, cualquier día, me costará vivir en este mundo tan repleto de intereses. Cuando vaya al psiquiatra le diré pormenorizadamente la asociación de ideas que me llevan al abismo y las digo sin tener vergüenza del ridículo. Todavía no soy consciente de muchas cosas. Pero tarde o temprano dejaré mi cárcel elegida. Algún día Capplannetta, algún día, sacarás la bilis y los pensamientos podridos y volverás a ser tú. Ahora estoy en cuarentena. En un repaso que depende de los demás. Escribo porque me conozco y lo demuestro, no hay que demostrar nada, pero existen muchos que no ven más allá de sus narices. A mis amigos los conozco bien.

Capplannetta y los nuevos tiempos

Existe en este nuevo mundo que estamos creando una especie de desencanto en las uniones de pareja, sean éstas la sexualidad que prefieran. Entre el vicio, la promiscuidad, y otros aspectos como el desamor, las parejas separadas y con hijos, parejas que acaban mal algunas, tienen los días o los años contados. Ya no existe el “amor”conservador donde la mujer era sumisa al marido y éste resultaba ser un putero. Ahora cuando se acaba el amor cada uno por su sitio y se acabó. Salvo relaciones y aspectos machistas como el arquetipo del “macho alfa”. Culpable muchas veces de delitos de sangre en contra de sus parejas. Suelen decir: —Si no eres para mí no serás para nadie. Tienen mucho sentido de la propiedad privada. A veces son ellas las despechadas y las egoístas, que guardan una manera de amar en sus cabezas un tanto peculiar. Se puede ser posesivo, pero todo tiene un límite. El sentido de propiedad da lugar a escarnios y discusiones por tonterías muchas veces. Nadie pertenece a nadie, vive y deja vivir. Es una manera de ser o de tener conmiseración hacia la pareja o la compañía. Eso es.

Capplannetta en el subsuelo

Podría decir que por enésima vez he tocado fondo. Nadie me puede ayudar y tengo que apañármelas solo. Mis padres son mi divino tesoro. No entiendo esa gente que opina que para ser artista se debe cortar el cordón umbilical. Dependo tanto de mis padres que los adoro y son la única certeza que me da la vida de que no me fallarán. Tengo mucho miedo de perderlos. Pero cambiando de tercio.

Tocar fondo no es fácil para nadie. Y yo he tocado un fondo en el mismísimo subsuelo. De un tiempo hasta aquí mi vida ha sido una lucha con respecto a mi salud mental. Nadie puede entenderme, me veo solo, y no llegaré a tener pareja nunca. Existen otras maneras de hacer sexo, pero es caro. Además tengo demasiados inconvenientes en torno a mi economía. Estoy a un paso de la locura. Ya no busco novia, ninguna mujer se va a ir con un tipo como yo. No les guardo rencor, ni pretendo hacerme la víctima, pero la vida en pareja es compartir, luchar unidos, y luego vienen los deleites del amor correspondido. Tengo que admitirlo, nadie quiere tenerme como socio en este asunto de las salidas nocturnas. Mis miedos, mis despertares, mis desengaños vienen como paquete adicional a mi vida en el subsuelo.

Digamos que la vida me ha gastado una broma macabra que tengo que afrontar viviendo de recuerdos y nostalgias. En este mundo hay gente tan sumamente ignorante que no encontrarían ni la punta de un alfiler. La gente sensible y vulnerable es la gente buena, la verdadera. Antes no tenía miedo a nada, y ahora el miedo me tiene agarrado por los huevos. Esto es así. Ni más ni menos. Quiero paz, segregar endorfinas, y sobre todo, mis padres felices.

