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Capplannetta y las noches perdidas

Hay extrañas criaturas como los animalitos y los pájaros de colores vivos. El quetzal es un pájaro maravilloso, una extraña criatura que casi ya no se ve volar el cielo. Extrañas criaturas que luchan por un cielo vainilla y un skyline de rascacielos en Manhattan donde las cicuentonas se dejan follar por miserables niños y leyendas en la oscuridad de una calle que dice one way, las extrañas criaturas aparecen entre el licor del verso fértil. Poetas como Allen Ginsberg, los judios de Amberes, que pulen el diamante rosado de la vida sabiendo que la vida es noche. Avishay Cohen cantando Morenica. Los judios han sido perseguidos desde su diáspora por el mundo. También los gitanos, los señores de la carretera, como bien los nombró el Payo Chac, Jaqués Leonard, que se casó con una gitana y fotografió a los gitanos en un fondo que es una verdadera estatua de lo desconocido y marginado. Extrañas criaturas, como el gitano Melquíades, como Inés Bacan, como Jim Morrison, como Jack Nicholson. El cante de Camarón de la Isla, que parece no ser de este mundo. Extrañas criaturas, Reinaldo Arenas. Bob Dylan, Raimundo Amador, Manuel Molina, Ramón del Valle-Inclán. Estrañas criaturas como yo, entre asombro y conocimiento. Y yo, que conozco cosas que no las mamé. Me vienen de herencia de espíritu y alma, luces de bohemia y fragancias de nostalgia. Leer un libro raro, mantener la cordura cuando hay mar brava, verse en las tripas del naufragio, por un poco de dinero, se quedó en la noche más solitaria. Trenes que vienen de Austwitz, cremalleras y encendedores zippo, estrellas en la noche de luna llena. Más luminosa que la mañana. Extrañas criaturas. Extraños remedios para grandes males. Cautivos en Argel, cautiverios y promesas. Empieza el invierno y todo será oscuro, los cielos de la tarde grises, los silencios voces de verdinegra serenidad. La noche de los tiempos brilla para el ogro, brilla el diamante rosado, brillan los huevos de Faberyé. Rasputín y los zares de Rusia, Lady Di, y los musulmanes del mundo. Hemingway y Pamplona, Unamuno y Bilbao, los demonios de la patria, esos demonios enterrados en basílicas. Como llegar y besar el santo. Amigos que perdí, otros que vendrán, senderos por ser caminados, bares y la morada mercromina. Hubo una vez que mastiqué en abril y la noche de Walpurgis me sucedió. Parnaso de poetas y poetas ditirambos. Todos quieren ser de luz blanca.