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capplannetta y la ciudad

En un continuo deambular por la ciudad y su cara oculta, he tenido que hacerme calma y suspiro entre la égloga vecinal. Me tienen el alma atormentada los hijos del cielo y la envidia. ¿Para qué envidiarme a mí que tengo un ala destrozada? No quiero más cábalas contra el silencio, si al final vamos todos a la muerte previsible. Una ciudad tiene un mundo en el aire sucio y el alma doblegada en las cloacas, no quiero ser dueño de nadie, pero que no me quiten el privilegio de tararear la canción que es mía. Me encierro en las estrías de Dios y aún así siguen molestando mi verdad remota. No soy de nadie, a nada pertenezco. No tengo ni un ápice de raza de la que estar orgulloso. Cuando vengan los amos del mundo me pedirán que les siga diciendo, aquello que les encanta escuchar, aunque tenga que presenciar a mis hermanos encelados. Soy una cáscara del mundo y no un espantapájaros de un huerto, soy la paja de la espiga del trigo y un caballero del diálogo. Que nadie corrompa mi corazón noble. Que nadie me ahogue con una almohada. Que nadie me entienda, ya que es mentira como tantas otras, he pagado luz y forma al entendimiento, ¿y qué voy hacer, si no quieren dármelo? La libertad es un canto que yo creía que era interior, trataré de comprender a los hombres, aunque me quiten la voz para siempre. ¿Y cómo no tener tristeza si mi espíritu ha sido tragado? No quiero que nadie padezca, más de lo que a gritos interiores tanto insistí. Dejadme con la libertad sin alas, dando saltos torpes sobreviviré. Dejadme que vuelva a la tierra, allí donde nada es nuevo y el sol estalla. Quiero esos pedazos de mí, y dejar en paz a todo hijo de vecino. No quiero marcharme entre aplausos, sólo quiero leer palabra a palabra las cosas que antaño amé. 

También quiero ver crecer lo que siento, aunque mala hierba nunca muera, me comí las cenizas de la verbena, me sudé como se suda una cuesta arriba, me tropecé con latidos que sangre no bombean, me pervertí la imagen y la semejanza, mentí, herí, mordí, arranqué, las cosas no son siempre una duda. Sé que este escrito no será huella con rastro, sé que no puedo lanzar más mensajes al mar. Solamente me pudro como una aurora que huye y llega a ser nada entre la mañana alegre. No quiero que nadie sufra, por eso yo, por eso ellos, por ellos todo, por todos yo. Intento ser luz en el rellano que no se apaga. Saldré a la calle cuando los astros me quieran. No pretendo ser la víctima de la noche, me conformo apenas con su bondad, sé que es inútil fumar y esconderte, muchos lavabos repletos de humo dejé a mi paso por la adolescencia. No tengo nada que se envidie, tan sólo soy un charneguito que brilla porque luz llegó siendo.