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Viejo mundo-AYC

¡Por favor! Les pido silencio, les exijo silencio, cállense, ¿ha entrado todo el mundo ya? ¿Ha entrado ya todo el mundo? El treinta de abril comienza el sacrificio, la película hace tiempo empezó, yo soy el taquillero, el acomodador y el protagonista, ¿ha entrado ya todo el mundo? Hubo una vez que mis padres se despidieron de un ángel adolescente y ese ángel adolescente cuando lo volvieron a ver sus padres ya no era ángel, era fuente de escarnio. Era carne dispuesta para el sacrificio. ¿Ha entrado todo el mundo? Yo soy el taquillero, el acomodador y el único protagonista, ¿han contemplado alguna vez a un tren de pasajeros en la noche?  Cada ventana resulta un fotograma, y así veinticuatro por segundo, ¿Han podido visualizar la película ahora que el proyector no quema, no raya, no se le pegan cabellos, no hay porqué cambiar de rollo? El treinta de abril amaneció y en la noche le designaron con un sello de agua en la frente, caballos blanco y negro, del día y de la noche, van lejanos al encuentro al trote, y el resplandor del alba lleva un sueño de cobre con el que la guitarra piensa hacerse esclava del sonido. ¿De verdad han pasado todos ya? Que no se quede nadie fuera, da igual, yo soy el taquillero, el acomodador y el único protagonista, a la derecha encontrarán sus gafas de 3D, esto es un espectáculo, el show debe continuar, aunque yo sea el taquillero, el acomodador, y el único protagonista.

quiero volver a ser yo

Sombra de lo que fui (cristales rotos)

Anoche me puse a realizar mixturas y me salió una sin apenas premeditarla. El protagonista siempre era yo. Ahora y aquí os presento la mixtura que surgió, un puma y dos guacamayos a cada lado, y en medio una foto hecha en el año 2004. ¿Feliz? No recuerdo si todavía era feliz, si no lo era, o si lo estaba empezando a ser. Lo que sí sé es que todavía quiero volver a ser, cosa rara, pues hace tiempo perdí el apetito ciego e insaciable ante las utopías, lejanas utopías cada vez más lejos. Digamos que quiero ser una magnífica criatura. Quiero frecuentar los ámbitos donde no cruce mi prematura vejez, quisiera guarecerme en los confines aquellos por donde yo subía sin esfuerzo, me acompañaba en el mirar la mañana anfibia, y en el germen de la amistad junto a su brevedad momentánea me acompañaba una noche antigua, esto fue en aquella tarde en que quise ser gran verdad, por pago recibí un cuchillo estilete y un mapa, lo que no sabía mi pena solitaria que aquella noche yo mismo anunciara, aquella noche yo mismo anunciara que el agua de mi adolescente fuente se terminaba. Quiero volver a ser yo, tener la fuerza que tuve antaño, pero a mis padres ofrecerles la paz, pues se la merecen como quien merece palabra, palabra, sólo tengo que ofrecer palabra, para volver a ser yo, cruzando el río a raya. Y guarecerme entre la palabra que tanto calla. Ofrecerles a mis padres mi consagrado sol de antaño, desnudo y patético como quien lo desnuda una caterva de demonios risueños, sonrientes y perturbados, y con el asco junto a ellos como una sombra que grita y pretende ser materia.

Capplannetta y el amor

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Se habla mucho sobre el amor, quizá sea éste uno de los sentimientos que vamos conociendo de poco a poco. En la niñez el amor es inocente, en la adolescencia es puro, y en la madurez te das cuenta que no existe amor si no eres realmente un compañero, hay que comprender a la mujer, hay que cuidar de sus hijos que puede que sean también los tuyos, se debe respetar a la mujer que se ama. No es que encuentres en la mujer la felicidad, el amor es encajar una pieza en un puzzle, se comparte, se discute, se es más fuerte. Emil Cioran dijo que el amor se inventó para pasar así las tardes de domingo, yo creo que es algo más que eso. Enamorado tienes una idiotez que da hasta cierta envidia a todo aquel que no la tiene. Te sientes más seguro, con ganas de hacer lo imposible, con ganas de luchar por tu pareja. Las canciones de amor son lametones de perro en las heridas cuando éste desaparece. Por eso creo que el amor es tan bonito y todo el mundo quiere una parte del pastel. Cuando se sufre por amor el mejor consuelo es ponerte en tu sitio, ser lo que uno es en todo momento. Se puede tener un idilio de amor dentro del espacio de si éste es una simple aventura pasajera, o tal vez sea un largo matrimonio plagado éste de detalles de naturaleza amorosa, es como un juego de ambos que comparten un sentimiento común. Amar es compartir, entender y dar y recibir.

