Capplannetta entrevistador

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Empezamos nuestra andanza como caterva de escritores y poetas en el año 2008, aunque siempre la denominamos como revista. Yo hacía las entrevistas a personajes de la literatura actual o del mundillo literario que hoy nos acontece. He llegado a entrevistar a mucha gente relevante del panorama español y extranjero en el tema literario. En primer lugar diré que sí cito algún personaje famoso o conocido no es oportunismo, es rigor como escribiente y entrevistador. Al publicar la caterva/revista en nuestros comienzos no nos tomaban muy en serio, vamos, que nos consideraban una revista de tercera, y algunos no nos consideraban ni como revista. En primer lugar citaré a tres personajes conocidos que resultaron accesibles y cercanos, el primero es Vicente Luis Mora, escritor con un inmenso talento que fue entrevistado por mí dos veces, al igual que Eloy Fernández Porta, el primero cercano, interesante siempre, y un gran escritor con educación, el segundo es Eloy Fernández Porta, también siempre interesante, muy culto, sociólogo de gran nivel, y una extraordinaria persona, para él realicé unos collages con unas fotografías que tomé en una presentación de un ensayo, después me correspondió enviándome la tercera parte de su tetralogía ensayística, debo decir que su entrevista me resultó muy útil y aprendí muchísimo. La tercera persona que entrevisté en los comienzos fue a Elena Medel, cercana también, excelente personaje literario, y su entrevista también muy interesante.

Después he ido entrevistando a otros personajes del panorama literario, entrevisté a Agustín Fernández Mallo, un escritor con mucha personalidad pero muy poco comprensivo en el aspecto de considerar una entrevista cara a cara a un pobre (aunque digno) cuestionario por email. Él fue el que me dijo que no consideraba Nevando en la Guinea una revista literaria. También hice dos entrevistas que jamás fueron publicadas, una, a Felipe Benítez Reyes, tanto Juan A. Herdi como yo no lo consideramos interesante, y después a Manuel Vilas, lo consideramos burlón y con una cierta falta de respeto. Después he entrevistado a Luna Miguel, Rafael Sarmentero y a otros poetas y escritores del extranjero. Entrevisté a Rodolfo Leiro, y a otros tantos, pero es importante señalar que mostramos a todos ellos nuestro agradecimiento. Los escritores somos así, vamos a la nuestra. En fin, desde Nevando en la Guinea agradecemos a todos su disposición para contestarnos. Gracias.

Capplannetta y su barrio natal

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Hace unos días fui al barrio donde nací y donde aún residen mis padres, al aparcar el coche le di sin querer a una moto dando marcha atrás. Cual fue mi sorpresa cuando vi que conocía al dueño de la moto, aunque él no me conoció a mí, al darle mis datos me dice: -Pero si yo te conozco, no veas cómo has cambiado, y yo le dije sí avergonzado. Y les conté el episodio a mis padres y la conversación se convirtió en un recordatorio de cómo era el barrio antes y cómo lo es hoy. Repasamos toda la gente nueva que ha venido, pero más a la que se ha ido, y es irremediable que pasen los años y la gente se va, a rehacer sus vidas, por problemas de salud, porque se han muerto, por muchas razones más, es un barrio viejo y nos hacemos mayores, y de mis amigos de antaño, algunos casados y con hijos, otros divorciados, y muchos otros a los que no les ha convencido del todo la idea del matrimonio, hay muchos casos diferentes, pero mi pregunta es cuántos amigos no me reconocerán, cuánta de esa gente que traté pasan por mi lado y como si nada. Me gusta mi barrio natal, aunque ya no es lo que era, ahora se ha convertido en un barrio dormitorio, mucha gente va al barrio y después se van a sus trabajos, quizá durante todo el día, utilizan el barrio para dormir, no les ves, a veces te los encuentras un fin de semana y piensas: -Éste tío no es de aquí, y así te puede pasar con mucha gente. Yo, en el barrio donde resido ahora habrá mucha gente que no sabe que existo, pues en mi barrio natal ocurre lo mismo. Es un barrio que ya no es lo que era (repito), ya que las tiendas de barrio que antes había han cerrado todas, sólo hay bares, y pocos, recuerdo que había un quiosco, librería, tienda de comestibles, y había hasta un supermercado, había una sala de juegos recreativos, todavía recuerdo el olor a papel impreso de la librería, el olor de la churrería, el olor a pan en las panaderías a las 06:00h a.m, los chavales se reunían en los parques y había siempre risas y algarabía, recuerdo cuando estaba enfermo y me llevaban a la casa de mi abuela y veía a los chicos del colegio público Cifuentes, yo iba a uno de pago y más alejado, recuerdo cuando me metía en los charcos con mis botas de agua, recuerdo mi primera bicicleta dando vueltas por el parque de Tudela. He vivido una infancia feliz, a muchos amigos perdí la pista, a otros quise no verlos más, y a otros se les fue la vida. Han cambiado mucho las cosas pero siempre será mi barrio; ahora vivo en un buen barrio, donde hay muchos comercios, debajo de mi casa hay una biblioteca, y los centros de salud aquí son muy buenos. Vamos, que me encuentro cómodo. Aunque salga poco tengo algunos amigos de aquí del barrio, son muy buena gente, pero también conservo a mis amigos de toda la vida, allí donde nací.

