Capplannetta y Camarón

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Se llamaba José Monge Cruz, un santo para payos y todo un Dios para gitanos. Cuando yo descubrí a Camarón de la Isla no me transmitía, ya que era apenas un niño de catorce años. Pero a medida que iba creciendo y lo fui degustando (porque Camarón era como un dulce al paladar del que lo escuche) fui dilucidando, primero al hombre, después sus letras y después al mito. Fue como si encontrara un cantante que se va haciendo grande a medida que lo vas degustando (repito). Tiene canciones de muchísima valía, ya que todo su repertorio nos habla plenamente al alma, pero existen canciones de José que son todo un verdadero hallazgo que transmite directamente al corazón, con él fui descubriendo entresijos de la vida andariega, era como un lucero sacrosanto que me iba proponiéndome un camino a seguir, era como descubrir la vida no con los ojos y sí con los oídos. Su madre se llamaba Juana y era canastera, y su padre se llamaba Luis y trabajaba en la fragua, en ella, a golpe de yunque, martillo y clavo se fraguó todo un arte con un niño que tenía duende, era el séptimo hijo de ocho hermanos de raza gitana, para él el cante era algo más que una manera de expresarse, era una forma de vida, desde la cuna ya cantaba, hay testimonio de ello en YouTube. Camarón no cantaba desde la garganta, camarón cantaba desde las entrañas de esta tierra, para él la música era una manera de vivir, ya que de niño quiso ser torero, pero lo agasajaban con dinero y comida para que cantara, diciendo aquello de: -Que salga el rubillo, que salga el rubillo a cantar, sin saber, o sí intuir tal vez que aquel niño gitano blanco iba a marcar con letras doradas su paso por el mundo del cante flamenco, para él sus referentes eran Manolo Caracol y Antonio El Chaqueta, los dos, como precursores de una ciencia inexplicable, dieron paso al duende de la Isla De San Fernando (Cádiz). Camarón ha sido para mí un ejemplo, una enseñanza, una especie de pacto entre las musas de la consciencia y la Gran Verdad que los hombres sostienen. Escuchen a Camarón, deléitense con el mito, con el duende, con el hombre, y podrán disfrutar de un artista al que Mick Jagger le pidió sus calzoncillos para ver si se le pegaba algo de aquel hombre tímido, parco en palabras, pero con el talento de un gitano que se mete por méritos propios en los anales del siglo XX traspasando los tiempos de hoy como el gran transmisor de un mundo de sentimientos, y cante como jamás se ha visto, así que orgullosos debemos estar aquellos que nos topamos con su cante. Escuchen a Camarón.