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Reseña Literaria (Cecilio Olivero Muñoz)

Margarita y el maestro

Editorial Bubok publishing

Margarita Bokusu Mina

 

No cabría definir esta novela como autoficción. Lo que la definiría más bien sería su trazo realista-costumbrista. Es un texto que llama la atención por sus giros cronológicos y una actual aunque también fresca postmodernidad en sus narraciones. A veces es un relato, otras un monólogo a la búsqueda de diálogo con el público lector, otras veces resulta un diario en primera persona, y otras una composición y estructura epistolar.

 

A esta novela no le falta valentía, honestidad con el lector y a veces humor de muy sana inteligencia.  Mar-Garita, como se hace llamar, pudiera ser la Margarita del Fausto de Goethe o la Margarita mujer con la valentía de irse a Londres para acabar siendo una maestra moldeada por un maestro.

 

Digo maestro porque parece una foto fija del grupo Posturón al que ese es un nombre, que como tantos nombres de marcas, de tiendas, de restaurantes y ante todo personas, ella cambia como queriendo evitar la publicidad gratuita o el escarnio mercantil que pudiera tener si dijera sus nombres originales. Ya que ha brotado la palabra original, digamos que es una novela original por “anárquica dentro de un orden”, una imagen del pasado y del presente. Una crónica de una adolescente y una adulta con la crisis propia del estudiante universitario. Pero huelga decir que es una lectura fácil, sin artificios verbales, es amena por su simplicidad y aunque la cantidad de personajes que la frecuentan, ya sean animales y personas, incluso plantas, se puede dilucidar que es una persona (la autora) querida y repleta de amor y amistades; llegamos a la conclusión de que todos somos unos solitarios en potencia.

Amistades, desde familiares y seres queridos, o criaturas extrañas de esta época de fracasos y victorias al unísono. Es todo un conglomerado de historias con giros cronológicos (repito) pero lo que es más frecuente es la historia de una mujer independiente. A ratos la vemos entregada al amor de su vida, como también viajando sola a otras tierras. La autora y protagonista es una luchadora nata. Puede que parezca una excusa sin fundamento cuando ella dice de la novela que es Un copia-pega. Yo no lo veo así. O al menos no lo parece. Pasa desapercibida su prosa sencilla, a la vez que elocuente.

 

Lo único, y digo bien, lo único que no le hace justicia es el rigor en los mensajes de texto que, supongo, los ha escrito tal y como fueron escritos en su momento. Y que debido a las faltas ortográficas y a la unión de preposiciones, pronombres y nombres comunes y adjetivos y verbos resultan difíciles de leer. Debido también a la manera acostumbrada de Whatsappear, ya que debido al rigor un poco en la narrativa sencilla y repleta de simplicidad con la que nos acostumbra en toda la novela.

 

Es una novela sensible aunque no tenga un ápice de vuelos gallináceos, más bien se aparta elegantemente de la hipersensibilidad. Es la novela o crónica de una estudiante que entremezcla su vida con la de muchísimos amigos queridos y familiares.

 

Capplannetta ha visto al diablo

No sólo he visto a sus Satánicas Majestades (The Rolling Stones) también he visto al diablo en cada pelea, en cada despechada mujer, en delitos que cometí de joven, en las drogas y el alcohol, en los amigos muertos, en las calles, en los antros y tugurios de mala muerte. Incluso he visto miseria, pero donde vi a Dios fue en las personas más pobres y más vulnerables. Uno siempre vuelve a aquellos lugares donde amó la vida…como dice la canción. En Perú es el lugar donde he sido más feliz, y a la vez, el más desgraciado. Desde que murió la que era mi suegra todo me ha ido mal, me costó mi matrimonio, mi mujer dejó de quererme porque no estuve a la altura del funeral de la que fue mi suegra durante ocho años. Conocí a mi suegra antes que a mi propia exmujer, y no es que hiciera de Celestina. Fue porque vino a España a trabajar de interna. Cuidaba con mucha paciencia no a una anciana, sino a cuatro. Dos de las ancianas sobrevivieron a la pobre de mi suegrita, Zoila, Dios te tenga en su reino.