Capplannetta y su miedo al miedo

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Hace tiempo que no saborea un día campestre, qué digo, hace años que no disfruta del campo. Sus deleites ocasionales se mezclan entre una vida de recuerdos y una vida de problemas debidos a sus errores de juventud. Prefiere no salir porque dinero no tiene, prefiere la paz de sus días en casa donde lee y escucha música, ve vídeos por YouTube o por Qello, está suscrito a una web de cine, no se considera cinéfilo, tampoco un melómano, tampoco es culto, más bien es un bárbaro, tendríais que verlo comer pollo a la brasa con las manos, dejémonos de preámbulos, tiene miedo a él mismo. En el daño que pueda causar directa o indirectamente. La vida lo hizo desconfiado, recordando tiempos pasados algunos de ellos le duelen en el corazón, no es viejo, pero se considera maduro. Tiene miedo a que lo tomen por otro, también a ser el hazmerreír de la gente, la gente es mala a conciencia, pero la culpa no la tiene la gente, la tiene él, siempre ha sido un cabeza loca. Cierto día, recuerda, en que tenía la esperanza conservada al vacío, recuerda que lo pasó realmente mal por una paliza que le dieron, estaba ido, estaba fuera de sí, bebía y se reía de la gente con cierta altanería, un día le prestaron una polla de goma y empezó a correr detrás de la gente de aquél bar rozándoles la polla de goma por sus traseros, y cometió el error de hacérselo a gente equivocada, le dieron una gran paliza, todo el mundo estaba expectante a ver si le pegaban más y más, se había convertido en enemigo público número uno, la gente lo odiaba, podías oír su rechinar de dientes debido al odio oculto a dos metros de distancia de donde él estaba, él lo sabía, no era tonto, la gente le tenía gran inquina, no es que fuera pendenciero, era un bromista y la gente oportunista aprovechaba esas ocasiones para clavarte la estaca, sí, como a los vampiros. Él en sus borracheras no sabía el daño que estaba ocasionando a personas que lo querían, y lo siguen queriendo, pero éstos se han decepcionado bastante. Digamos que tuvo que encerrarse entre cuatro paredes debido al escarnio y las peleas en las que se metía. Ahora lo ven de distinta manera, pero Capplannetta ya no es el mismo. Le cogió miedo a la vida, a la gente despreciable, en esos días de borracheras y broncas se dio cuenta de lo que el ser humano puede llegar a ser. Una bestia oportunista con ansia de venganza, es así, aunque nos duela admitirlo, el ser humano es despreciable, en fin, nadie es perfecto, pero cuando te agarran de cabeza de turco prepárate.

