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Capplannetta y lo opcional

He optado por no ver ningún telediario, de ninguna cadena de televisión. O hablan de Catalunya, o del coronavirus, o bien, sesgan la noticia según les convenga a un canal u otro, dependiendo de la vertiente política. No voy a encasillar canal por canal como un crítico verdugo, pero estamos en una época de fake News donde la desinformación reemplaza según les convenga a los directivos televisivos. Prefiero Twitter, aunque prefiero informarme sobre el apartado cultural, detesto el panfleto deportivo, y también el panorama político, que como ya se ha dicho otras veces es una farsa. Prefiero ver en televisión un programa de cocina que uno que repase la actualidad, sea ésta cuál sea, da igual que sea noticia sobre sociedad, sobre economía, sobre el estado sanitario, o sobre cualquier debate insulso sobre cualquier tema, me creo más un documental sobre países en guerra, que son todos desoladores, que un noticiero infumable, sobre todo si es de Telecinco, es lo que en el documental llaman la videocracia, o la desfachatez garrula de la era postberlusconi. Echo de menos mucha televisión de antaño antes que la que se ofrece ahora. Lo único que me complace es la gran variedad y versatilidad de la televisión actual, si no te gusta algo puedes sustituirlo por algo de interés. En fin, cambian los tiempos como decía Dylan, pero a pasos agigantados. 

Capplannetta y la tumba de los mitos

Después de los mártires del rock muertos a la edad de veintisiete años que dejó su poso de estrellas en la memoria colectiva de los carcas como yo, pues ya no hay mitos como los de antes, en realidad ya no hay mitos. El glamour de las estrellas del rock, del pop o del soul ha llegado a su fin. Ni Marilyn Monroe interesa ya, los mitómanos se han extinguido y una plaga de milenials nos hunde bajo sus costumbres nuevas. Se perforan, se tatúan y se hacen el harakiri mientras siguen a mitos Manga dibujados en píxeles romanticones y se hacen otakus, o lo que es peor, hikikomoris como egos influyentes de Peters Pans sin Campanillas. Los mitos de ahora son epopeyas japonesas de samurais rosas y con la cara amarillenta debido al mísero sol que toman. Las gestas épicas de los Anime embelesan a estos chicos de hoy. La mitomanía se esfumó con Amy Winehouse y ya David Bowie murió de viejo. Porque está claro que los mitos han de morir jóvenes y dejar un atractivo cadáver. Las pegatinas, y la cultura pop, ha sido suplantada por el copy and paste, y los cantautores mueren viejos y con garraspera. La eternidad de los mitos ha sido devorada en unos minutos. Las migas y demás pelusa se ha arrinconado entre el roúter y la antena colectiva. Ya no creemos nada más que en las empalagosas historias Disney y en los preámbulos de la era de las epidemias pangeistas, ahora se remplazan la moda de accesorios por la moda de las mascarillas a juego, o aún peor, en los pormenores chovinistas de unos cavernícolas que rehúyen del arte rupestre para convertirlo en arte de la aventura de los parques temáticos y los conciertos con distancia de seguridad, nos invaden las máscaras, la medicina biológica hace furor, los chinos siguen subiendo mientras compran lingotes de oro e inventan coches eléctricos, el único lugar respetable serán los ebooks, y las vacunas contra el coronavirus serán una panacea a la que los pobres del mundo no tendremos derecho, Hollywood exhibirá series y miniseries como influjo a tanta parsimonia porque el bostezo de la mala diversión se reemplazará por sueños de oropel, papel couché y monigotes del star system. 