Pero también ha habido momentos duros en la vida, no sólo ese. He perdido buenos amigos, he luchado dejando para siempre la droga, que no es fácil. Y ahora estoy entre Pinto y Valdemoro, como se suele decir. Hace poco perdí a una amiga madrileña. Susi, —ya sé que tú no eras creyente, pero eso a Dios le da igual. Dios es bueno. Ahora cuando llega la oscuridad me acompañan las sombras y los demonios de antaño. Pero lograré sobrevivir. Quiero salir con ayuda de mi médico de este trance. He hablado mucho sobre ello. Ya basta. No quiero cansar a nadie. Ahora tengo amistades nuevas, y algunos tienen problemas y hace tiempo que no los veo, pero llegas a una edad que o te quedas majara o te espabilas. Yo me he espabilado, modestia a parte. Me bebí mi propia maldición y vi al demonio. Al demonio verdadero. El que llevan algunos hombres consigo. Ese demonio te hará atemorizarte, alienarte como persona y no está en el infierno, ya que va en coche oficial.

Algún día, o ahora, pueden comprar mi novela poética gonzo Cibernética esperanza en ED. Vitruvio. También en la Casa del Libro o en cualquier librería si la solicitan. Es un fragmento de mi vida junto a una conclusión no sé si certera. A los que quieran comprarla pueden hacerlo también aquí www.nuevoateneoonline.com y la tendrán en casa lo más pronto posible. Pero recuerden, la de Vitruvio es la buena, expongo la portada. Es que en 2019 la coedité en Avant Editorial, pero sólo tenía 200 páginas. La de ED. Vitruvio es más extensa, he quitado bisagras, he atornillado algunos errores y es casi perfecta. No se asusten. No van a ver al demonio, quizá el verdadero demonio fuese yo. Bueno, espero que se venda, y la valore el respetable público lector. Acepto críticas siempre constructivas.

Capplannetta, banca y usura

Los soliloquios de invierno son noches silenciosas que curan las heridas de los puteros, borrachos y esclavos del vicio. Ya no creo en el ciudadano mundano, ni en las tarjetas de gangrenadas infecciosas, ni en los bancos después de la pandemia. Empiezan fumando porros y terminan hipotecados. No hay compasión para los solitarios hombres de la agonía con tipos de interés. ¿Quienes son y por dónde vendrán los suspiros, la ansiedad y la desesperación? Por dónde va a ser, por la vía del hipócrita beso de mujeres que te doran la píldora donde la soledad se acomoda exhausta. Cuando pidas dinero a un banco no te olvides que los nombres se dicen sucios de patraña. Los números de teléfono se evaporan de llamadas perpetradas por la avaricia de los mediocres amantes del beneficio impío. Soy un poeta y nada más que eso. Pero las llamadas telefónicas, soberbias e impuestas ante las cuentas bancarias que tienen la mugre del suicidio moral de la baba del asco abusivo y en los perdigones de saliva que se estampan en los teléfonos móviles. Un poeta no tiene dinero. Porque está amarrado a las palabras. Siempre suplicando el auxilio de amigos buenos y la familia que te reprocha el aliento putrefacto de los hombres que poco les importa que ayunes mientras pagues. Te quitarán la demente idea de vivir felizmente. ¿La felicidad? Esa comida de domingo lentísimo que se repite aunque el dinero no se parece a los ajos. Soy una víctima del desasosiego, y aún tengo suerte, porque me persigno con la educación gallega de mis profesores de antaño. La nadería acuñada a la felicidad es una asquerosa plegaria que con amables palabras te muestran la puerta trasera. Siempre hay un loco que estafa a los dueños de la asfixia.

Elegía a Baldomero

Con ganas de casarse en febrero en San Valentín se retorció de ganas, así era Baldomero. Se fue en busca de una gitana una tarde de LSD acérrimo, y se fue con la misma locura intacta de que lo quisieran por entero, le sorprendió negación de su campana. Una paliza recibiste, momento pendenciero. Estaba claro que fiebres y malarias en tu inocencia tradujeron el significado de la voltereta al alba, se puso enfermo, muy enfermo, sudaba de frío, de calor tiritabas. Ser hoy gitano Baldomero no es suerte que a veces nos llama, como andar despacio y de puntillas, ser perdedor en la luz de la mañana trae contigo las manecillas del reloj de los hombres rana. Eras loco Adán, un bosque sin semillas, apareces cuando consigues pasta, Baldomero parece que solo te humillas, porque tu orgasmo es pura mojama, quisieras ser salvaje caballo pero eres un payo de esta plural España, no sabes manejar al incesante rayo, nadie se ofreció para tu mortaja. Mira como lloran las plañideras al ver tu cara en paz y en gracia. Eras un loco, sí, pero hay que agradecer otro esclavo desde rayas en los mapas destinado a fronteras y migrañas.

