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Capplannetta, después no hables

Si algún día te pones a llenarte la boca de sandeces, críticas a fulano, envidias a mengano, y te ríes de zutano, después no hables. No eches la culpa a nadie, tú eres el único culpable, de las horas perdidas, de los besos que se esfuman, de aquel que te abandona, después no hables. Los animales siguen su instinto, y las personas seguimos nuestro instinto, pero sabemos cuando hacemos daño, después no hables. Si te hacen un vacío, si te humillan ante gente, si te sientes maltrecho. Muchas vueltas ha dado el mundo para que esté así. No vengas a llamar porque se cerrarán todas las puertas. Después no hables, no hables no. Todos conocen tu sacudida y tu desvelo. Tu amplia cámara de gas, tu verdad que va menguando, tu mentira al desnudarte, después no hables. Gritar por ejemplo, estoy solo y no tengo amigos, o por ejemplo, en qué momento se jodió el Perú, ningún Vargas Llosa hallarás tras la cortina de humo que asfixia y pudre el aire. Aire, aire, agua, agua. Después no hables. Podrás decir mil cosas, incluso perdonar y reconciliarte, podrás tener la suerte de decir que mal pensaste. Que no hay treguas en esta guerrilla loca de sudor que escuece en la mirada, podrás ver desde la atalaya para luego bajar al nadir de los estorbos. Te precipitarás tú solo al abismo en el que caes. Se amotinarán los te quieros, te sentirás bombilla antes que enchufe. La noche callará de madrugada, después no hables. No hables a media jornada ni a jornada completa, te tapiarán el paisaje que frecuentas, pero tendrás miedo, después no hables. No, no hables, docena de plegarias se abrieron camino para siempre. Multitudes de exiliados buscarán la paz del domingo por la tarde, después no hables, que conste, estás avisado.