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Capplannetta inventa

Ser inventor te lleva a muchas horas entre diseño y trabajo. Por ejemplo, inventé el chicle blando comestible Palotes, también inventé un sucedáneo de chocolate y menta. El invento que tuvo más éxito es el Petazeta. Inventar golosinas es un privilegio porque haces feliz a los niños y a algunos no tan niños. Inventé la carta esférica en el año 1358, y creé un jardín botánico en las calles de Pedralbes. Inventé llevando a la ofina de patentes mis inventos. El recepcionista me dijo: —¿otra vez por aquí? Ya que iba cada quince días. Inventé la noche, inventé el aire de la brisa veraniega. Inventé la risa, el llanto, el lamento, y el escalofrío. Inventé cosas que no tuvieron éxito. Aunque en otras ocasiones inventé la locura que me tragó, inventé el Parnaso y también inventé los suspiros, esto supone que al suspirar se fortalece el espíritu. Inventé tantas cosas como Edison, Linus Torvalds y Tesla. Inventé las hogueras en invierno. Inventé la sopa fría. Inventé el sentido de la vida. Aunque yo que creía ser un ángel, soy un demonio medrado. Inventé la seda, el opio y el alcohol. Inventé la soga de atrezo cineasta. Inventé el juego de tirar la cabra desde el campanario. Pero la prohibieron los animalistas. Inventé el orgullo podrido en un plato, y el querer mordiéndose las uñas. Inventé el escarnio metafísico. Inventé la esperanza de que exista la muerte. Inventé el juego de la Oca, y el parchís, no, no quiero pasar a la historia, quiero ser antes feliz. Lo prefiero. Inventé los errores del pasado. Cuando escribo invento, sin nepotismo, sin epigonía, sin hipersensibilidad. Inventé el acto de compartir en Reyes, en Sant Jordi, también el día de San Valentín, inventé la Navidad a raíz del invento de la Biblia. Inventé la amnistía, los motines carcelarios, la revolución sexual. Invertar quiero.