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reseña literaria (Juan A. Herdi)

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Cecilio Olivero Muñoz

Cibernética Esperanza

Avant Editorial, 2019

Es evidente que estamos en un momento de mestizaje, si es que hubo alguna época que no lo fuera. Y a todas luces este relato lo es, mestizo, pero a conciencia, asumiendo su autor que no elige una forma, un género, un estilo, lo mezcla todo a voluntad, le resulta incluso inevitable. Así, no es posible decir que este libro que presentamos sea propiamente una novela, una colección de cuentos hilvanados por el personaje principal, narrador y protagonista al mismo tiempo, unas memorias o un tratado de la realidad o de la vida. Tampoco es que haga mucha falta catalogarlo.

Porque hay una frase que brilla por sí misma y justifica todo el relato: «Todo ocurre por una razón que no entendemos». Esta es, sin duda, la base de toda literatura, buscar las razones a la vida entera o a cada una de sus porciones, razones que no entendemos, que se nos escapan, y entonces necesitamos escribir para entender. Mientras haya posibilidad de escribir hay esperanza, poco importa el momento de escritura y menos aún el modo. Pero con la escritura se intenta poner orden en el caos y, con ello, entre líneas, intenta uno encontrar el sentido de las cosas.

Claro que estamos también en una época de nuevos recursos tecnológicos (el título no es inocente) y eso cambia algo las cosas, aunque no lo esencial. Sea lo que fuere, el autor se expone más a la vista de todos, juega con el lector retándole a que discierna lo que es realidad y es ficción, si es que la ficción no forma parte de lo real o esa misma realidad no sea en el fondo una ficción más, a menudo no estamos tan seguros de la línea que separa ambas. Sospechamos que en este contexto hipertecnológico todo se confunde, y esto sin duda ayuda a desinhibirse.

El narrador del libro se desnuda, cuenta sus continuadas caídas y levantadas para explicarse a sí mismo y entregarse al juicio general, como un Caín moderno que sabe que ha traicionado a todos y a sí mismo, pero pese a lo cual ha de seguir adelante. Sin duda, todos, de ponernos a tal ejercicio de confesarnos, llegaríamos a sentirnos igual, aun cuando las anécdotas sean diferentes. Tampoco caben comparaciones, al fin y al cabo. Y mucho menos juicios de valor.

Cibernética esperanza es sobre todo eso, una invitación a pensar en lo que es la vida. El narrador, al describirnos cada trozo de vida que le pertenece, en la medida en que la propia vida pertenezca a alguien, ni siquiera a su portador, nos reta a que juzguemos en base a la propia experiencia y a que nos demos cuenta de que no se puede juzgar nada ni a nadie. La escritura es lo que tiene: nos iguala a todos. 

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Capplannetta y la amistad

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Muchos amigos he tenido a lo largo de mi vida, algunos los perdí en el camino, como semillas huecas que no germinan, otros, los llevo en mi corazón, y otros los conservo, los cuido (aunque a veces no esté a la altura de lo que conlleva una verdadera amistad), y si no los cuido como quisiera es un error que llevo a rastras como el que se ata una gran piedra al lomo. Muchos de ellos me han regalado libros (también soy una especie de ratón de biblioteca) y otros me han demostrado su amistad con creces, aunque tengo un amigo que me lo ha demostrado en las dos ocasiones mencionadas anteriormente, se llama Juan A. Herdi. Es un amigo verdadero, inteligente, buen conversador, leído, políglota y un gran admirador de la Edad Media, es un amigo del que tu madre está orgullosa de que lo tengas, también otros, pero este en especial es respetuoso, cumplidor, hace favores varios, y es vasco, aunque es un gran latinista. Conoce bien la lengua francesa y la portuguesa (aparte del euskera), sabe mucho de política, y sobre todo y lo más importante, yo lo admiro. Después tengo otros amigos que me han regalado libros, de todos guardo un buen recuerdo, no sólo por su amistad, sino por que han puesto en mis manos lectura. Luego tengo otros amigos de infancia, también tengo amigos conocidos recientemente, como Juni, este amigo también hace favores y me hace de vez en cuando alguna visita. Los amigos son como las plantas, necesitan de cuidados y de atenciones, tengo amigos del barrio y muchos más que tendré a lo largo de mi vida, pero los amigos verdaderos que tengo son estos, también está mi hermano, Juan Herrada Sabio, y también un hermano de sangre, mi hermano José. Éstos dos últimos que cito, los quiero mucho, mi hermanico, con el que me llevo tres años, es un fuera de serie, muy inteligente, con mucho oído para la música. Me dejo muchos en el tintero, pero es así la vida, ¿qué sería de la vida sin amigos? Sería una verdadera pérdida de tiempo, aunque respeto a las personas que no tengan amigos, hay personas entrañables que no tienen amistades, es duro, aunque yo paso muchas horas solo, y algunos que cito aquí no les veo desde hace meses, otros, desde hace años, pero siempre están en mi recuerdo. Yo creo que las personas solitarias valoramos mucho más la amistad, resulta grato sentirte agraciado por ese don tan valioso. Un don de los dioses.

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