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Los árboles

Los árboles son testigos mudos de que todo eso ocurrió, de que nosotros como náufragos propiciemos nuestra propia tormenta, los árboles saben que todo murió, ellos saben y sabrán que solo quedarán ellos cuando nuestro invierno intervenga. Los árboles saben que somos prisioneros de esta jaula llamada amor, los vinilos de Chet Baker suenan dulce y con sosiego pero ignoran que nuestro amor fue un huracán interior, las jaulas se predicen, se predicen en una hermosa canción, se predicen las derrotas, se predicen en nuestro interior. Los poemas escritos en la lluvia tienen nuestras lágrimas secas en el papel de nuestro amor, amor solo para los dos, amor que se pervierte en el color o no-color, amor que nos hace daño en las sobras de nuestro reposo en aquel rincón, rincón que es jaula de oro, rincón que es poesía cruda, rincón y terca prisión, los árboles son testigos de nuestra bella canción, canción que se mueve suave y no alza ni baja su voz, Chet Baker está muerto, también moriremos tú y yo, esos dos que también saben que los árboles uno a uno y quietos en su raiz, los árboles fueron testigos de la derrota de los dos, la derrota plagada de vacíos, derrota humana del amor, los árboles cuentan años con anillos a su alrededor, nosotros nos desprendemos de anillos y testigos y los años en prisión, ahora somos dos niños que dejaron usada su canción, dejaron calzada su derrota y dejaron liberada la última cuestión, cuestión que nos da la razón ahora que el presente es voz, pasado de los árboles eternos y futuro sin ni tú ni yo.

Bonita Mentira

En la larga noche de los quinientos años me consuelo y me acurruco con Audrey Hepburn, Ava Gardner, o la vieja y sufridora, pero con una personalidad acojonante, Anna Magnani, me acurruco y pienso: ¡qué realidad más bella tiene el cine! Por que, no me podéis decir que el cine es mentira, que la ficción se impone a la realidad. No, no me digáis que el cine es un sueño fingido, no me digáis que la sonrisa de Gary Grant es mentira, que la mirada de Gilda no te deja sin aliento, no me digáis que Santa Claus no existe. No, me niego a aceptarlo. Con lo bonita que es una mentira, una mentira de la cual me emociono sin duda, de una mentira que me hace gimotear sollozando toda mi madurez crédula sobre el despojo de vida material y rutina fragmentada que es el día a día desde nuestras jaulas de oro. No me digáis que Robert de Niro miente en Taxi Driver, no me digáis que Audrey no es real en Desayuno con Diamantes, no me digáis que Al Pacino finge en su último rodaje. No me digáis que en esta vida se muere y que los sueños se quedan por hacerse realidad, se quedan sin la verdad que los hace gas y se evaporan, no me digáis que las ilusiones se esfuman como un pensamiento transitorio, no me digáis que la verdad se debe aceptar como acepta un animal su último tango en Paris, no me digáis que la alegría es pasajera como los pájaros de Hitchcok, no me digáis que mis sueños son de aire y en la tinta se hacen cine, no, no me lo digáis, decidme, engañadme, mentidme, que quiero vivir ese sueño una vez más.

Las guerritas de la paz

Mientras que los demás hacen la guerrita inofensiva de la paz, paz asquerosa entre el Barça-Real Madrid como eternos rivales. Unos son los patriotas, los orgullosos de la patria grande, una y libre, los otros, los defensores de su patria pequeña, de su patria burguesa, en las dos media el dinero. Admiración del mundo que reúne y reparte para cada cual un trozo de sus victorias repetidas. El fútbol es una guerra inofensiva, es lucha fratricida pero menor, en España se vive el fútbol como una manifestación, afirmación, exaltación de la hombría. Esos machos que apartan o atraen a su juego a las hembras sometidas al hogar, las mujeres lo viven casi o igual que los hombres. La patria, que cojea como una leprosa, se enorgullece de sus hijos, se enorgullece de la ostentación y de la importancia que se da al contencioso de guerreros del balón. Ganan el mundial de fútbol y ya se creen los amos del mundo, se creen los vencedores de todas las guerras. Parecido esto al sentimiento de haber nacido en los Estados Unidos. La hombría es la sombra donde se esconden los maricas cobardes, ellos se dicen, a mí me gusta el fútbol, soy como los demás, y la verdad los aparta como desechos adictos al tranquimazín, al diazepán, y la muralla es más y más alta.