Capplannetta desde su confinamiento

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Afuera llueve pero cuando la acera está seca la ciudad es un fantasma. Calles desiertas se empeñan en no soportarnos el escupitajo, las aves median entre las calles y el cielo. Le pido a Dios que no me empañe la paz  y que a los míos les proteja de este bicho traicionero. Tengo planes de futuro: viajar a Chile, ver galaxias en las páginas de un buen libro, comer porras con chocolate hasta embarrarme la cara; no existe refugio en ningún corazón de estas calles vacías que corazones no ve, insiste en no verse engalanada de personajes que preparan verbenas y gozan de silencios estridentes y cloroformos desde desmayos ocasionales en las plazas públicas, rincones éstos, donde ni los gatos se oyen gemir tras escocer a una gata, ni se ven a las pelusas en remolinos de vientos superfluos, guerra de clorofila en las coronas de hierbabuena para coronados héroes de la sanidad, carruseles de auroras desde soles noveles que sienten vergüenza porque su perro no les conoce todavía, suspenso en la metáfora de espejos frente a frente. Cuando termine esta pandemia iré a casa de mis padres a comerme un arroz con conejo, que me perdone Roger Rabbit, incluso Bugs Bunny, y los conejitos de Pascua. Estas calles desiertas son un mar de silencio, salvo que no pase algún conductor con su coche solitario en este mar ambiguo de paseos con mascota y sombrero Panamá, y gente sola que va a comprar productos de primera necesidad, no se tercia la verdad de la vida en lo que se conoce como el ruido del trasiego, no se escuchan los mundialitos de los chavales rompiendo zapatillas deportivas y revolcándose en breves campitos de césped. No se siente el GOL sostenido de los niños con los brazos en alto y el choque de manos, pues ya no se juega en equipo por un tiempo, ya sea corto o largo, tampoco el ruido del columpio hará acto de presencia, no se sienten los árboles mover sus ramas ni con el viento, la calle es un desierto, llueva finamente o con calor primaveral. Inventémonos patrones del sueño para cuando acabe la cuarentena. Si no daremos positivo y ya no podremos ver las estrellas rodeados de virus e infectados despojos que se exhiben entre tanta reclusión de cartulina.

Capplannetta testigo de Capplannetta

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Hablo muchas veces de mí porque lo tengo cerca, lo tengo en el punto de mira, soy testigo de mis defectos y también de mis virtudes. Hablar mal de los demás es algo que está mal. Se contempla la poesía autobiográfica como fácil, como si el escritor de su vida perdiera todo atisbo de pudor, lo atribuyen al exhibicionismo, lo comparan con la vanidad de éste o aquel escritor. Los escritores recomiendan no hablar ni utilizar la vida privada de cada cual para sacarse así del bolsillo una historia. Pero yo, y no me gustan las comparaciones gratuitas, rehúyo del que escribe sobre los demás, lo veo indiscreto, carroñero, carentes de empatía para con los demás. A veces es como usar una “cabeza de turco” al uso. Hablar de mí es hablar de mi experiencia, he escrito muchas veces sobre los demás, y lo he hecho desde la perspectiva del elogio, nunca para desacreditar, tanto ni en tono de burla, como ni con animadversión. La imaginación se debe enriquecer con ficción, una cosa lleva a la otra, pero cuando se escribe sobre el tropiezo o desventura de otro ser humano, es mejor tener cuidado con lo que se dice, ya que, honestamente, resulta algo putrefacto, pestilente, de muy mal gusto, y denota cierta dosis de resentimiento. Yo prefiero escribir desde mi experiencia (repito) y nadie tiene derecho a decirle a otro lo que tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer. Mientras éste escritor no se meta con nadie para herirle o causarle algún daño podemos decir que lo escrito sí valió la pena, y demuestras así cierta sensibilidad, mientras que si hablas mal de otra persona el actor en ciernes desprende cierto tufo que lo cataloga moralmente como no apto para ser persona respetable.

