Artículo sobre libro (Por Juan A. Herdi)

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Cecilio Olivero Muñoz

Cibernética Esperanza (capplannetta.com)

Senzala Colectivo Editorial

«Todo ocurre por una razón que no entendemos», afirma el narrador del relato en un momento dado, cuando ya tenemos una idea clara del camino recorrido por el protagonista, Casimiro Oquedo Medrado. Tal vez por ello, porque se nos escapa el porqué de las cosas, lo que motiva los hechos y quizá el sentido de la vida, no hay excusas o voluntad de justificarse, simple y llanamente hay una descripción de escenas que componen una vida, unos retazos que se van sucediendo de un modo aleatorio.

Tampoco hay por parte del protagonista un acto desesperado de rebeldía, no se rebela, no lanza una diatriba contra su vida ni por los hechos que se producen en ella, no hay un grito de angustia por todo ese sinsentido que le envuelve a él, a su narrador, pero también a su autor y en definitiva a todos nosotros, lectores y no lectores. Si le encierran en un centro psiquiátrico, vale; si le dan el alta y lo sacan de ahí, también vale. Así es la vida, al fin y al cabo. La vida de ahora, hay que precisar. A veces somos meras piezas de un rompecabezas que desconocemos y el componedor del rompecabezas va ensamblando las piezas que tampoco tienen un lugar único en el conjunto.

Por ello quizá haya que leer este libro -¿Novela?¿Colección de relatos o de retazos que tienen su independencia narrativa respecto al conjunto?¿Biografía?¿Confesión?¿Tratado de la realidad? Hay que recordar que estamos en el tiempo de la no definición–, porque muestra una nueva actitud ante la vida, ya no es el grito ante Dios o ante la Historia, es simple y llanamente la descripción de lo que ocurre sin más, ni siquiera hay un objetivo, o puede que el objetivo sea la propia escritura. Ya que no podemos entender la razón de las cosas, escribimos y leemos porque sí, sin más, sin ni siquiera la intención de buscar un cierto orden.

Estamos ante un nuevo modo de entender la realidad y por ende la escritura. La tecnología, sin duda, ha cambiado la forma de mirar y de sentir, nos ha individualizado aún más, pero no para ayudarnos a determinar más el yo, sea esto lo que fuere, sino para aumentar más nuestra soledad, la desnudez de nuestras vidas, la impotencia ante tanto caos. Sí, nos seguimos relacionando, es verdad que nos reunimos con otras personas para hablar de libros, de política o de fútbol, nos casamos, nos liamos, nos divorciamos, formamos familias u otras formas de relación o acabamos buscando salidas terapéuticas –psiquiatras, psicólogos, escritura, reflexión, arte–, como se ha hecho toda la vida, pero ahora todo es de forma diferente. Tal vez lo que nos falta es lo antes referido, el acto de rebeldía, ese acto de miedo o de revuelta de Caín ante su destino que, sin embargo, asume. Ya no creemos ni en la revolución, ni en la democracia, ni en la tribu, ni en nada. Estamos solos con nuestra propia soledad. Quizá nunca la soledad fue tan evidente como en nuestra época, cuando vivimos en grandes ciudades y tomamos el metro junto a miles de personas, pero cada cual atiende solo a su teléfono multifunciones. Cibernética soledad.

Tal vez por ello hay que leer este libro, el personaje que deambula por sus páginas es un reflejo de lo que somos, y esto es lo que une el relato a una luenga tradición, la de la literatura como espejo. Mientras, no es baladí, el título nos brinda la existencia de alguna esperanza pese a todo, aunque sea una esperanza cibernética.   

cibernética esperanza_Ella

Mujer Astronauta (cccp)

Como ya habré dicho en otros lugares, tanto en cenáculos improvisados, picnics familiares y en escritos varios, pusieron Internet en casa en el año 2002, en ese año yo padecía una época delicada, ya que, no sé si tardía o prematuramente, descubrí la soledad más absoluta que pudiera imaginar fuera posible, o tal vez fuere ostracismo, no es menester mío a quien confiera culpar tales desprecios del hombre contra el hombre, pero sí diré que debido a esa soledad, buscada o involuntaria, da lo mismo, soledad al fin y al cabo, soledad en la que nacieron en mí una ciega curiosidad por el medio digital, acompañada de mi ignorancia también frente al respectivo interés por entablar relaciones a través del Internet, cosa que ahora ni me pasaría por la cabeza, porque tras conocer yo los hechos ocurridos en esta experiencia personal, experiencia que me ha marcado profundamente, me es vergonzoso decir que pasaba hablando con la que fue mi esposa a través de Internet unas diez o doce horas diarias (exceptuando las horas dedicadas a otras labores y a las comidas del día) hablando de tonterías normalmente y ocupando el tiempo en compartir archivos en mp3 de una linde a otra linde, de allende a aquende. Me pregunto qué sería de haberla conocido a Ella en estos tiempos, en primer lugar me digo que tal inocencia no sería posible ya, pero si así fuera tendríamos la posibilidad de intercambiar gustos musicales a través de las cuentas correspondientes de cada uno en Spotify o en otros lares, me río al pensarlo, y disfruto de como ha cambiado todo desde entonces hasta ahora, el amor en tiempos de Spotify, seguramente titularía así algún texto escrito para Ella para y por sorprenderla, hecho que nunca se consumó, pues Ella era neófita y mostraba poco interés por mis poemas sobre Internet y nuestro amor a través de Él. Pero sí, la mayor de las veces eran diez horas, después ocurrió lo que tuvo que pasar, si quieren saberlo aquí les expongo enlace: http://www.ciberneticaesperanza.com.es/liooli  Ahora que ha pasado el tiempo la historia sea ya otra, recuerdo mi partida a Perú en el año 2004 a buscar algo que quizá fuese un espejismo, una alucinación en la que escarbé para encontrar y acabé encontrando, como aquél que la sigue y lo acaba encontrando, lo que se proponga, sea bueno o malo, no todo fue malo, hubo momentos repletos de felicidad, de eso se trata la búsqueda, de cruzar océanos y fronteras en busca de lo que nos permite sentirnos vivos.