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Capplannetta y el algoritmo como adn

Los árabes nos mostraron la astronomía, la física, las matemáticas y la arquitectura desde tiempos remotos. Después de los árabes remontamos hacia el Siglo de Oro. Sin los astrólogos árabes hubiera sido difícil conocer América, poner un pie en la luna, o conocer y poner nombre a nuestra galaxia. Hombres como Abdul Rahman al-Sufí fueron cruciales en el descubrimiento de la galaxia. Mohamed Ibn Musa-Al- Khwarizni desarrolló su obra matemática Al-Yebr-Mugabata donde se daba conocimiento del primer algoritmo que se conoce hasta hoy, y eso fue en el siglo IX. Este hombre que era matemático y astrónomo fue el primero en crear un algoritmo para hacer ecuaciones de primero y segundo grado. 

Cuando empecé en esto de Internet no existían apenas las cábalas del algoritmo. Ahora, en todos los lugares donde he pasado, hay un algoritmo que bien me conoce, o me conoce un poco. Según lo que busque, también según sea lo que publique, me conoce como yo conozco mi rutina. Sabe cómo es mi cuerpo, sabe de mis complejos, de mis gustos, y me persigue como un procesador de datos conoce mis formas de comunicarme. Hay algoritmos en todo lo que uso, no diré nada al respecto, pero él lo sabe, vaya si lo sabe. Me hace sugerencias, conoce mi cuerpo, hay algoritmos que saben de mis frustraciones, también hay algoritmos que yo sin saberlo han cocinado para mí el mejor de los manjares. Inteligencia digital lo llaman. Mi hermano es músico, y sin el saberlo hay tras sus creaciones musicales toda una fórmula de matemáticos signos y números, como un ADN ensamblado en un tubo de ensayo. Física de los neutrones, y los cúbits, potenciales códigos HTML y un JavaScript preciso son las cosas que pone ante mí sin descifrarlo todo lo que soy. Teoremas, cábalas, fórmulas y computaciones creadas por un microprocesador. Cibernética esperanza, es la ley de los bits y los algoritmos, es la tregua que otorga la Inteligencia Artificial. Ya no hay yugos entre este mundo pangeista. Pangea nunca estuvo tan próxima como siglos atrás en el infinito de las cosas mastodontes. La religión ha tomado el sentido del azar, y el azar es el ordenador real del tiempo. El azar pone en su momento todas las cosas en su sitio. Es un organizador. Es un reloj suizo con la complejidad de un código abierto visible para un programador, aunque imperceptible para muchos. Llevadme en cenizas a un oquedal hermoso. Nada nuevo bajo el sol, te lo dirá un algoritmo.