Capplannetta y el McDonalds

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Uno de mis placeres es la comida chatarra, o la comida basura, como quieran llamarla. Me gusta el Burgerking, Kentucky, Viena, Telepizza, Domino’s Pizza, pero la que más, es el McDonalds, ahí sí que no perdono. Mi pedido consiste en un McMenú con patatas normales y Coca-cola zero, tres hamburguesas con queso, McNuggets de veinte y un helado McFlurry de chocolates, aunque hace mucho tiempo que no voy, pero debo decir que para mí eso es comida, mala o buena, pero comida sabrosa. Ya sabemos que engorda, casi toda la comida de ahora, vivimos en la variedad del menú universal y hoy día engorda casi todo lo que comas. Que no es sana, vale, no será sana, pero está muy rica. Es que entrar en un restaurante McDonalds y ya te abre el apetito. Hay quienes en lugar de un McDonalds prefiere un restaurante chino, o japonés, o tailandés, o un Kebab turco, son comidas buenas todas, pero con respecto a la salud ninguna de ellas pasaría el examen, he dicho esas, aunque hoy día puedes comer en cualquier ciudad comida de todo el planeta y las hay de todas clases y maneras. Comida buena, la peruana, lo sé a ciencia cierta, también la española hace furor en el mundo. Una cosa que también me gusta aunque sea caro es los restaurantes vascos de pintxos, son caros, pero es buena comida. Pero comida buena la que hace mamá, la de toda la vida, esa es mi preferida. Coman donde coman, gocen. Se puede disfrutar de la comida con conocimiento saboreando las delicias que nos gustan.

Capplannetta and a birthday party

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Últimamente solo celebro mis fiestas de cumpleaños con mis padres, sin nadie más, solamente me regala mi madre, son los únicos que me quieren bien, cuando ellos no estén me iré a algún lugar para ser feliz a mi manera, menos mal que existe Internet. He dedicado el libro que saldrá publicado en breve solamente a mis padres, he puesto: A mis padres, por su sacrificio absoluto. Sé hace mucho tiempo que sólo los tengo a ellos y ese sacrificio que hacen constantemente por mí se lo debo pagar con paz y tranquilidad hasta que fallezcan. Muchas cosas que hacen por mí que no diré, pero a ellos les debo todo lo que soy. Mi padre, un hombre bueno, demasiado bueno, nada perezoso, enamorado de mi madre, inteligente aunque se lleva mal con las nuevas tecnologías. Mi madre, luchadora, trabajadora, madre excepcional, mujer de su casa, es muy coqueta aunque fiel a mi padre hasta el fin de ambos. Tengo una maravilla de padres. Se han sacrificado por mí siempre. Buenas enseñanzas, buenos consejos, mi madre es más práctica que mi padre y maneja mejor las nuevas tecnologías. No quiero daros el coñazo, pero mis padres son sencillos, honrados y buenísimas personas. He dicho antes que menos mal que existe Internet, en Facebook, Whatsapp y en Instagram me felicitan los conocidos. Tengo a un montón de familiares borrados, sé que no me quieren, yo tampoco a ellos, no es que sea un antisocial ni nada de eso. Soy distinto, soy yo y mis circunstancias, como decía aquel. Me consuela contar esto aquí, en este lugar, si me preguntaran que tengo de outsider diría: todo.

Capplannetta y las sombras

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Las sombras son sombras desde mas allá de la noche de los tiempos, las sombras de la nada las llamaban los poetas en épocas pasadas allí en el territorio del Al-Andalus. Las sombras son un misterio porque nacen en las cosas primigenias, sin las sombras no seríamos hombres; luz y oscuridad, ¡qué dos materias contrarias con alma de galaxia son las sombras! Las sombras pueblan de voces las flores que ha de conocer el alba, y en esas sombras se encuentra la madre aún pariendo de sollozos su esperanza lograda de carne nueva, el niño se decanta por llorar ante la luz y estuvo en la sombra de la vida nueve meses latiendo. Aurora que emerge esbelta entre los polos opuestos, clima de siete plegarias busca breve símbolo de luz de resplandor allá en la luminosa mañana, se entregan las sombras a la noche, y en el día son grises virtudes que el sol alimenta, cuerpos fatuos se esconden de la gran verdad sin templo ni efigie ni deidad, un cascabel rodando es el preludio de que hay vida adentro, de que es cierto, es la semilla de toda criatura, allá en las cuevas grandes y en las minúsculas, en los mares y toda la tierra es sombra. La luna, miles de veces verdad, se mide en la altura y otorga sombra a quienes la busquen, no dudéis que han de encontrarla, no dudéis que también el fuego será el primer protagonista del progreso del hombre, voz de los hombres, animales, pueblos del mundo, flores de los siete climas, fugitiva de desprecio es la hipocresía y la piedra quieta resulta ser verdad, el viento apaga los pequeños fuegos, pero a los grandes los convierte en infiernos. Sombra la de Fausto, sombra la de Alonso Quijano, sombra la de Jaun de Alzate, sombra la de Aureliano Buendía, sombra la de Dorian Gray, sombra en los cuatro puntos cardinales, sombra, magnífica sombra, sombra, sombra. Buena y mala sombra, el destino aguarda la buenaventura. Dios mediante.