Capplannetta arrebatado

CAPPLANNETTA ARREBATADO

A veces un arrebato puede ser semilla de odio o de confusiones aparentemente innecesarias. Mis arrebatos me han llevado a entuertos de los que después he tenido que recular. La semilla del odio es peor que el rencor o la animadversión. La semilla del odio cosecha un fruto podrido donde la hostilidad y el maligno estado de venganza hace grietas en el silencio de los pobres. Tengo un amigo que escribió una vez a colación de la mala vida …y así a los pobres les pasan los años… y es tan certero este verso que lo recuerdo después de muchos años de publicación. Este amigo mío ha escrito un libro en catalán, con el que ha ganado un premio. Premio merecidísimo según me contaba su pareja. Al parecer lleva años trabajando en él de manera continua y sin descanso. El libro se llama Amor, una palabra que usamos normalmente y que buscamos como el calor en el invierno. Hacía años que no sabía nada de estos amigos. No diré sus nombres por ser discreto con ellos, ya que no buscan ningún tipo de fama. Me alegro que haya ganado el primer premio. Es un libro en catalán pero quién sabe si no hace alguna traducción, ya no en castellano, sino en cualquier otro idioma extranjero. Yo no he leído la novela, pero yo he sido traducido al inglés en Venezuela. El arrebato puede hacerte perder el sentido de la razón o el verdadero rumbo de la verdad perentoria y sin ningún atisbo de edulcorante que la empalague y sea como un jarabe dulzón que acaba por ser tan dulce que necesitas lo amargo de un cigarrillo o el remedio de un filete con sal gruesa de mar, o de un jamón salado no importa si no es cinco jotas. Por ejemplo, jamón de Teruel, que Teruel existe. O del mar eterno, que también es salado y yodado. Pero mi novela fue traducida pagando, aunque se venda en varios lugares de habla anglosajona. Ahora tengo un compromiso a parte de leer la novela de mi amigo, y es comprar un libro de Leopoldo Panero (padre) y comprar un libro interesantísimo. Circular 22 de Vicente Luis Mora. Todo en esta vida tiene un precio, y si debo pagar por estos tres libros que deseo quizá sea un trago amargo de bilis pero, carajo, vale la pena disfrutar de buenas lecturas. Con respecto a Leopoldo Panero (padre) tengo una deuda casi espiritual. Me han hablado de él y la película de El Desencanto no le hace justicia alguna. Yo no soy cristiano viejo, ni tampoco un poeta de éxito, pero me considero entre Luis Rosales y entre Leopoldo Panero como el curiosón aquel que se asoma a ver a sus padres hacer el amor. Yo nunca lo he hecho, pero me interesa Leopoldo Panero. Quizá más que Leopoldo María. Me da escalofríos cuando llama a su padre en la película “conejo”. Mejor conejo o liebre que loco y poeta con pose culturalista. Cosa que lo hacía incoherente. Es afán matando al padre.

18º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Capplannetta y la fiesta

Fiesta, fiesta, fiesta, Sábado, domingo y lunes. Feria febril. Feria sórdida. Los ponis dando vueltas como bueyes. La comparsa de vencedores se revela contra los vencidos. Son las fiestas en Sabadell. Y yo estoy tan lejos…. No me lo explico. Piensan que no me doy cuenta de las breves batallas que mantenemos a pesar de la fiesta. Fiesta major. Pregón, grallas y tambores, diablos y gigantes y capgrossos. Churros con chocolate. Patatas fritas. Mejunjes, brebajes, toxicidad. Una paloma vuela perdida en la tarde de la fiesta. Demasiado ruido para ella. Una cotorra argentina se quiere comer los huevos de la paloma. Fiesta, fiesta, fiesta. Que ya acaba el verano. Que los poetas son una mentira. Que los valientes provocan con sus dientes podridos. No hay virtud más grande que la de un hombre enfrentado a la verdad. A la gran verdad. A la verdad del silencio que no está vacío. Lo vacío es la fiesta. La feria, la juventud. La efímera juventud de los que viven a toda prisa. Que te ven desde esta tribuna. Me da igual, que me vean. Los mariquitas del sur cantan en las azoteas. José Antonio, José Antonio, que te han matado, al igual que a Federico. Un 18 de agosto seco. De 1936. Federico, Federico, derrama la fiesta toda. Que la sangre no coagule en los émbolos del diablo. Dios está pétreo y asustado. La fiesta es pura algarabía. Mamá, ¿me dejas ir a la fiesta? No, hijo mío. No vaya que te quiten los velos de piel opaca. Mamá, mamá, ¿qué son esos portazos? Son el viento huracanado. Daniel y soplándole a la Venus el viento del norte que es cierzo. En Palafrugell es tramontana. El viento siempre será viento aunque muchos nombres tenga. La luz, ¿qué será de la luz del sol? Vendrá un niño a buscarla y se la llevará al cielo de los parques. ¿Hay algo de peligro en las calles o en las plazas? No, no debe haber peligro. Para madres que custodian la sombra y el velo de piel opaca. La sombra se desliza por los oscuros barrancos. Una tregua de batallas venidas de tu nombre. Todavía hay escritores valientes y también cobardes. Fiesta, fiesta, más fiesta. Las chuchas son como presagios de lo que no ha de volver jamás. Hay escarnios de precisos que aprietan el gaznate. No hay abandonos en los expósitos.

