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For Capplannetta black is beautiful

Adoro la plata del reflejo de luz en tu piel. Me aproximo a tu azul de noche y swing de jazz que pulula en los charoles. Yo quisiera ser amigo de reyes que dormitan en Harlem y buscan con una linterna las minas del rey Salomón entre los trasteros. No han inventado máquinas ni artilugios, han creado alma y espíritu para la humanidad. La marimba y los bongós trasmiten el bombolom de macadamia. Para usted, mi antepasado, mi tatarabuelo, mi ancestro olvidado, mi pariente remoto, deseo para ti paz, progreso, evolución y revolución industrial en este siglo donde la sangre vale menos que el coltán. Me sueño entre las selvas de Guinea, y brújulas sin norte buscan el negro de tu color milenario en las cloacas de una Europa desdentada. Me gusta tu color, lo sabe, lo sabe Dios. Dios, que es un anciano sabio, como Moises, como Leonardo, como Zoroastro, que derraman la bendición a los traficantes del sacrificio, sacrificio que gritan vigías del palabro como cáscaras podridas. Bendigo vuestra causa que ni insulta ni ofende a los que saben de vuestra biblioteca eterna. Compongo estos trazos con un arrullo que quiero gritar a los dueños de la pesadilla en el amarillento oprobio. Busco tus misiones en la NASA, las recopilo en mi mapa sentimental. Alma de imagen y bronce, y tacto de negro terciopelo. Me aúpan los antiguos andaluces que conocen la astronomía del universo con una mirada puesta en las estrellas. Soy tu Capplannetta que borra con goma de lápiz las injusticias perpetradas por el asqueroso oro negro. Ellos como amantes de la sal mineral me avisarán del hallazgo de espiga en el diamante destinado a las princesas antojadizas. Lo negro es bello, jamás el corazón negro. Cuánto daría por un beso de esos labios de carne opulenta para ver el asombro de las conchas tan crudas por dentro. Reinas del extrarradio se esculpirán sus venas yugulares. Quisiera estar en tu Guinea y cruzar mis piernas y mis brazos ante la puerta del no retorno. Todavía esclavo, después sabrán que es mejor ser cimarrón libre que un esclavo del odio, ellos serán rabia e ira como una ola del mar levantisca, de salitre, espuma y un blancor donde fallecen de azuladas profundidades estallidos de culpa. Santa Isabel desnuda por Bioko ante los desmayos tras la patria del esculpido hombre que persigues. Haces muecas junto a tu árbol de cacao, te sientes bendecida por el mango en los yogures. Te voy a querer para que sientas que ser humilde es fundamento, aunque no deseo cloroformos arbitrarios ni escarnios entre fotos antiguas. No te olvides de tu promesa al viento.