Capplannetta y Camarón

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Se llamaba José Monge Cruz, un santo para payos y todo un Dios para gitanos. Cuando yo descubrí a Camarón de la Isla no me transmitía, ya que era apenas un niño de catorce años. Pero a medida que iba creciendo y lo fui degustando (porque Camarón era como un dulce al paladar del que lo escuche) fui dilucidando, primero al hombre, después sus letras y después al mito. Fue como si encontrara un cantante que se va haciendo grande a medida que lo vas degustando (repito). Tiene canciones de muchísima valía, ya que todo su repertorio nos habla plenamente al alma, pero existen canciones de José que son todo un verdadero hallazgo que transmite directamente al corazón, con él fui descubriendo entresijos de la vida andariega, era como un lucero sacrosanto que me iba proponiéndome un camino a seguir, era como descubrir la vida no con los ojos y sí con los oídos. Su madre se llamaba Juana y era canastera, y su padre se llamaba Luis y trabajaba en la fragua, en ella, a golpe de yunque, martillo y clavo se fraguó todo un arte con un niño que tenía duende, era el séptimo hijo de ocho hermanos de raza gitana, para él el cante era algo más que una manera de expresarse, era una forma de vida, desde la cuna ya cantaba, hay testimonio de ello en YouTube. Camarón no cantaba desde la garganta, camarón cantaba desde las entrañas de esta tierra, para él la música era una manera de vivir, ya que de niño quiso ser torero, pero lo agasajaban con dinero y comida para que cantara, diciendo aquello de: -Que salga el rubillo, que salga el rubillo a cantar, sin saber, o sí intuir tal vez que aquel niño gitano blanco iba a marcar con letras doradas su paso por el mundo del cante flamenco, para él sus referentes eran Manolo Caracol y Antonio El Chaqueta, los dos, como precursores de una ciencia inexplicable, dieron paso al duende de la Isla De San Fernando (Cádiz). Camarón ha sido para mí un ejemplo, una enseñanza, una especie de pacto entre las musas de la consciencia y la Gran Verdad que los hombres sostienen. Escuchen a Camarón, deléitense con el mito, con el duende, con el hombre, y podrán disfrutar de un artista al que Mick Jagger le pidió sus calzoncillos para ver si se le pegaba algo de aquel hombre tímido, parco en palabras, pero con el talento de un gitano que se mete por méritos propios en los anales del siglo XX traspasando los tiempos de hoy como el gran transmisor de un mundo de sentimientos, y cante como jamás se ha visto, así que orgullosos debemos estar aquellos que nos topamos con su cante. Escuchen a Camarón.

Capplannetta y el basurero

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En la casa de mis padres, cuando vivía con ellos y pasaba el camión de la basura por la noche y terminaba el basurero de echar toda la basura dentro del camión, para avisar al conductor de seguir hacia adelante, el basurero silbaba fuertemente. Era fabuloso observar cómo se compenetraban basurero y conductor tan solo con un silbido. Mi padre ha sido conductor del camión de la basura tras haber venido como emigrante a Catalunya hace muchos años ya. Ahora los camiones de basura llevan una cámara y ya no hay operarios basureros, ahora lo hacen en prácticos contenedores donde se recicla. Todo se ha automatizado. Hay gente que tira la basura en cualquier lugar, por eso vas a playas o a zonas de ocio y están repletas de basura, basura ya en los portales de los edificios como antaño había ya no hay. Existen lugares donde no se recicla y los residuos sirven de sustento a zopilotes y también (por desgracia) a personas. Vayamos a la cuestión en sí.

Vivir en un basurero y vivir de la basura no es nada fácil, y muchas, pero muchas personas se ven obligadas a comer y refugiarse en los basureros. La miseria del mundo. Tercer mundo lo llaman. Y más que tercer mundo debería llamarse la panorámica visión del que nada tiene, del homeless, del indigente, del nadie. Aunque esto que digo no es nuevo. Se dedica en los medios de comunicación poco escaparate hacia estas personas, a veces un fotógrafo da un grito desde su objetivo mostrando al mundo la verdad del asunto, pero no parece conmovernos con eso. No me considero un hipócrita escribiendo sobre este tema (no suelo hacer de la pobreza y los que han padecido carencias conjeturas absurdas y redundar en un tema más de la cuenta como suelen hacer algunos, o sea, que no me meo en la sopa de los pobres) habiendo otros temas en los que explayarse, los sin techo son visibles en la calle, y yo por suerte tengo techo, aunque sea algo marginal y me he dedicado al mundo de la basura antaño (la chatarra mejor decir), pero con techo y mucha dignidad. La pregunta es la siguiente: debido a cómo están algunas personas en este planeta ¿queremos una patria mejor, con una sociedad mejor, o un mundo mejor donde no exista la pobreza, la contaminación y la injusticia? Hay quienes pueden decir, las dos cosas, pero somos humanos, demasiado humanos, resulta una obviedad decir que un mundo mejor, aunque es una utopía que cada vez se aleja más en el horizonte, es una esperanza que no hay que perder nunca.

