Capplannetta y sus pobrecitos recuerdos

¿Por qué el olvido hace tanto ruido? ¿Porque el olvido no existe, quizá? Porque la llaga del recuerdo roza y duele cada vez que se toca, es como un estigma plagado de melancolía. A veces hay recuerdos que no te permiten llorar, pero duelen como flashes de luz tenue que se dibujan en aquello que te retrotrae, no me refiero a un souvenir de un viaje a Amsterdam, me refiero a esa pesada losa que portea nuestro corazón, como anzuelos que tratan de pescar nuestro corazón que es un pez escurridizo. No es fácil pescar el corazón y llevarlo a la cárcel del recuerdo, aunque no imposible. A veces, a modo de terapia, te dices: cuando tengas un recuerdo bueno de esta persona suplántalo por uno malo, pero te dices a ti mismo, ¿eso es resentimiento? ¿Se puede considerar como un salvavidas en los mares del norte? Yo me digo muchas veces lo de la canción del gran Bola de Nieve: pobrecitos mis recuerdos, ellos la buscan sin éxito, pero se ha pasado, me ha hecho parecer un cretino, y eso, un hombre como yo, no se lo puede permitir. Está bien hacerse el tonto unos meses, los primeros tal vez, y si me lo toleras, puedo ser un cretino cinco años, pero me canso de ese asunto que no lleva a ninguna parte. Pobrecitos mis recuerdos que se acuerdan demasiado de ti, yo les digo que se escondan, que no digan, que me acuerdo mucho de ti. Pero es imposible ya, es como perder la alegría, la felicidad agravándose en una depresión, porque sí, porque el recuerdo está ahí dispuesto a enseñarte la lengua. Y decirme que estás ahí, dispuesta para hacerme llorar o reír, pero prefieres no recordar nada, cuando llega el momento en que parece que todas las canciones hablen de ti.