nadie tiene la culpa

Me quedo sin respiración, respiro en un vaso,
aunque parezco estar en los Alpes,
y mi fe y mi esperanza solitas
se ahogan, solitas se ahogan,
aprieto los puños y doy
un eterno suspiro que evoca
a la verdad del mundo, sin reparar en las varias
realidades que este mundo arrastra,
sin duda, es un ataque de ansiedad,
pues nadie es el culpable,
en este mundo no hay culpables,
reparo en mis miedos
y los encuentro descalcitos
en un suelo mil veces frío,
y no existe culpable,
en este mundo no hay culpables,
repaso mis sentimientos,
pues éstos suben y bajan,
y se encuentran vacíos,
y no existe culpable, no lo hay,
entonces díganme ustedes
quién es el culpable
de mi orgullo a soterrizo,
¿Dónde está la raíz de este mal?
Nadie es el culpable de este lío
aunque siempre hay un gracioso
y también hay un listo, fanáticos estos
de la última palabra.
Entonces, ¿nadie tiene la culpa
y nos hemos vuelto locos porque sí?
¿Tendrá la culpa el aire?
¿Porqué no arrancar el problema de raíz?
Es que la vida es así porque es vieja.
¿Si el tóxico es el culpable dejan
los demás -que no son culpables-
que el tóxico intoxique?
¿Nadie tiene la culpa?
¿Quiénes son más tóxicos, el populacho,
la gente con graduado de estudios primarios
o la banda de elitistas cultos y guays?
Señores, no me hagan reír,
basta ya de hipocresía.

 

nadie tiene la culpa

Lineas con trazo (Marlboro ciudad en lluvia)

Desmenuzaba la ciudad dando pasos salpicando mi odio hacia los dignos ciudadanos, yo arrasado por la lluvia me preguntaba por tu sol en la meta nueva del mundo alojada en Occidente. Ahora escucho jazz por las noches y en los días me oculto como un Caracol seco, yo desmenuzaba tu cuerpo que era de templada desnudez vegetal y me querías arrancar a besos mi otra desnudez sin pétalos de agua en la mirada, traviesa forma de burlarse de la noche, toda seria, donde ya ni los amantes se traducen en carne de bolero, pues se suben los recuerdos a la sien y como caballos trillan la sed del olvido, un raso de sábanas es inmenso cuando tú no estás, bailo contigo en la cafeta de la madrugada y arrastro mi deseo para someterte a una humedad pequeña, pateo las avenidas y rastreo la baba del pasado que guardan los relojes en sus soliloquios vomitando segundos y más segundos, me invento poemas como este para no tener que arrojarme a los bares nocturnos donde escupe mi nombre la policía en su turno que sabe a café y mala leche, no leche agria, esa la prueban los padres valientes que duermen la vigilia de sus hijos por que al otro día hay colegio, al otro día hay colegio y para mí no hay nada, disfrazo mi bilis con sonrisas que a nadie engañan, mimetizo mi orfandad visitando la casa de mis padres, ellos me leen la cartilla y yo me porto como un parvulario hombre que se sabe ya el himno nacional y la tabla de restar, aquí quedo, y nadie tiene la culpa de eso.