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Capplannetta en el viaje

Quisiera viajar en los trenes de madrugada y tener aventuras con mujeres que viajen a ninguna parte. Ir por las calles nocherniegas de Madrid como Max Estrella o como Ava Gardner, atravesar acueductos y coliseos, catacumbas y mausoleos, peregrinar al sepulcro de Antonio Machado y pasar de página para encontrarme a Truman bailando pegado con Marilyn. Como Lorca, quisiera ir a Santiago de Cuba, y de un soplo aéreo irme a Santiago de Chile y visitar la tumba de mi Mariquita Linda, aunque yo por respeto y por ser heterosexual llamarlo por su nombre, Pedro. Irme de un soplo a Lima la vieja y pasear por Miraflores una noche, y quedarme subyugado con la noche limeña y pasear por la Alameda de Chabuca Granda. Quisiera bajar al pueblo y ver a algunos amigos que allí tengo. Quedarme en Sevilla cuando todo este virus lo barra el óxido del tiempo. Quisiera irme a Nueva Orleans y comprender de una vez que ninguna extraña fruta debe colgar de los magnolios. Irme a Nueva York y mearme a los pies de la estatua de la libertad, porque es mentira que esa estatua dignifique a la América fracasada. Y en mi viaje quiero conocer a gente buena, visitar en La Habana a mi apreciada Bertha Caridad. Y subir a las alturas de un avión otra vez y hacer el trayecto hacia Puerto Rico, le pondría flores a Maelo, me tumbaría a descansar en los sueños de Juan Ramón y hablaría con Platero. Me iría por México D. F. y preguntaría por Octavio, desayunaría tacos y me iría de parranda por la noche entre marimbas tremolantes y tubas de corridos divertidos. Me marcharía en un vuelo desde Guadalajara hacia París, desde Paris me iría a Malabo, abrazaría con fuerza a Juliana, divina Juliana, la reina fang de Guinea Ecuatorial, me iría a Etiopía a ver mujeres bellas, a Senegal a tumbarme en la playa escuchando a Ismaël Lô. Volver a Buenos Aires con la cara marchita que las nieves del tiempo platearon mi ser, y volver a cuando era un niño, y abrazaría a mi hermano con amor verdadero. Y volver a Sabadell, al hogar donde nací. Buscaría a mi madre y sería un regalo encontrarla joven con treinta y ocho años, y decirle mamá, qué guapa te veo. Y ver a mi padre con cuarenta y dos. Y mi hermana pequeña haciendo sus gracietas. ¡Oh! Dios mío, qué maravilla sería viajar en tren por la memoria, aunque te haga daño, aunque seas viejo, y abrazar sueños reales en el cielo de las almas que has querido. Y ser verdad, y ser regreso, y ver amigos que nunca olvidaron. Viajar en tren.