Capplannetta y sus caprichos automáticos

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Ni yo ni mis antepasados vimos ni una diminuta brizna de sangre ni en Tenochtitlan ni en la batalla del Ebro, pero sí se nos escapaba la vida como agua derramada como de manos que se cierran, como viento salvaje, caprichoso y molesto, hostil e indómito. Trato de vivir sin imitar a los dibujos animados, esto podría llegar a ser un serio homenaje a la solemne seriedad del frac, manantial de agua tibia y también salada, soldado de plomo que no sabe el porqué ni el cómo se rompió una pata en un lugar de Sant Colom dels Coixos, un cantar primero es el sonajero y un palpitar pequeño en la quietud sin dueño, un niño de goma espuma con el pelo de lana, un jardín del mañana con un estanque repleto de ranas, tengo cuatro dedos que son niños, tengo cuatro dedos sin cariño, por la soledad del bosque vi un jilguero cantar, el jilguero cantaba y cantaba sin más, cacé al jilguero con liria de muérdago y se le ensuciaron las plumas de pegajosa liria, se las limpié con agua y aceite y ese jilguero ya no parecía jilguero, le puse el secador ante él y se asfixió, gajes del cazador con el perdón de ecologistas y demás gente sensible, pienso y con el pensamiento imagino que todo es parte de un ser como un niño feliz que ríe de mis tonterías, la carretera de Terrassa era un paseo de notorios adoquines, los recuerdo todavía, ese temblor en el SEAT de mi padre, y en la euforia de los festines con papel de aluminio me enrollo los michelines, tinc moltes ganes de tancar la paradeta, estoy esperando el ocre del otoño, estoy esperando el hogar y el acomodo, estoy esperando y al esperar lo pierdo todo, echo de menos los algodones, las sábanas de franela, los sueños de azúcar y las almohadas acolchadas y tiernas, echo de menos beber del porrón con mi abuelo, echo de menos els seus mugrons com cigrons, echo de menos los caramelos de eucalipto y las alfombras de felpa, echo de menos todo aquello que de nada queda. Vivo la vida sin rencores, vivo en paz y sin temores, vivo en la plenitud y sin temblores, me gustan los tomates con sal, me gustan los yogures en tarros de cristal, me gusta el arroz bien sucarrat y los nervios tranquilos repletos de paz.

Capplannetta de petit

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De pequeño espiaba a los mayores por debajo de los muebles de las casas. En la casa de mi madre, en la casa de mis tías, en la casa de mi abuela materna, así quiso que me encontrará el azar la cartera escondida de mi abuelo repleta de billetes, se la mostré a mi abuelo, y mi abuelo reía con su risa típica y fresca, y se lamentó de que ese no era buen escondite. Espiaba las conversaciones de mis mayores por los bajos de la casa, me enteraba de cosas tales como que la manzana que le diera Eva a Adán en la Biblia para morder no era una manzana, era el sexo, sí, yo me impresioné mucho, ya que no era así como me contaron el episodio en el colegio. Me gustaba ver las pantorrillas de mis vecinas cuando venían a visitar a mi madre. Sobre todo si eran jóvenes y lozanas, o estaban en edad para tener novio. Los bajos de una casa para un niño como yo lo fui eran una casa dentro de la casa que estaba arriba, las mesas eran una especie de cabaña, eran un mundo secreto donde yo era el señor de la casa. Era el custodio del secreto mundo que yo habitaba, jugaba con mis muñecos, hacía las tareas de la escuela, me comía mis bocadillos de pan con aceite, tomate y sal, esos eran los únicos ingredientes que tenía el bocadillo, y lo más interesante era que me gustaban.

Al contrario que yo era el custodio de los bajos de la casa, mi hermano lo era de los altos mundos de la casa. Recuerdo que una vez saltando en la cama de mis padres dio un salto incontrolable y se salió de la cama y se golpeó en la nuca quedando inconsciente. Mi padre del susto se le olvidó que iba en ropa interior y se lo llevaba de esa guisa al hospital. Desde entonces los dos optamos por habitar las casas como personas cívicas, decentes y normales.