MIRANDO AL MAR

Miras al mar, miras la tele. Sigues el espectáculo por entregas de Belén Esteban. Lo ves por que eres tú, es tu vida. La gente sigue a la Esteban o por que la odia, o por que la quiere. Belén Esteban es el estereotipo mundano del extrarradio, es el espejo orgánico de la gente común. ¿Es princesa del pueblo o del populacho? ¿Es madre coraje o madre oportunista? Belén Esteban es el paradigma de todas las tele-realidades. Su vida es la nuestra y la nuestra sale por televisión. ¡Basta ya de eruditos! ¡Viva la casposidad! Miramos al mar y comprendemos que la vida resulta dificil. La gente mientras sigue la edulcorada novela amarilla de Belén Esteban se olvida de las letras impagadas del banco, de las deudas de fin de mes, de conflictos laborables, del pisoteo entre unos a otros, del tráfico agobiante, de los inoportunos fracasos del día a día, de los recortes, de los ahogos, de los tedios y de las soledades, la gente que mira a Belén Esteban se mira así misma y se imagina espectacular, la gente sale de sus miserias y se conforma con verla recien operada y feliz, se habla demasiado sobre ella por que todos desean verla una vez más, se exige verla en la pequeña pantalla por que su vida nos pertenece, el vulgo la solicita aunque sea del todo vulgar, Belén tiene una corte de pelotas y de detractores, tiene a crápulas novios que la chulean, tiene amigos que son también sus enemigos y enemigos que solamente desean ser parte de ella, en eso se resume la vida, y la vida es espectáculo. ¿Qué será de ella cuando Andreita crezca? ¿Qué será de ella cuando de ella se cansen? ¿Qué será de sus prepotentes respuestas y de sus poses de madre súper-estrella cuando el pueblo esté harto de todo? La respuesta no la sabemos, pero yo no pienso perdérmelo.  

HACIA UN NUEVO COMIENZO

Hoy es el día D. Siempre quise empezar así un poema. Empezar así un escrito tiene cierto carácter simbólico para la conciencia colectiva, debido a que es un comienzo de un final tras un pasado belicoso, o tormentoso si se prefiere. Es el principio del fin, es una liberación. La frase es belicosa, mi pasado más. Hoy, día 08/10/2010, comienzo este dietario, quizá influido por las conversaciones de Formentor, a las que no me han invitado, ni me invitarán jamás, mejor así. He dejado desde una parte hasta aquí una obra mala, muy pedante, repetitiva, oscilatoria, una obra a la que le faltaba un hervor, ¿una obra? Obra es una palabra que le viene grande. He comprendido que el arte de la escritura es como decía el Prefacio de Truman Capote en Música para camaleones, a veces la literatura es un látigo, y ese látigo solamente sirve para autoflagelarse; cuando comprendes que la literatura/la poesía debe ser un arte sublime cae el látigo, ya no importa más ese látigo. Entonces es cuando comprendes que escribir bien es algo más que escribir, pero mucho más que escribir bien es cuando descubres que la verdadera poesía debe ser un arte excelso, altivo, verso a verso, adjetivo a adjetivo, soy un mero escritor que pone adjetivos junto a verbos con porte de sustantivo. Soy alguien que concibe el escribir como algo más que unir sujeto, verbo y predicado. Dejo atrás un pasado, unos escritos, poesía combinada o alternada con imágenes. Quizá las imágenes digan más que la poesía. He descubierto que escribir bien es algo más que dignificar el oficio de escritor. Escribir es tratar de llegar al éxtasis. El éxtasis que quema, como decía Roberto Bolaño en un vídeo que vi. Cada cierto tiempo escribiré aquí un dietario sostenido por mi estado de ánimo, por mis lecturas, por mis nuevos poemas, por mis imágenes (pues sigo siendo un hombre de imágenes), por mis delirios, también los de grandeza, pero sobretodo con el altar o la tribuna solitaria que impone, y lleva tras de sí, la Máscara de mi yo, o mi otro yo, que es otra manera de ser yo mismo. Aquel que ahora habla por boca de otro.

Cibernética Esperanza_