Capplannetta y el amor interesado

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Poca gente se casa hoy en día por amor verdadero. En este mundo capitalista abunda demasiado el plástico (aludiendo a la canción de Rubén Blades). Parejas de plástico que se les desentonó el corazón y buscan un status de comodidad, lujo y prosperidad donde los sentimientos, el cariño y la conmiseración son ingredientes que están en la acera del frente, y normalmente están en desuso como juguetes que da miedo usar por estar tan viejos y caducos que mejor será evitarlos por temor a que se rompan. Pero se predica mucho con el amor verdadero y en realidad se queda en lo dicho aunque no en el hecho. Tú ganas tanto y yo tengo esto, esto otro y tengo este sueldo, nos casamos, damos envidia, juntamos nuestro sueldo y patrimonio y montamos una sociedad matrimonial de Puta madre. Nos casamos por la Iglesia, bajo separación de bienes, se congela el matrimonio con los años, los hijos logran que el matrimonio tenga aspecto de fortaleza inexpugnable, y/o lo debilita más o lo hace una cárcel que limita aún más a la pareja de pipiolos socialmente civilizada. El matrimonio se congela, se le da calor con lo material, pero se goza una miseria emocional que en costumbres europeas donde la monarquía ejerce como ejemplo de sociedad eficiente, podemos comprobar que todo tiene su decadencia, como dice la canción, tres cosas hay en la vida… Salud, dinero y amor… el que tenga las tres cosas que le dé gracias a Dios. Y si no se la podemos dar a esos tontos que aún creen en el amor como romántica historia que solamente termina con la muerte, esa antigua prostituta que a todos nos visitará. Queramos o no.