Capplannetta and the sweet love

Comprendo tus miedos y tus pesadillas. Tus despertares llorando y tus decepciones. Cuando pones el primer clavel ya no hay pared para la noche señalada. Cuando tengas los tres suplicarás una inmensa fantasía. Contemplarás resplandores, pájaros que vuelan en la pensativa égloga ancestral, pues no hay más verdad que la desnudez en la ventana soleada de esta cosa ambigua. Hay quienes con flores amarían y hay quienes tienen el agua cerca y se mueren de sed. Yo tengo soledad, pero no me arrepiento de estar solo, si eso conlleva las muchísimas flores que dan sentido a la vida y para algunos es la esperanza renovada. Comprobé con el tiempo que las flores de los siete climas eran una bendición, y también sombras de la nada, porque me hice poeta, no sé si bueno o malo, pero tengo y tuve la alegría de conocer y de ser el hijo de mi padre y de mi madre. Me dieron paz, amor y Libertad. La naturaleza de los hombres, tan simple y a la vez complicada. Pero el amor al saber querer a muchos les basta. No todo es bonito y maravilloso. Las oscuras flores de duelo son una llaga inútil que se diluye entre sueño y tiempo. La naturaleza es una bendición para algunos, cuando suenan las fuentes de cristal, por amor al mundo provienen las nostalgias y las verdaderas fragancias de los jardines en primavera. Un momento de armonía vale por cualquier rezo y es un enorme aleluya. Cruzar el umbral de la noche es decir que sí en el inmenso orgullo que es ser un hombre completo. Las canciones todas hablan de ti. De tu sacrificio, y contienen un hermoso canto que hace soñar a los verdaderos hombres, hombres que fueron niños y la vida les enseña que el tiempo no tiene porqué ser locura.

Capplannetta y la intimidad

La intimidad es un tren que se me escapa o el mismo tren del que me tengo que tirar en marcha. Inútil es escaparse de la gran verdad de la tierra. Cuando los amigos se van me dejan arrinconado en este, mi hogar. La intimidad es necesaria para hombres y mujeres. La intimidad es un valor en alza. ¿Estamos solos de aburrimiento? Pues detrás de las cortinas, detrás de las paredes hay una especie de intimidad a la que hay que acostumbrarse, como la soledad, o como el descanso a salto de mata. Intimidad es la linde entre Libertad y desnudez. Hay un misterio en aquello que no se conoce. La intimidad de los zoológicos, de los parques temáticos, la intimidad tras un biombo, la intimidad y el pensamiento oscuro son parte del mismo racimo de prolegómenos de naturalezas de gentes libres. Un hombre o una mujer, no juegan al mismo naipe de intimidad. Las casas y los apartamentos de cristal están repletos de ojos que anticipan la eterna prisión del que no puede olvidar. En este mundo de locos y libres hay pisos patera sin intimidad. Aunque el apartamento te descubra la eterna paz y el equilibrio momentáneo. Se es libre cuando eres un niño, pero la adolescencia es el desarrollo a la madurez que en el vecindario se hace televisión ambiental y radio que podrían mimetizarse en una razón de vértigos. Tenemos intimidad porque hemos nacido inocentes. La verdad, si es que existe en este mundo, es ficcionar el sentido y lo que no te vuelve loco te hace vulnerable. A veces es notorio sentirse observado ante tanto misterio y vínculos con la alegría. Mi consejo es que en compañía en intimidad ames e intenta ser alegre. No te abandones a la fantasía de los locos pensamientos. Tal vez habría que preguntarse ¿es necesario tener un cuarto propio? La habitación es un lugar donde se duerme, pero también es un lugar de vida gozosa. Laberintos y abismos, naufragios y fermentación, soledad ignorante y un grande letargo para el que paz suplica. Todos queremos ser libres, pero hay muchas maneras de ser libres. La crudeza de la vida es difícil para casi todos. Ahorrar en banca rota, cosa imposible, pero en la intimidad existe un No rotundo que dan los banqueros cuando ven tu intimidad económica. Intimidad, es una distopía que difiere entre ambos mundos.