Capplannetta y la película preferida

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Se pueden seguir varios criterios para catalogar una película como la mejor película que hayas visto jamás. Los hay de muchos criterios, que nos hable bien la crítica, que sea premiada en un importante festival de cine, también si te han hablado muy bien de ella y han dado en el clavo recomendándola. Pero a mi parecer, el mejor criterio que puedes tener es tu propio ojo crítico cuando estás viendo una película y no quieres que se acabe, es parecido a cuando estás soñando algo alucinante y te despiertan y te resistes, pero no, tienes que levantarte, ya sea para trabajar o para sacar el perro a pasear, pero no quieres que se acabe tu sueño alucinante. O también vale ese tipo de películas que las recuerdas por algún detalle, o quizá repitas una frase que te gustó con alguien que sabes que no la ha visto, repites la frase como un Don Quijote postmoderno a lomos de Rocinante. Podría ser una buena novela y un buen remake de la obra de Cervantes, un remake en la postmodernidad tardía. En lugar de estar loco por las novelas de caballerías, estar loco por los personajes épicos del cine, incluyendo superhéroes y demás filantropía. También vale para mujeres, aquí no hay diferencias. Un buen cine es el que no quieres que se acabe y lo tomas y retomas varias veces, y el que te deja una huella. Por eso nos gusta el cine, por ello debe ser una industria, aquí en Europa hay muy buen cine, también en Latinoamérica, bueno, en todo el mundo, no sólo existe Hollywood, también existe Bollywood, y el cine árabe, japonés, iraní, chino, y africano, ya digo, en todas partes. Porque el cine es sueño y los sueños cine son, como bien decía Eduardo Aute en su canción. Vean cine, lo recomiendo.

Capplannetta y los demasiados libros

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Gabriel Zaid nos recuerda en su gran obra de ensayo Los demasiados libros que se publican más libros de los que cada persona pueda leer a lo largo de sus vidas. Y tiene razón. Se publican muchos libros, por eso el título, es obvio. Entre tanta obra que se publica habría que valorar si cada libro que se adquiere, ya sea en e-book o en formato papel impreso, si éstos libros merecen ser publicados. En eso tiene mucho de qué hablar la autopublicación, o la coedicición, incluso la de las grandes editoriales, ya que lo que buscan todas es vender libros, aunque éstos tengan una función de objeto y simplemente sirvan para acomodar las patas de una mesa. Se han dado casos de obras con merecimiento de ser publicadas y no lo han sido en vida del autor, hablo de escritores como Miguel de Cervantes Saavedra, John Kennedy Toole, Andrés Caicedo y un largo etcétera de ellos. También existe el mismo caso pero a la inversa, libros que no tienen ninguna relevancia han sido publicados, incluso llevados éstos a alturas como best sellers, eso sí, con una gran promoción tras de sí, y mucho dinero invertido en publicidad, promoción y cenáculos con ostentosas presentaciones y reseñas de muy buena pluma. Estamos entrando en un tiempo difícil para la cultura. Además de que ésta resulta cara estamos siendo testigos del gran monopolio que gira en torno a la cultura, no siempre con aciertos a la hora de hacer caja, como obras que merezcan la pena su lectura. Digamos que todo se está banalizando, y hay demasiado joven que quiere ser escritor, y además, ver sus obras publicadas, es por eso que hay mucha “carroña” en el mundo literario. Mucho buscavidas que trata de engatusar al autor novel con cantos de sirena y aprovecharse así de la inocencia de los escritores que empiezan. Roberto Bolaño decía que se puede aprender mucho de los escritores malos, ya que eran unos discretos correctores de estilo sin ellos ni saberlo. Por eso es bueno leer a escritores desconocidos, porque sí a lo mejor el editor no ha visto en éste una gran obra por conocer puede que un lector sí sea capaz de verla. Lo que es infumable es el editor que te publica sin haberte leído, y más aún, que critique tu obra sin haber leído ni la primera línea del comienzo. Aunque también existe el caso contrario, conseguir una crítica aceptable desde un escritor muy leído, es agradable. Aunque al igual que existen los escritores buenos y los malos, también es un mundillo plagado de ambiciosos, como también los hay que creen que van a perdurar, como también existe y existirá mucha envidia, en fin, es un mundo truculento el de los escritores y también poetas. Todos son merecedores del infierno del Bosco, o de Dante. No, es una broma, son benditos.

Capplannetta recuerda, siempre recuerda

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Recuerda, siempre recuerda, que tú te consuelas dentro de la cáscara del olvido, que con tu memoria de pez olvidas el oprobio y te resarces, te escurres como un caucho enjabonado, y sales airoso sacudiéndote de ideas suicidas y sequías existenciales, bien por ti. Recuerda, siempre recuerda, que los hijos del monte de Venus; que los mozos que con flores amarían llevan la parsimonia de la que viven los agobios y todo transcurre en un trasfondo infinito, tú te olvidas, ellos no tienen esa suerte, es una repetida náusea la que les persigue, aún así sobreviven a los mil tropiezos, su virtud se tiñe de optimismo. Recuerda, siempre recuerda, que callan lo que saben y saben lo que es necesario silenciar, y a cada cual lo suyo, comprenden más de ti que tú de ellos, esto no es un redundante caminar por la comparación, es una justicia que quiero hacerles porque somos unos seres desprovistos de endorfinas y buscamos la paz de los días de sol, recuerda, siempre recuerda, que en este mundo nadie es mejor ni peor que nadie, y que lo que nos separa allá en el horizonte se une y se abraza, Recuerda.

