Te quiero

Lima te quiero, te quiero mientras estás eternamente nublada, D. F. te quiero, mientras seas un monstruo horizontal que se hace inmenso como una bestia que se arrastra, te quiero Guayaquil, te quiero mientras seas la costa mórbida e injusta que no quiero que seas, te quiero Latino-América, te quiero por que eres mestiza, quizá como yo lo soy, aquí en la Madre Patria, te quiero con tus mitos en blanco y negro, te quiero con tu dejo de extranjera permanente, o SOS vos o SOS yo, te quiero América mestiza con tus indios ante el Mr. Qwerty, te quiero con tus brebajes en la sopa, con tu pelícano en el plato, con tus misioneros ciegos de Europa y tus conquistadores ciegos de ti, te quiero Cantinflas, te quiero Tres patines, te quiero Bola de Nieve, te quiero Chavo del 8, te quiero Mara Salvatrucha, te quiero injusta calavera de muerte, te quiero Gardel, te quiero Maradona, te quiero Ché, te quiero Fidel, te quiero Cienfuegos, te quiero Chabuca Granda, te quiero Zambo Cavero, te quiero Eva Ayllón, te quiero Galeano, te quiero Neruda, te quiero Parra Nicanor, te quiero José Watanabe, te quiero Zambra, te quiero Pelé, te quiero Cartola, te quiero América superficial, anodina e hipócrita, quiero a tu doble moral, a tu desdicha de 24 horas, te quiero en calzoncillos, te quiero panamericana, te quiero entre tus cloacas de cera, te quiero Porto Alegre, te quiero y te querré, por que tienes algo que es completamente mío.

URKO

URKO

 

Más grande que un monte,

me miras y te veo grande,

perro travieso y bonito,

tienes tu nariz húmeda,

tienes ganas de estar conmigo.

Pelo marrón, lomo azabache,

gris mezcla de apagada

aurora frecuente.

Más grande que un monte,

ojos de luna astuta,

claro tu bajo vientre,

fuego en tu morro de bizcochuelo;

huyes del humo

de mi cigarrillo encendido,

te tumbas al sol,

tu barriga es alba

abrumada de terciopelo.

Gimes y parece que hables,

mi lucero de canela,

mi compañero triste,

mi inquieto centinela,

gracioso heraldo que ladra,

mi faldero amigo de siempre,

mi abejilla caprichosa,

tu andar es andaluz por gracia,

dormilón incesante,

cántaro de mi sueño canino,

ládrale al mundo

con tu improvisada rabia,

ceniciento volátil,

mi nariz de chocolate negro,

tus ojos de miel

son un ocre oscuro en el atardecer,

son amanecer sigiloso

que llega de puntillas.

Eres un niño celeste,

y un viejo desangelado,

eres mi cosquilla en los pies,

mi caricia caliente,

mi bollito brioche,

mi exigente presencia,

te digo ven y vienes,

te tiro tu pelota y me la traes,

juego contigo y disfrutas,

Urko bonito, bocadito de azúcar,

empañado cristal,

divino ser de luz y dulzor,

te quiero Urko,

mi York-Shire alucinante,

mi corazoncito de azules,

mi croissant en la leche.

Mi jazmín siempre-vivo,

mi sueño sostenido,

mi niño llorón,

mi mimo de rosas,

mi cucharilla de café.

Urko, mi sangre y tu sangre.

Lengua de gominola.

PLACER SENCILLO ES LA VIDA

Llevo días acordándome de mi hermano. Acordándome mucho, como si intuyese que le va a pasar algo terrible, y ese temor se acrecenta y se convierte en obsesión, la obsesión en desmesurada preocupación, también en mal estar, me hago daño, me revuelco en una agonía vacía de porqués, me emborracho de desconcierto, y retorna como una culpa, una culpa y una rabia, hasta que me duermo pensando en él, sueño con él y lo estrecho en mis brazos, luego despierto, luego la soledad, luego la realidad, y vuelta a la incertidumbre, no sé. Todo vino a raíz de que me quedé mirando una foto de cuando éramos pequeños. Tengo esa foto encima de la televisión. En esa foto estamos los dos vestidos iguales; no, no somos gemelos, ni siquiera mellizos, nos llevamos tres años de diferencia. Llevo días preocupándome de que le vaya a pasar algo, su trabajo es peligroso. Estos días ha hecho mucho viento, y me ha dado por pensar de que tuviera algún tipo de accidente. Siempre tengo estos temores. Él es poco hablador, no es de hacer llamadas, ni visitas. Digamos que va a la suya. A veces la vida inoportuna con golpes fuertes, también con esos días en que te gusta la vida mucho menos que el día anterior. Bien lo decía César Vallejo todo eso en sus escritos. La vida tiene a veces unos golpes terribles. Pasamos gran parte de nuestra vida enfadados, o preocupados, a veces nuestro miedo a la vida no nos deja vivir. Es fácil decir aquello de: vive la vida, Carpe Diem, vive el momento. Pero es difícil. A veces extraigo placer de las cosas pequeñas, de los placeres sencillos. Me conformo con tener tabaco diariamente. Un café resulta un placer breve, pero intenso. Un siesta después de una abundante comida. El placer de vivir en un país en paz. Un Yogurt, un panecillo de leche, una almohada fresca, la ropa limpia, la ducha caliente, un buen programa televisivo, una canción bonita, un película buena, una sonrisa en el momento justo, un libro que te atrape desde las primeras páginas, un abrazo efusivo, un te quiero, una caricia; en fin. Hoy me gusta la vida mucho menos, pero quiero vivir. Evoco otra vez a Vallejo, evoco palabras cinceladas en la fibra sensible. Esa es para mí la bendita poesía. La poesía grabada en las retinas del sentimiento y en la memoria de todos los hombres. Yo quiero ver a mi hermano. Decirle que me acuerdo mucho de él. Que tengo temores, que se cuide, que no quiero que le pase cosa alguna. Él no leerá estas líneas jamás, eso creo, pero quiero que sepa que un momento de amor, un momento de risas y alegría, no se consigue sin no dar nada, tienes que trabajar sin pretenderlo para conseguir la alegría que no se busca, la alegría que se encuentra. Te quiero Hermano, te quiero, Carpe Diem.