Capplannetta y su primer poemario

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Ahora en septiembre se cumplen veinte años desde que publiqué mi primer poemario, debo decir que a estas alturas no lo hubiese publicado. El libro se titulaba El Grito del Arlequín, era una especie de poemario de cuentos, con siete u ocho poemas mal rimados y largos como día sin pan. Repito, hoy no lo hubiese publicado, pero lo publiqué y fui mal asesorado, era mi primer libro y me quería comer el mundo, pero el mundo me engulló a mí antes. Tuve que aguantar que me tildaran de Poeta de las razas, que cojeaba mi poesía y muchas cosas más que no diré por vergüenza. A lo hecho pecho, eso dicen, pero era un libro de un chaval joven que quería ser poeta (empezaba a serlo) aunque el hecho de ser poeta no se me puede atribuir ni ahora, ahora que mi poesía ha mejorado, ahora que estoy más leído (aunque no lo suficiente) y ahora que tengo experiencia en auto publicación, experiencia, que la dan los años, y la vida que enseña, maestra vida, y he llenado muchos cuadernos de tinta para acabar escribiendo ante una computadora. Pero de lo que más me alegro es que todo tiene su proceso, y todo escritor que pretenda escribir decentemente bien debe leer, leer, y leer, y hacer no poca cura de humildad. Han pasado veinte años pero sigo siendo el mismo, a veces peco de ingenuo, otras de soñador e iluso, pero bueno, son cosas por las que luchar, la escritura, he leído a los clásicos (no a todos) aunque me queda tanto por leer… La verdad es que no leo demasiado a mis contemporáneos publicados, en realidad leo mucho blog, escribo, pero trato de leer todo aquello que me parezca interesante, hace mucho que no voy a una librería, tampoco a la biblioteca, me suelo descargar PDFs por Internet, también compro, pero estoy orgulloso de mis libros, a ver si vienen tiempos mejores.

Capplannetta en la Taberna Fantástica

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Poco se habla, o tal vez poco se conoce, la gran obra de teatro La taberna fantástica de Alfonso Sastre escrita en 1966 y estrenada en 1985. Quizá sea porque el autor anduviera en sus últimos años entre “malas compañías”. Pues en sus últimos años anduvo con la izquierda abertxale, si consideran los tuercebotas que éstos son los malos; ni malos ni buenos, los ideales van en otra dirección, o a otro ritmo a la obra de un escritor o poeta, sea cual sea su raigambre o su raza. La taberna fantástica es un espejo fiel de la España analfabeta y también de su lumpemproletariado más enquistado en el norte de España, en las dos Castillas y en la Capital. Hablo en especial de la etnia de los mercheros, de los mal llamados kinkis, de aquellos que se dedicaban a hacer la quincalla, a hacer utensilios de menaje con latas y materiales fáciles en ese manejo del oficio marginal y hoy en día en desuso. Cuando hablo de mercheros también hablo de estigma social, de marginación, de jerigonza distinta, chapurrean entre el romaní y la jerga del lumpen, viven en clanes como los gitanos, y muchos son carne de presidio, y en algunos casos de reformatorio. Rafael Álvarez “El brujo” nos deleita (otra vez) con un monólogo que empieza con Mi vida es una novela y sigue en su papel de Rogelio “el hojalatero” y después sigue como colofón del monólogo el interpretado por Vicente Cuesta en el papel de “Carburo”, aunque también he visto la obra en el papel de “Carburo” a Juan Luis Galiardo; la génesis y la estructura de los dos monólogos, el de Rogelio primero y a la zaga el de Carburo, gozan de una expresión dramática que no nos deja indiferentes, refleja muy bien la vida de aquellos años de abusos y tropelías variadas contra la población más débil debido a la vida nómada y por parte de las autoridades de la época, fascistas y severas. La taberna fantástica es una brillante obra de teatro, que abre espacios para conocer tal idiosincrasia española, no es un mundo para hacer turismo ni para tomarlo con frívola distancia, pero sí relevante socialmente hablando. Hoy día los mercheros han dejado sus carros y su quincalla, algunos son afiladores, o los ves por los mercados vendiendo sillas o aparejos de cocina. Muchos son analfabetos, pero son astutos en los temas de la vida, y usan una picaresca adormecida por las vidas de confort algodonado y acolchados entreactos de modorra hipócrita como sobremesa que estamos viviendo hoy en día. Busquen en YouTube La taberna fantástica. La sugiero y anticipo luminarias de entendimiento y de conocimiento enriquecedor. Es todo un ejercicio antropológico de cómo han ido cambiando los tiempos, parafraseando a Dylan, y se sentirán con el privilegio de husmear en la vieja Europa más negra y en la huella que rastreamos aquellos que no nos conformamos con las historias de celofán y materiales sintéticos como el poliéster de gran hipermercado y rebajas de oropel, o el moderno nylon de desprecios ocasionales y decadencia que aparta y margina dentro de martingalas provenientes desde los aires de grandeza y ridícula superioridad del todo gratuita. Véanla.

