Archivo de la etiqueta: antonio machado

Capplannetta se revuelca en el salmo verdadero

El Salmo Verdadero proviene de unos textos que leí del gran poeta Antonio Machado, en el “salmo verdadero” me gusta revolcarme, ¿que porqué lo digo? Porque según Machado es la verdad suprema que tiene el pensamiento libre sin «coitus interruptus» que emerjan desde el exterior. Es el hecho de estar tú solo o en compañía, en sintonía con la verdad sin cortapisas. Cuando se goza del “salmo verdadero” se halla el cuerpo en total paz que emana efluvios. El “salmo verdadero” es una Pangea sin límites ni fronteras, es fértil y está plagado de dicha y plenitud. Podemos afirmar que Salmo Verdadero es aquello por lo que los hombres completos e incompletos luchan y sufren sus rutinas diarias. Es aquello que buscan las gentes para en éste revolcarse como en un pajar para entregarse uno a los deleites del amor, o es la paz verdadera de cuando se lee una galaxia renacida de universos compuestos por ilusión efervescente, y legítimas auroras verdes, que con su Luar extremo en la noche de los tiempos parte con la alegría nuestro rumbo indómito, repleto de naufragios y guerras molestas que se hunden en el interior de nuestros sueños y despertares. De, también, nuestros corazones de río susurrando el milagro del agua en movimiento, agua que corre desde el manantial de la cordura. De la legítima cordura que todos merecemos. El Salmo Verdadero es tan sagrado como el agua que ha de beber el ser humano, es la percepción, la luz de gas, la fuente como figura de un florilegio alucinante, el “salmo verdadero” es el hermoso canto puro de las palabras que no son palabras, de la dicha cuando es verdad. No es agua estancada ni presencia que no lo apague, es la brisa en la orilla del mar y la vocación que los ángeles manchados pierden, es el desflorado momento de los sueños en calma, es la mixtura limpia, lisa, consagrada a la libertad, la libre idea, la carne desnuda despojada del afuera, del futuro presentido. 

Capplannetta a contracorriente

A veces me gusta discrepar en contra de una opinión que no me cuadra e invito a la polémica, mucho mejor en la escritura que en la charla, aunque no pretendo ser como un burro obcecado en una idea pero tampoco un polemista. Me vienen a la cabeza esos versos del poeta granadino Federico García Lorca, siempre Lorca, de …El barquito de vapor está hecho con la idea que el echándole carbón navega a contra marea… estos versos que pueden parecer meras rimas facilonas, están plagadas de simbolismo y de realidad, realidad que yo me atribuyo, pues ese siempre ha sido mi talón de Aquiles, por ello muchas veces me pregunto: ¿se pueden aplicar parámetros políticos a la literatura que se escribe hoy? O por el contrario ¿Podemos entender la literatura de este presente como algo aleatorio a funciones como la social, la psiquiátrica o lo emocional? Porque creo yo, que ahora, tal y como está el mundo, ser políticamente sentimental es un plato frío que no se come nadie y el que se lo come lo hace recalentado. Yo creo que toda literatura sienta sus bases ya sea en lo político, lo social, y lo psicológico, sino tengan ustedes en cuenta los escritos de Ramón María Del Valle Inclán o Dostoyevski, o el Antonio Machado de su etapa última, así como si nos cruzamos el charco, nos topamos con Gabriel García Márquez en su novela Cien años de soledad o en otro aspecto los cuentos de Juan Rulfo, incluso Juan Carlos Onetti y (Los ríos profundos) José María Arguedas, como también la obra biográfica de Reinaldo Arenas tiene (no toda) un trasfondo político y social, se habla de socialismo contra el capitalismo, haciendo una comparativa vivida en propia persona, como también las crónicas de Pedro Lemebel, aunque sí nos vamos a una forma de narrar más social haciendo hincapié al mundillo de los escritores encontramos a un Roberto Bolaño y en la misma línea a un Enrique Vila-Matas. Ay, amigo, mejor escribir sobre lo social, sobre la poesía de la experiencia, tal y como ya hicieron otros antes que nosotros mismos. Nadie es más que nadie, en eso tenéis razón, nos aplicamos el cuento. Si yo escribo sobre un uno por ciento, desde mi ignorancia, y desde lo poco que suelo leer, eso, amigo mío, es ir a contracorriente y por ende contrarrevolucionario, y ese es el grano en el trasero de los verdaderos moralistas dictatoriales, que suele haberlos conociendo por encima el tema de la censura, en todas partes cuecen habas.