Capplannetta de otro planeta

A veces he creído ser de otro mundo, de otro planeta. Aunque gracias a mis padres y hermanos (que siempre me trataron con respeto) no he perdido la cabeza como otros la pierden. Podría, ya que a veces me he creído distinto, decir que vengo del planeta Ganímedes y de un mundo llamado Raticulín. Pero no, tampoco quiero ser Napoleón, ni en el caso de la escritura, me he querido parecer a ningún escritor consagrado. Pero no. Todavía se puede hablar conmigo. Aunque muchos duden en hacerlo, pero eso es otra historia. Si fuese de verdad un loco saldría a la calle a gritar y que la gente se riera a carcajadas. Lo que sí existe en un ser con una enfermedad psíquica es mucha estigmatización. Desde que me quiero, ya que he tenido mis horas bajas, hago todo lo posible por ser yo mismo. Conozco mi nombre, y mucha gente lo conoce porque lo llevo tatuado con zumo de limón. Desde que quiero ser yo porque me quiero he tomado partido en crear, ya sea mala o buena, una poesía que escapara de lo clásico para poner la piedra filosofal (que nunca he encontrado) en los cimientos de mi casa. La gente que me contempla como un loco ven un envoltorio. Pero lo único que busco a mi edad es vivir en paz. Con Dios y con los hombres. He perdido a gente en el camino debido al estigma que no me abandona. Es una cruz que porteo por lo que la vida para mí no es y no ha sido nada fácil. Nunca he tratado de ir de poeta ni de intelectual, soy un chico de extrarradio. He vivido tan deprisa que le vi las orejas al lobo. Y casi me come, creánme. Pero no me he vuelto loco, a sabiendas lo raro que me han parecido algunas cosas que no diré, ya que entonces sí seré un loco, un loco y un irresponsable. No me preocupa demasiado lo que digan de mí, pero locos, sosias como yo, estamos ya predestinados y la gente espera de nosotros la evidencia. ¿Es coherente que me tachen de loco cuando sufro lo que siento, y si no sufro, intento ser lo màs amable que pueda? Ser amable no cuesta nada, y la gente lo agradece bastante. Con un poco de equilibrio puedes ser tú mismo. Que te digan loco es aberrante, es estigmatización, es intolerable.

Capplannetta el valiente

No me queda otra razón para seguir vivo que afrontar la vida cara a cara. El miedo que tengo no es a la gente, ni tampoco a los espacios abiertos. Mi miedo comienza desde las raíces de mis pensamientos. Me tengo miedo. Yo, que antes no temía nada ni a nadie, me he convertido en un ser medroso. No es culpa de nadie. He sido yo el que le ha visto la boca al lobo golpe a golpe. Yo he viajado tres o cuatro veces solo a Perú. Me fui al Festival Doctor Music dos años consecutivos y más solo que la una. He estado con gente a la que no conocía y me he comportado de manera extrovertida y alegre. Me fui a los San Fermines solo. Y he hecho trayectos en automóvil solo y drogado hasta las trancas. Pero ahora no salgo de casa. Gente que me conoce opina sobre mí que soy mi peor enemigo, y tienen razón. Me causo mis propias derrotas, mis cobardes fracasos, tan solo por el miedo que tengo a enfrentarme a según que cosas. Tengo que enfrentarme al miedo. No soy hombre de bares. Pues los dueños (algunos) de un bar defienden y dan la razón a todo aquel que gasta más dinero. Dejé hace tiempo de ir a bares. También evito según qué gente tóxica. La libertad, ¿dónde está esa mítica leyenda que está suscrita y que tan pocas veces sale de su concha como una perla? ¿Libres de qué? La libertad es una utopía que muchos saben que existe pero se encuentra o no se encuentra. Es una quimera. Se sabe que existe pero está mitificada. Las tres máximas francesas son igualdad, fraternidad y Libertad. Pero son palabras, hay mucho de contradictorio entre esas máximas. Pues hemos comprobado que son palabras huecas, vacías. Parecen una broma pesada.