Capplannetta y los libros encontrados

Puede sonar a pedantería, o tal vez, a falsa humildad, pero muchas veces he recogido libros de la basura. A algunos les parecerá extraño pero tirar los libros a la basura es como quemarlos, me recuerda a Farenheit 451, una novela distópica escrita por Ray Bradbury; el escritor estadounidense vendió los derechos de la novela escrita en 1953, considerada una de sus mejores obras, fueron los británicos quienes la llevaron a la gran pantalla en 1966 y como director fue, nada más y nada menos, que François Truffaut. En la película y en la novela los bomberos son los que se encargan de quemar los libros. Bueno, después de esta aclaración, quiero seguir diciendo que tirar un libro es algo que debería estar prohibido. En el Quijote se queman libros, que se encargan de ese menester el barbero y el cura, por algo sería que Don Miguel de Cervantes escogiera tales personajes para ese empeño. Yo no me considero un gran lector, pero antes que quemarlos tendrían que saber que pueden venderlos en una librería de viejo, que los compran por peso, creo, no sé, no he vendido nunca ninguno, pero éstos libros se donan a un colegio, o a una residencia de ancianos, o a una cárcel. Pero ¿tirarlos? Yo tengo libros sobre cualquier tema, libros que nunca me leeré como por ejemplo Cómo se lo decimos a los niños, sé que el título es hasta ridículo de lo sumamente obvio que resulta, aún así no lo tiraré, antes lo regalo. Regalar libros es un bonito detalle. Tengo una prima que me regaló una colección nueva de escritores del Siglo de Oro español. Los libros son en tapa dura, preciosos, pues tuvo un detalle del que estoy agradecido. Los que quieren librarse de libros por hacerle espacio al cuarto de los niños deberían saber a parte de lo de las librerías de viejo, que existen unos trasteros de alquiler que por un módico precio mensual y razonable puedes almacenar los libros leídos. Lo que es triste es una casa sin libros, una casa con decoración naif, o vulgar, o quizá con un toque kitsch, o muebles rústicos con amplias estanterías con jarrones o figuritas industriales o souvenirs de países exóticos, pero ningún libro, ni siquiera del Doctor Estivill, es una señal de que han viajado mucho por el mundo pero lo conocen bien poco. Me encanta esa gente que toma como excusa el hecho de viajar como el hecho de conocer. Sí, es eso viajar, conocer. Conocer y viajar son cuestiones que te alejan del chovinismo. Y es preferible tener esa parte de aventura en total trayecto permanente. Hay que ver buen cine, buenas lecturas son un deleite para la imaginación, escribir es un placer, comer bien es necesario y es otro placer, como dormir bien, y luego está el sexo, no es el lugar ni la voluntad, es lo que depende de con quién se haga. Si se hace con la persona adecuada es un acto inolvidable, al contrario, es un mal recuerdo.