Capplannetta y el rompecabezas

Tengo la seguridad de que no voy a conseguir completar este rompecabezas. Dicen unos, el miedo es libre, otros dicen, el pensamiento es libre, libertad de prensa, vivimos en un país libre, libertad de expresión. Y yo no creo que eso sea cierto. Conseguir completar este rompecabezas me va a costar romperme el alma. Es más, ya la tengo rota. He visto a la muerte a dos pasos de mí. Todo forma parte de un desorden galáctico. El universo es un caos, al igual que mi pensamiento. Igual que mi desordenada estela que parece un galimatías lunar. Un rompecabezas es una manera más de pasar el rato. Lo que me extraña es que ese rato componga la visión real de un paisaje, de un monumento, de una maravilla del mundo. Me dices, yo no soy como tú. Dices que la gente como yo hace hablar a los mudos. Bienvenido sea. Pero yo, que soy libre aunque me encierre y esconda, aunque componga piezas de ese rompecabezas, ¿libre? ¿Libre de qué? El sacrificio más importante se hace, no ya por amor a Dios, sino que el amor de Dios es dar la vida por un amigo. Ser fiel a un amigo conlleva a la verdadera pureza de los mártires del desengaño. Yo ya no creo en los rompecabezas de cartón piedra. Yo creo en los rompecabezas que provienen del amor y la armonía en pleno estado de simbiosis. Puede parecer macabro, pero me han gastado una broma y se han reído todos menos yo. Hay miedo libre, pero el peor miedo es a uno mismo. Cuando al fin te has roto la cabeza y ya nadie quiere saber de tu existencia, y cuando las cosas contemplan no es recíproco. Porque los ciegos no conocen, son extrañas criaturas.

Capplannetta y el momento Justo

Ahora, solamente ahora, he sido un sol amarillo y he sido limón de cera. Me buscas, aquí me tienes. Lo nuestro es un amor imposible. Yo trafico con el tratar sin conciencia, tú eres un sueño anfibio de melancolía. Estoy contento con mi propia luna en su silencio. Un día de estos, daré un paso adelante. Nos queremos el uno al otro, pero no podemos ni hablarnos. En la frontera de los besos sin pintalabios encontré tu saliva y me sentí químicamente encajado. No quiero prometer, redundar, dar vueltas a la manzana. Pondré en su sitio todas las equivocaciones en un mapa mudo. Pero tú, inteligente y avispado, lucharás antes mejor por el equilibrio del comportamiento desde la razón y la lógica de los espejos. No quiero hacerte daño, quiero que goces de alegría, yo ahora estoy en un proceso kafkiano. He aprendido la lección práctica de estar solo. Tú no quieres que te roben el alma y yo he entregado mi inocencia para la amistad y el buen rollo. Mañana, más temprano que tarde, trataré de ser el que era. Me dejaré el pelito largo porque pelón no me has querido. En el simulacro de la noche azul verteré mis secretos tan desnudos.

Capplannetta y la curiosidad

Me ha dicho un algoritmo que necesito saber, indagar e inmiscuirme en la poesía. No me pregunto cómo sabe que me gusta la poesía porque eso lo saben los que me conocen, y el algoritmo me conoce demasiado. Me pregunto, ¿por qué sabe el algoritmo que escribo poesía? Y lo he descubierto, lo he adivinado. Lo sabe porque tengo curiosidad, y mi curiosidad me invita a entregarme a la inquietud. Un hombre sin inquietudes es un hombre insípido. La inquietud es la base de la curiosidad. Un animal inquieto que escribe poesía está predestinado a no ganar ni un euro. Los poemas nos enseñan a ponernos serios, a alegrarnos después de un trabajo bien hecho, y también sirven para acercarse a los demás poetas.

Según Sigmund Freud el hombre dedica la mayoría de pensamientos basándose en la sexualidad. La sexualidad contiene el ingrediente por antonomasia que tiene cualquier poeta, ya sea mujer y hombre. Escribo poesía porque busco la buena salud erótica. Mi poesía habla de amor, desamor y lo de entremedio. La sexualidad me inquieta. De ahí parte mi curiosidad por la poesía. La metáfora, la ironía, la sátira, y el cantar más bello parten desde la inquietud. El algoritmo me tiene calado. Conoce la música que me gusta, conoce mis aficiones, conoce mi persona. Los algoritmos escupen conocimiento y todo se basa en una fórmula matemática. Me gusta mostrarme de manera leve, aunque el algoritmo no conoce secretos que me llevaré a la tumba. Pienso que no estoy solo. Tengo familia y un algoritmo que me conoce bien. Un algoritmo es sin duda una ecuación que te desnuda y te busca entre consuelos y desconsuelos. Sabe que algo busco. Sabe por quienes tengo debilidades. Un algoritmo insinúa que soy poeta, lo sabe por experiencia.