Capplannetta y lo que verdaderamente importa

Que no se debe ser ni racista ni xenófobo ni homófobo ni fanático no es sólo un aliciente para demostrar que eres buena persona, es además una obligación que lleva implícito que no se debe ser hipócrita y sí honesto, que no se debe ser cínico y sí sincero, que no se debe ser despreciable y sí amable. Porque es un hecho que no debe reivindicarse, sino que debe darse de forma natural, aprendamos más de los niños y los ancianos, y no tanto de ismos y vertientes beligerantes y pretenciosas. Que nadie es más que nadie, ya sea de la religión, nacionalidad o condición social que sea. Pero todo esto es tópico pueril, y cuando se le atribuye a todo esto el término de tópico, unido a este, al de pueril, las cosas no van bien, y no es nuevo. Somos la escaleta de una aventura que vivimos desde los ojos del yo interior, de nuestra presencia íntima y ególatra. Dejemos atrás las retóricas, los academismos, dejemos atrás el patetismo humanista, hagámonos amigos, busquemos otra verdad, compartamos, mezclémonos, que el mundo no sea un dime y direte, o un toma y dale, o un saca y mete, el mundo, esa piedra azul en la que vivimos es el único lugar donde podemos estar, hagámoslo confortable. Basta de egolatría, basta del suma y sigue, ya sé que todo esto suena muy hippie, pero no es hipocresía, es lo que verdaderamente importa ahora, ya, hoy, en este mismo instante. Ahora. 

Capplannetta y otra crisis de la cultura

Tengo un hermano técnico de electricidad en conciertos y lugares donde hay mucha concentración de personas, por lo que la empresa donde trabaja está parada por el puto COVID-19. Al parecer le han dicho en la empresa que va para largo, y por lo que parece, va a peor la cosa. La gente (y el gobierno) se queja de que hay que dejar distancia de seguridad e ir con mascarilla, pero no dice nada al respecto sobre el efecto llamada al turismo. No remedia que los temporeros de Lérida y Huesca estén en condiciones paupérrimas y por eso sea zona de contagio. Tienen a Barcelona en Fase 2 y esto tiene pinta de ir a peor. El mundo de la cultura de gran público, las librerías y los museos se ven afectados por este desarrollo de la progresiva pandemia. Como dice un amigo, esto tiene carácter de distopía, y de hacer ver que las cosas están bajo control y es por el hecho de salvar al turismo. Nada más por eso, el turismo es la base de la economía, ya que nuestra principal fuente de crecimiento es el sector servicios. El fútbol ha acabado su liga, pero no se hace teatro, no hay cines, no hay conciertos, las librerías están cerrando a montones, y los museos aguantan porque están subvencionados y protegidos por el estado. Pero toda la industria de cultura y ocio está de brazos cruzados, repito, no se hacen conciertos ni fiestas populares, por lo que los feriantes también es un sector en crisis. Las discotecas cerradas, sólo bares y más bares, la España de la borrachera, Lubricante Social como bien dice Frank-T. Echan la culpa a los jóvenes de que hacen botellón y hay mucho contagio de juventud, esperamos acabe bien.

Capplannetta y la prisa cronometrada

Prisa en la desesperanza, es un artefacto que se descompone. Un atril en un teatro antes de comenzar la función, una rodilla que cruje de tuétanos y sangre coagulada. Todo esto son retazos de recuerdos que se esfumaron en el olvido. Simular paciencia cuando estás desesperado es una autocrítica de preámbulos por las que derramarte, por el esperar mientras ayuno. Busco un lugar hacia donde ir. Un sitio en el que presentar mis credenciales, ya que no tengo lugar donde presentarme, y mucho menos, donde presentar credenciales. Quisiera encontrar a alguien que me dé una carta de recomendación, pero no dispongo de grandes proezas, nunca fui un buen empleado, ni soy ciudadano ejemplar. No digas que este poema en prosa se abre de pétalos como una flor, basta, para mí ya se acabaron los poemas escritos en la arena del mar, para mí ya se suicidan los largos poemas con una promesa mundana. No quiero engañar al lector con costuras, ni con bisagras ni cerrojos, quiero ser yo, aunque tenga la prisa de aquel que tanto me hizo esperar por una dosis de veneno. Ni las plegarias se han hecho para mí, cada vez me acerco más a escribir la última elegía, todos escriben sus memorias, yo me olvidé de mi pasado, ahora que me he hecho un hombre bueno, ¿me queréis devolver la libertad que era tan mía? Y la respuesta es no, prendieron fuego a mi paraíso, mientras yo vegetaba con la carne de mi primer orgasmo de primavera.