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Pelea entre hermanos

Un 18 de julio de 1936 me peleé con mi hermano a garrotazos. La pelea podría parecer cualquier pelea de dos hermanos que discuten por cualquier cosa sin importancia, pero no, resultó ser algo más serio de lo normal. Empezamos a darnos garrotazos, perdimos los dientes, nos amoratamos la carne, nos hicimos jirones la ropa, nada, una vulgar pelea entre hermanos. Hermanos de la misma sangre, hermanos desde el nacimiento, se pudrió el recuerdo de nuestra infancia, un recuerdo que como en todas las infancias resulta ser placentero, en nosotros se convirtió en un rastro borrado con las manos para despistar al cazador. Una pelea entre hermanos es algo duro para cualquier madre que lo presencie, cuando nos peleamos mi hermano y yo a garrotazos mi madre se desmayó. No sé si fingió para que paráramos o en realidad se desmayó al sentirse impotente, pero nosotros aún así no parábamos de darnos garrotazos. Estuvimos dándonos garrotazos tres años. En 1939 acabamos de darnos garrotazos, paramos exhaustos, ya no teníamos más fuerzas. Yo me tuve que ir al pueblo vecino para no verlo y para que él no me viera a mí, él se quedó en el pueblo, con la finca y el ganado heredado de nuestros padres y abuelos. Él pudo lavarse, curar sus heridas y cicatrices, cambiarse de ropas, yo, al contrario, anduve como un fantasma por los pueblos vecinos huyendo de la Guardia Civil caminera, y de otras personas que estaban de parte de mi hermano. Estuve vagando por las tierras vecinas, estuve alejado de mi Villa durante décadas, él, al contrario, se hizo dueño de todas las tierras del lugar, tierras de las que yo estuve desterrado. Aún sabiendo todo lo que me ha hecho mi hermano, aún así, lo quiero. Él es mi hermano mellizo, tengo toda una infancia vivida con él, y además tenemos la misma sangre. Lástima que él no haya sentido lo mismo nunca, lástima que haya represaliado a mis descendientes. Cuando él muera en la cama, ya en su última agonía, se arrepentirá quizá cuando ya sea demasiado tarde. Yo he vivido siempre huyendo, él ha vivido siempre en la comodidad y el confort. ¿Para cuándo la justicia? Los dos nos dimos palos, los dos somos víctimas, tenemos la misma sangre, solamente las ideas nos enfrentan, ideas que podemos discutir sin lugar a los garrotazos, pero él siempre aprovechó mi benevolencia para usarla dándome golpes. Si yo hubiera usado la fuerza el gallo rojo me cantaría.

Superhombre

Por que los dioses que adquirí los fui perdiendo con el tiempo, en este universo sentí que los errores se alivian con ibuprofeno, por que los dioses que deseché se hicieron perversos y pequeños, como demonios nutridos de sal, como pensamientos que duelen adentro, por que los dioses que no respeté los respetaron tanto todos mis ancestros…, por que cien mares crucé y todos los dioses eran pequeños, por que el hombre que es tan necio los hizo grano de arena en el desierto, yo sé que los dioses son grandes por lecturas y épicas que me afectan de lejos, yo sé que las epopeyas que derramé nada más dormirán en un remanso a ms nietos, como cuentos de índole popular, como historietas de trazo incierto, por que los dioses que derroté hicieron añicos mis sueños, por que los caminos que yo mismo empecé otros lo siguieron haciendo, por que yo no soy hombre sin un dios en un papel, yo necesito de alguien en el cielo, los dinosaurios dominaron la tez de esta tierra milenaria en este universo, fenecieron y se extinguieron tal vez por un asteroide con un efecto travieso, por que todos los dioses que perdí en mi humanidad de mil leches se fueron tal vez escondiendo, por que vivir es creer, por que yo he visto llover, por que los dioses que disipé en otras dudas disipé lo verdadero, por que los dioses que yo creí desde miles de mentiras me parecieron sinceros, por que yo soy un hombre a la vez que un pedazo de carne infiel, soy un hombre que fue y que será en un futuro material muerto, por que me muero, lo sé, me muero y eso debiera hacerme más bueno, por que de cien dioses que adquirí, mi conciencia los hizo verdaderos, ¿qué conciencia me quedará si al ser yo malo tiro mi conciencia de dioses al basurero?

¿Hogar o Paraíso?

La primera vez que vi la segunda parte de la trilogía El Padrino, cuando el niño Vito Corleone llega a New York y lo tienen en cuarentena debido a su tuberculosis se pone a musitar una melodía provinciana italiana, se oye al abuelo-niño cantar la canción y luego esa escena enlaza con una comunión, la primera comunión tomada por su nieto. Esa melodía es para mí sagrada. Me hace espectador de primera fila cuando mis abuelos emigraron desde Andalucía a Cataluña. Ese pequeño niño escuálido y tuberculoso me evoca la podredumbre vivida en esos años, años de miseria y de refugiados del hambre, de las penurias vividas por mis abuelos. Ese pequeño niño cantando una canción es el símbolo universal de todos los inmigrantes del mundo, o al menos debiera serlo. Ese niño llegando solo a New York, es como aquél gallego que llega a las costas de Buenos Aires, esos abuelos míos llegando desde su pueblecito pequeño a la gran urbe en la Estación de Francia, todos creen llegar a un paraíso, todos creen que la vida será pan comido, entonces ellos ignoran que trabajarán duro para ganarse la vida. Que aceptarán trabajos precarios y el patrón no sentirá ninguna conmiseración con ellos. El paraíso que tenemos idealizado puede estar en nosotros, adentro de nosotros, es el único lugar donde podemos estar como en casa, y además es el lugar que mejor conocemos. Como dice mi padre: en ningún sitio como en tu casa. El mejor paraíso de un hombre es el lugar donde al menos obtiene dos placeres a la vez, ese creo yo es el paraíso ideal, si se obtienen dos placeres a la vez es un lugar especial y si en ese lugar obtienes más de dos placeres ese lugar es tu hogar, al cuerno con el paraíso, mejor hogar, hogar, dulce hogar.