Mi extraña criatura ya está aquí

Hemos tardado, quizá demasiado, hemos sumado más textos, textos como una entrevista ficticia a Capplannetta, siete textos ensayísticos (si se me permite el término), tres poemas más, y nuevos enlaces. Se puede adquirir la obra en ePub y en Pdf, obra que nos transmite la incomunicación comunicando, comunica la verdadera incomunicación. Estos son algunas de las perlas que encontrarán en los eBooks:

  PERFIL DE CAPPLANNETTA

 Casimiro Oquedo Medrado (Sabadell, 1976)

 Enjuto carácter como ideal. Prima en lo primario y como pensar sostiene distintos lastres, que no solo le arrugan el paladar, sino que duelen allá según lo traten. Solitario, mezquino, locuelo y haragán. Ermitaño, introspectivo, mira-suelo, e intratable. Solterón, pegotero y cara de pan, pejiguera, cacaseno y un pobre don nadie. Infla el desastre como tripa ha de soplar, gaita que suena sola aunque no soplen su traste, patria de soledades con las que dialogar, su retórica parece conversar en braille, no pisa en sembrados aunque demasiado resbala en el lodazal; su verdadera pasión es la blogosfera, el Networking, el Net-Art y el vídeo-arte. Suma, resta, copia y pega en vertical. Parafrasea la vacuidad del aire, fomenta y proclama su libertad. Adopta como emblema la no-felicidad y desnuda lo real al hacerlo visible y palpable. Lucha del idiota en la pleamar. Extramuros que ven su yugo como no-considerable.

Capplannetta ha vuelto, y esta vez viene para quedarse.

SIN PALABRAS

He estado tres meses sin escribir ni una sola palabra en este blog/bitácora. Bueno sí, he escrito los enlaces pertinentes de la Revista Nevando en la Guinea, lo de cada mes pero sin escribir nada sobre mi estado de ánimo en forma de diario autocrítico. La verdad es que me he llevado tal chasco de la vida que me ha dejado sin palabras, y eso que la vida suele darme palos de todo tipo, pero esta vez la cosa ha repercutido sobre mi familia, y eso me resulta insoportable por lo injusto del tema. Pero allá cada uno con su conciencia, yo puedo dormir a pata suelta, que tengo la firme convicción que no he hecho ningún daño a nadie. A veces quedarse sin palabras es lo idóneo, ya que para decir tonterías ya está la televisión, o la gente vulgar, que siempre de eso hay. A veces lo que se dice sin pensar, o lo que se dice para exagerar o darse importancia, dice mucho de las raíces de nuestra más profunda identidad familiar. Yo provengo de familia obrera y resido en un barrio obrero, con lo cual, a veces se me escapa el «yo cabrero» que tengo adentro. Resulta muy identificable la actitud vulgar que llevamos dentro muchas veces cuando decimos lo que no pensamos, o actuamos por mero instinto. Aunque es aliviador que a veces, pensándolo y todo, sale de nosotros el cavernícola extremo que es parte de nuestro ADN. Cuando dicen que venimos del mono pienso que qué razón tiene el que lo dijo primero. Darwin dio con la piedra angular de todo el comportamiento primitivo que define totalmente al hombre. Hay muchas personas que se sienten orgullosas de su vulgaridad. Sobretodo cuando mete aparatos reproductores y sexuales allí donde se come con asiduidad. Por ejemplo, ponerle a una brasería de pollos como nombre Brasería El Pollón es lo más vulgar que he oído en la vida. Pues bien, esa clase de gente existe y de ello se sienten orgullosos. La identidad que nos define es la raíz de nuestra educación, y muchas veces esa identidad en vez de raíz resulta ser un hueso ya roído. La identidad de las personas se muestra irremediablemente cuando damos cabida a nuestros más bajos instintos. Por eso que somos animales, y por eso que tenemos que ponernos bajo una autocrítica constante, por que no sabemos que lo animal es el lado donde radican nuestros errores como personas.