Capplannetta aconseja

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No se debe escribir nunca desde el resentimiento, y mucho menos cuando te has enfadado o discutido con alguien y lo traspasas al blanco papel, donde no queda ni una pizca de pureza entre las palabras cuando la has acribillado a improperios e impertinencias. Propongo un experimento: cuando hayas discutido con alguien o te hayas enfadado con alguna persona querida, o no tan querida (también sirve la admiración o el aprecio), escribe lo que piensas sobre ella en esos instantes de enfado y cuando estés de buenas con esa persona léele lo que has escrito de él o ella y ¿qué sentirás? Yo te lo diré: vergüenza. O tal vez llegues a creer que lo que escribiste era mentira, porque escribir desde la ofuscación ciega la razón y no ver la razón es no ver la realidad y la verdad. En este aspecto diré: todo lo que he escrito es verdad, aunque pierde su valor en excepciones donde la rabia hace acto de presencia y te hace vulnerable, sobre todo si escribes realidad o autoficción, y escribir con rabia es una ceguera mayor, una ceguera que no permite discernir lo consecuente con lo elocuente. No basta con tener criterio, también se exige pudor, pudor literario. Dejemos que otros se explayen en el realismo sucio, pero yo a los que tienen la escuela de escritor en los libros de Charles Bukowski les diría, no toda la basura flota, también la hay que se sumerge en el interior en donde las entrañas se empachan de oscuridad. No todo es de color de rosa en la vida pero lo mismo ocurre cuando se critica o cuando se reseña o se hace crítica. Escribir desde la enemistad no es un fruto comestible. Tu persona se quedará en entredicho, aunque haya a quienes les importe lo más mínimo su buen hacer literario. Háblame mal de tus  amigos y sabré lo que piensas de tus enemigos.