Capplannetta y su bitácora de mares tranquilos

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Soñar por soñar con un mundo escrito, un mundo que asoma desde el interior, una mirada fija al abismo, una carcajada sin sombra. Siempre quise tener un diario de abordo, una bitácora de mares tranquilos, un lugar donde abrirme pues estos xx no son mis ojos. Para ser una persona como yo hace falta algo más que haber nacido para el sacrificio. Hace falta inventar vuelos de halcón y mecerse en la luna mientras aúllan los lobos. Hace falta haber navegado por extramuros largas temporadas con tempestades y marejadas donde fácil es naufragar. Mar de soliloquios, mar de palabras, venga, no seas mal pensado ya que el pasado no volverá, y si piensa volver, que sepa que me rompieron la guitarra y ya no hay más apetito en ir de mano en mano, ya soy otra persona, prefiero soñar por soñar que ir en busca de un sueño imposible. Por un lado me desolan los pececillos de plata, son criaturas que se esconden llevando en su trasero tenazas,  y cuando quiero ser solamente canción me contagio de escorbuto y dejo mis páginas que se las lleve el agua, yo soy un batiburrillo de fragancias que provienen desde nostalgias comunes. Soy la mezcla de vainilla y crema de chantillí, soy la rota plegaria que nunca se rezó.

Capplannetta y los lapsus verbales

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Ayer, sin ir más lejos, me ocurrió una cosa que ya me ha ocurrido otras veces, aunque ésta vez fue con mi amigo Juan A. Herdi. Estuvimos hablando a lo mejor una hora y algo más, ya que Juan A. tiene una conversación siempre o casi siempre interesante, y le estaba contando episodios de mi etapa de cantaor flamenco y las frases, al menos cuenta me di, eran un desastre por completo. En la conversación lo mezclaba todo como si quisiera decirlo todo de una vez, y me convertí en un parlanchín patoso que, entre sus lapsus verbales y lo nervioso que me pone hablar por teléfono, no daba pie con bola y me hice un lío, no creo que Juan A. se riera de mí en absoluto, pero yo sí sentí vergüenza de lo mal que me expresaba. El asunto es que a veces me ocurre que quiero decir cosas y acabo diciendo otras. Dicen que esto es debido a que cuando tratas de utilizar un lenguaje enrevesado cometes más errores que cuando hablas como tú eres, aunque con soltura, pero mi dilema no es ese, mi dilema proviene de que como tengo acento sureño trato de mejorarlo siseando y con esta intención, que es normal, como la de querer que se le entienda a uno, entonces me convierto en un conversador patoso y torpe, porque para nada soy un gran conversador, digamos que mi vocabulario parte de la palabra escrita, tampoco suelo ser muy elocuente hablando, en realidad hablo muy mal, puedo parecer un hombre sencillo, o un hombre del extrarradio, así que es tontería que trate de fingir quien en realidad no soy metiéndome en galimatías verborreicos. Mi pasado habla más de mí presente que, aquello del presente que trate (irremediablemente) de fingir un futuro, por el que ya es muy poco probable que cambie de naturaleza verbal. Empecé a interesarme por la cultura hace bien poco, y no soy un gran lector (debo admitir) pero estoy empezando a serlo. Ante todo soy honesto. He tenido un pasado del cual me avergüenzo, aunque no me avergüenzo de lo que soy, pues Dios me puso en la Tierra no solamente porque en este mundo debe haber de todo. Puse remedio. Y nunca es tarde si la dicha es buena. Yo, aunque ya lo dijeran otros en su tiempo preciso, confieso que he vivido. He vivido vida, vida en todas sus vertientes, vida de la que intuyo cierta bendición divina, pues he tenido mucha suerte para acabar como he acabado, aunque ustedes no comprendan el porqué lo digo. Aunque no soy la sombra de lo que fui, pero sigo cantando la misma canción libertaria que libera a los hombres de su esclavitud. Me consuela pensar en eso, me consuela pensar que un día me puse a lomos de Rocinante y partí hacia la aventura y el nuevo despertar. Así como tantos otros literatos lo hicieron como Rimbaud, Baudelaire, Whitman, Yeats, Neruda y Virginia Woolf, confinados o viajeros vivieron una vida junto a la palabra, la escrita y la hablada. Se han dado casos como el de un experimento en la Universidad de California donde se estudió la manera de hablar de hombres junto al cuerpo desnudo de una mujer atractiva, y el resultado era apabullante, al parecer todos en general se entorpecían en un lapsus verbal que era del todo imposible que pudieran remediar. Y también creo que es preferible usar una forma de hablar sencilla y nada aparatosa, para que te entiendan todos sin excepción. Hablen bien, carajo, no cuesta ni una puta mierda.