Capplannetta y lo que importa

A veces, o casi siempre, lo que a ti tanto te importa, a la gente no le importa nada. Es la soledad perenne de la diversidad de perspectivas. Un buen consejo es digno del que lo ha vivido. Lo que te importa a ti puede condenarte al ostracismo, sin embargo, el pensamiento de la mayoría no tiene que ser muchas veces el que diga la verdad. La verdad la empiezas a conocer cuando tu verdad es otra distinta. Cuando entras en el juego de pretender tener razón, puedes verte abocado al hecho de ser contradictorio. Cuando entras en el difícil juego de tener tu propia opinión y correr el riesgo de que nadie te dé rédito. Importa tener amigos, aunque sean pocos o uno sólo. Importa no estar de parte de la borregada. Importa el cariño, el calor humano, y el amor que echa raíces. La locura es un fragmento en descomposición y mísero olvido de lo que has sido. Cuando te busca la sombra y te encuentra en el lugar de siempre, en la misma cita fiel como de costumbre, a la misma hora predestinada. El tiempo no nos maneja, nosotros manejamos nuestro momento. Y puedes caer en la monotonía o en el desamparo. Hay egoístas que huyen de los tristes. Evitan el cansado mundo de los que perdieron la batalla del vivir. Un hombre, una mujer, se abrazan, hacen sexo, puro sexo, y después de eso puede existir un ápice de amor, o un vacío que te tiene sujeto y no te quiere soltar. Esta vida es un azar como una ruleta. Todo da vueltas y están los grandes ganadores y están los eternos perdedores. Se juega para probar suerte, pero la suerte es un azar que ejecuta tus fieles sinsabores sin importancia.

Capplannetta y la efímera alegría

Puede ser que para muchos la alegría sea algo que tuvieron antaño, otros la tienen de manera intermitente, y otros puede que tengan la alegría perpetua. La alegría de vivir nos es otorgada cuando nos acercamos a la paz y la vida con plenitud. Siempre me digo que no debo esperar grandes cosas de la vida, que la alegría es efímera, que la ilusión de la vida es un momento, y que se debe tener un motivo por el que merezca la pena estar vivo. Yo he sido de niño muy feliz, de adolescente he querido vivir deprisa, y ahora, a una edad adulta tengo pocos motivos para estar alegre. Pero ahí sigo. Dándole a la batalla de la vida lo mejor de mí, algunos veces lo no tan bueno, y otras veces entro en un estado de incertidumbre que me gana el pulso y me convierto en díscolo pesimista. Nadie dijo que la vida fuese fácil, aunque para algunos se basa en lo material, en mi caso me complace intentar poner en orden este caos y esta maraña de pensamientos en negro sobre blanco. Hubo un tiempo que fui feliz de verdad pero, a decir verdad, vivía en otro lugar del que ya no pude volver. Y no es que eso me preocupe, ahora mi vida es otra, y confío en la nobleza de algunas personas. Mi deseo sería molestar lo menos posible. Y eso a veces es difícil. La verdad es que no recuerdo bien cuando mi vida dio un cambio. Pero lo que no soporto es la mala educación, la impertinencia, la prepotencia, la calumnia, y todo se aumenta en un gran etcétera que debe ser el motivo de que sea infeliz. Me he comido muchos sapos y culebras por no aguar la fiesta de mis seres queridos. Pero, aunque pocos, tengo buenos amigos que me soportan debido a mi naturaleza especial. Pero ahora me quiero mucho más que antes. Tengo dignidad y creo en la gratitud de las personas. Esto que digo puede parecer ingenuo, pero la vida me ha dado palos que me hicieron desconfiado. Ahora con mi mayor deseo, que es encontrar el equilibrio, huyo de la chabacanería, de los energúmenos, y de los que se alegran de lo malo que te pueda ocurrir. Las redes sociales son un asunto de ególatras y de personajes que creen tener la razón absoluta. Yo no opino, yo me estudio, me reflexiono.