Archivo de la etiqueta: cibernetica esperanza

Superhombre

Por que los dioses que adquirí los fui perdiendo con el tiempo, en este universo sentí que los errores se alivian con ibuprofeno, por que los dioses que deseché se hicieron perversos y pequeños, como demonios nutridos de sal, como pensamientos que duelen adentro, por que los dioses que no respeté los respetaron tanto todos mis ancestros…, por que cien mares crucé y todos los dioses eran pequeños, por que el hombre que es tan necio los hizo grano de arena en el desierto, yo sé que los dioses son grandes por lecturas y épicas que me afectan de lejos, yo sé que las epopeyas que derramé nada más dormirán en un remanso a ms nietos, como cuentos de índole popular, como historietas de trazo incierto, por que los dioses que derroté hicieron añicos mis sueños, por que los caminos que yo mismo empecé otros lo siguieron haciendo, por que yo no soy hombre sin un dios en un papel, yo necesito de alguien en el cielo, los dinosaurios dominaron la tez de esta tierra milenaria en este universo, fenecieron y se extinguieron tal vez por un asteroide con un efecto travieso, por que todos los dioses que perdí en mi humanidad de mil leches se fueron tal vez escondiendo, por que vivir es creer, por que yo he visto llover, por que los dioses que disipé en otras dudas disipé lo verdadero, por que los dioses que yo creí desde miles de mentiras me parecieron sinceros, por que yo soy un hombre a la vez que un pedazo de carne infiel, soy un hombre que fue y que será en un futuro material muerto, por que me muero, lo sé, me muero y eso debiera hacerme más bueno, por que de cien dioses que adquirí, mi conciencia los hizo verdaderos, ¿qué conciencia me quedará si al ser yo malo tiro mi conciencia de dioses al basurero?

Te quiero

Lima te quiero, te quiero mientras estás eternamente nublada, D. F. te quiero, mientras seas un monstruo horizontal que se hace inmenso como una bestia que se arrastra, te quiero Guayaquil, te quiero mientras seas la costa mórbida e injusta que no quiero que seas, te quiero Latino-América, te quiero por que eres mestiza, quizá como yo lo soy, aquí en la Madre Patria, te quiero con tus mitos en blanco y negro, te quiero con tu dejo de extranjera permanente, o SOS vos o SOS yo, te quiero América mestiza con tus indios ante el Mr. Qwerty, te quiero con tus brebajes en la sopa, con tu pelícano en el plato, con tus misioneros ciegos de Europa y tus conquistadores ciegos de ti, te quiero Cantinflas, te quiero Tres patines, te quiero Bola de Nieve, te quiero Chavo del 8, te quiero Mara Salvatrucha, te quiero injusta calavera de muerte, te quiero Gardel, te quiero Maradona, te quiero Ché, te quiero Fidel, te quiero Cienfuegos, te quiero Chabuca Granda, te quiero Zambo Cavero, te quiero Eva Ayllón, te quiero Galeano, te quiero Neruda, te quiero Parra Nicanor, te quiero José Watanabe, te quiero Zambra, te quiero Pelé, te quiero Cartola, te quiero América superficial, anodina e hipócrita, quiero a tu doble moral, a tu desdicha de 24 horas, te quiero en calzoncillos, te quiero panamericana, te quiero entre tus cloacas de cera, te quiero Porto Alegre, te quiero y te querré, por que tienes algo que es completamente mío.

¿Hogar o Paraíso?

La primera vez que vi la segunda parte de la trilogía El Padrino, cuando el niño Vito Corleone llega a New York y lo tienen en cuarentena debido a su tuberculosis se pone a musitar una melodía provinciana italiana, se oye al abuelo-niño cantar la canción y luego esa escena enlaza con una comunión, la primera comunión tomada por su nieto. Esa melodía es para mí sagrada. Me hace espectador de primera fila cuando mis abuelos emigraron desde Andalucía a Cataluña. Ese pequeño niño escuálido y tuberculoso me evoca la podredumbre vivida en esos años, años de miseria y de refugiados del hambre, de las penurias vividas por mis abuelos. Ese pequeño niño cantando una canción es el símbolo universal de todos los inmigrantes del mundo, o al menos debiera serlo. Ese niño llegando solo a New York, es como aquél gallego que llega a las costas de Buenos Aires, esos abuelos míos llegando desde su pueblecito pequeño a la gran urbe en la Estación de Francia, todos creen llegar a un paraíso, todos creen que la vida será pan comido, entonces ellos ignoran que trabajarán duro para ganarse la vida. Que aceptarán trabajos precarios y el patrón no sentirá ninguna conmiseración con ellos. El paraíso que tenemos idealizado puede estar en nosotros, adentro de nosotros, es el único lugar donde podemos estar como en casa, y además es el lugar que mejor conocemos. Como dice mi padre: en ningún sitio como en tu casa. El mejor paraíso de un hombre es el lugar donde al menos obtiene dos placeres a la vez, ese creo yo es el paraíso ideal, si se obtienen dos placeres a la vez es un lugar especial y si en ese lugar obtienes más de dos placeres ese lugar es tu hogar, al cuerno con el paraíso, mejor hogar, hogar, dulce hogar.

Mi extraña criatura ya está aquí

Hemos tardado, quizá demasiado, hemos sumado más textos, textos como una entrevista ficticia a Capplannetta, siete textos ensayísticos (si se me permite el término), tres poemas más, y nuevos enlaces. Se puede adquirir la obra en ePub y en Pdf, obra que nos transmite la incomunicación comunicando, comunica la verdadera incomunicación. Estos son algunas de las perlas que encontrarán en los eBooks:

  PERFIL DE CAPPLANNETTA

 Casimiro Oquedo Medrado (Sabadell, 1976)

 Enjuto carácter como ideal. Prima en lo primario y como pensar sostiene distintos lastres, que no solo le arrugan el paladar, sino que duelen allá según lo traten. Solitario, mezquino, locuelo y haragán. Ermitaño, introspectivo, mira-suelo, e intratable. Solterón, pegotero y cara de pan, pejiguera, cacaseno y un pobre don nadie. Infla el desastre como tripa ha de soplar, gaita que suena sola aunque no soplen su traste, patria de soledades con las que dialogar, su retórica parece conversar en braille, no pisa en sembrados aunque demasiado resbala en el lodazal; su verdadera pasión es la blogosfera, el Networking, el Net-Art y el vídeo-arte. Suma, resta, copia y pega en vertical. Parafrasea la vacuidad del aire, fomenta y proclama su libertad. Adopta como emblema la no-felicidad y desnuda lo real al hacerlo visible y palpable. Lucha del idiota en la pleamar. Extramuros que ven su yugo como no-considerable.

Capplannetta ha vuelto, y esta vez viene para quedarse.