Capplannetta y Sid Vicious

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Recuerdo el año 1995, y sobre todo recuerdo el mes de agosto de ese mismo año, por aquellas fechas yo bajé para Sevilla, y estuve en el pueblo de mi padre, llamado El Ronquillo. Por aquella época yo bebía alcohol y fumaba hachís, y en ese pueblo pasé unos días que tuvieron cosas buenas y otras no tan buenas, las denominaría como desavenencias con alguna gente. Al parecer mi gente cercana estaba preocupada por mi riesgo de próxima locura, y recibí consejos, advertencias y reproches sobre mi vida de punkarra de medio pelo, ya que en esa época yo tenía un cuerpo delgaducho y me parecía (según decían) al bajista de los Sex Pistols Sid Vicious. Mi manera de vestir y mi vida desaforada hacían pensar que tenían razón. No era mi intención parecerme a Sid, tampoco trataba de imitarle, pero en ese pueblo pequeño daba la nota. Lo siento por mis padres, pues no lo pasaron bien, recuerdo hechos que ocurrieron en esos días que han repercutido en mi vida para siempre. Aunque yo, cámara en ristre, hice unas magníficas fotografías tanto en el pueblo como en Sevilla capital. Me reencontré con la niñez de mi padre, pero a él no le gustó que fuese yo a su pueblo sin mis padres. Quizá de otros males que no diré me hubiese librado. Pero la vida habría que vivirla naciendo dos veces, aunque algo que no sé explicar nació en mí desde aquel agosto de 1995, es un misterio, cuando llegué a casa de mis padres me compré un cuaderno y comencé a escribir, hasta ahora.

Capplannetta conectado

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Escribir fragmentos del nunca te olvido me ha causado no pocos problemas, entre tantos y tantos poemas jamás me olvidé de lo que he sido, porque causan los estériles temas orgasmos con un embudo, o tal vez con un condón, causan las críticas con flemas con que me quemas picantes y sonantes fonemas en el blog de la vida sin aquel pudor, me quedo con aquello que te pido aunque no tenga yo tus antenas, tengo un singular aullido allá en mis noches serenas, y me queda la ilusión en ristre de  ser parte de esta conexión, por Antequera a veces he salido, también a purísimas penas, entre tetes y también nenas de ese glosario de la guía fría de la emancipación; he llorado y he sufrido, me he agujereado las venas entre desayunos y cenas, deprisa he vivido, otras he digerido mi repetida mañana sin sol, muchas veces rozo el absurdo, otras me sacudo los apellidos, a veces soy causa de gazapos con toses y ruidos, otras me retracto de ver a este mundo burdo, siempre creo que vendrá algo peor, y otras tantas todo un bien menor, sé que soy un garrulo pero no me lo digas que me aturdo, te disgusto si me quedo en calzoncillos, sé que perdí unos siete tornillos, y trato de disimularlos con un rotulador, hay veces que mastico el amor del todo crudo, no creo ni en ser feliz de un estornudo ni en repetir siempre la mismísima torpe canción, hay veces que me disculpo, otras tantas acaricio mi turno, y después que vengan con zarandajas, me parten el alma en rodajas, ya no tengo aquel mal vicio nocturno, ni me aplico en ninguna rebelión; soy de los que cortan bien las barajas, conozco bien a los mejores tartajas, deambulo el patio taciturno, siempre con las rebajas de este saldo de cara al exterior, no creo en jaulas de oro ni veo en ojos ajenos las pajas, me río de este juego con tus posibles ventajas y de los pedantes de medio pedo que asaltan el televisor, no creo en Torrebruno ni me planteo comerme tus tristes migajas, no me recuerdes que no te veo, prefiero todas aquellas mareas bajas y me bajo si me mareo, tú tal vez te mareas cuando te bajas, no digas miedo si no te rajas, el miedo es miedo y es un gran impostor, no pretendo ser ni súper López, ni pretendo ser Mister Proper, prefiero ser tan solo yo. Y después yo. Solamente yo.