Capplannetta y sus rarezas musicales

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Puede parecer que este blog esté ideado para dar culto a mi personalidad, y quizá tengan razón, en él me expongo, pero no me exhibo. Muchas veces me pregunto si habrá alguien como yo, la respuesta es no, soy complicado, lo admito, ¿por qué soy tan raro? Ni mis padres lo saben, muchas veces me he sentido un marciano, y eso no quita de que muchas veces me  haya sentido desplazado. Puede parecer raro pero me gusta Skeeter Davis, mucho más que Brenda Lee, de Brenda me gusta el tema I’m sorry y de Skeeter: I forgot More Than You’ll Ever Know y esto le parece raro a gente de mi generación, ya que opinan que es música un tanto antigua, también me gusta Townes Van Zandt, en especial Dead Flowers, me recuerda a alguien que no quiero nombrar. Ya sé que es música que en mí no tiene ninguna seña de identidad, mi estilo es otro, pero me gusta la música en definitiva, la buena música, es parte de mi sensibilidad. Toda esta música me gusta por aparecer en films, o por escucharla por la radio o la televisión, muchos pueden pensar que las cosas que me gustan son raras porque no van con mi personalidad, pero yo no lo creo así, considero que son parte de mi mundo interior, y en eso nada puedo hacer para luchar contra ello. Me gusta un tema que recomiendo porque me estremece y es I am a Victim of This Song de Pipilotti Rist, la canción es todo un himno a la locura y aquellos que estamos un poco locos, después está la versión de Rebel, rebel de Bowie pero interpretada por Luthea Salom. Estas dos canciones y las anteriormente citadas me gustan, soy un romántico marciano ¿qué quieren?

Capplannetta se rebela

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Siempre he tenido como primera norma para esta web/blog no insultar gratuitamente y no repetirme. Esta vez creo que voy a romper con estas dos reglas que me auto impongo para soltar la mala sangre que he sufrido últimamente, aunque debo anticipar que nadie tiene la culpa de mis crisis existenciales. No sé si por maldición o por merodear en los excesos sufro de una culpa que más que culpa es una estancia para los restos de mi vida en eso que llaman subsuelo. Contar, tengo muchas cosas por contar, historias, anécdotas, vivencias que han hecho de mí una persona enferma pero eso no significa que me tenga que ir con cualquiera que salga a mi paso, soy selectivo pero tampoco voy de tiquismiquis, aclaro. Mi naturaleza me ha gastado una broma pesada, de la cual, mucha gente se ha divertido gratuitamente hasta que he visto los hilos del títere que manejaban a su antojo, casi todo el mundo ve en mí cierto acicate con el aliciente siempre presente de una culpa que no sé si tendré, aún todavía me considero un guijarro inútil y cansado frente a la cantidad de rocas de peso que creen ser superiores en los momentos que más les convienen. Para ciertas cosas son rocas pesadas, para otros momentos motas de polvo. No soy el último ni el primero, tampoco soy el único que lo piensa, aunque se calla la cuestión en sí, pero como vivir de las apariencias no me gusta, y el pudor literario creo que nos sirva para poco, ya que las historias deben tener un hueso duro, un fémur en el que enquistar una historia verdadera, y dejarse de ficciones, que para eso están los curas y los políticos, y esas son maneras de embelesar para los niños, para ver las cosas con la luz apagada y a la media luz de una bombilla pasando página por página, y con la seguridad plena que en ese instante nada malo puede sucederte, que estás seguro e hipnotizado leyendo una historia aterradora o con cierto misterio. Cuando me emborrachaba y bebía, y porqué no decirlo, me drogaba, solía estar perdiendo el norte en cada salida desde el portal de casa de mis padres debido al fracaso ocasional que no acabó con mi manera de pensar y de no digerir ni asimilar bien lo que me estaba sucediendo, y se convirtió en un agravante de locura e impotencia, ya que me metía en peleas, me subía a coches aparcados y saltaba encima abollándoles el techo, me daban palizas, cada día que salía era una pregunta que la mala andanza y la realidad desnuda hacían evidente y muchas veces contestada con la respuesta concluida cuando llegaba a casa: apaleado, sucio, con los efectos secundarios que deja tras de sí una borrachera, o sea, resacoso y dolorido. A veces tras venir de esas noches locas tenía que estar en casa dos o tres días hasta recuperarme. Luego estaban las secuelas que deja la memoria, y se sabe que goza de cierta agudeza, es muy hija de puta, siempre te acuerdas de quienes te sacudieron, y también de las locuras por las que pasaste, porque en éstas borracheras quien pierde la razón siempre es el borracho y el tabernero es un interesado que mientras estás bebiendo y gastándote el dinero está feliz contigo y te ríe todas las gracias, cuando empiezas a perder el control se convierte en tu enemigo, se olvida del dinero gastado y poco le importa sacudirte, incluso sacudirte con varios gallitos de pelea a la vez, son muy machotes, son unos hijos de puta, unos perros. Mientras estás convaleciente los cardenales, los arañazos, las costillas removidas, los labios en carne viva, los tirones del cabello, la ropa rota, lo voy a decir más claro: con la experiencia que tengo de la vida prefiero estar solo, ver vídeos en YouTube, oír música en Spotify, escribir, leer, redes sociales (de reojo), no creo en la humanidad, el mundo es un cúmulo de intereses y de traiciones donde los clásicos las relatan, aunque a veces puedan quedarse cortos, porque ser en parte o conservar esa especie de malditismo que conlleva mi naturaleza me ha insinuado muchas veces que yo he nacido para ser ermitaño, aunque conozco muy bien estar repleto de amistades y conozco lo que es vivir en camaradería, pero reniego de ésta, aunque por suerte o por desgracia, no soy el único que padece de decepciones, de soledades, hay toda una legión de gente que vive relegada al ostracismo, a la ley de los menos, Caínes en potencia que sienten la sombra del desprecio absoluto. Se permite el hambre, la miseria, las injusticias, ¿porqué no se iba a permitir que un charneguito sea apaleado por unos bárbaros idiotas? Aunque es mejor morir en la cama que morir de una paliza. Después quienes sufren son tus padres, tus hermanos van a la suya, los padres se cansan de tanto barullo sin sentido y te enemistas hasta con ellos, sufren y lamentan tus golpes curándolos con enfados que te crean una losa pesadísima. Yo me he formado mi propio universo particular, no necesito amigos, hermanos, a mis padres sí, mis padres son ángeles que Dios me puso en la vida. Tengo buenísimos padres, es normal que éstos estén cansados de tanta lucha. Pero desprecio a la humanidad restante. No quiero pensar en un futuro. Si esto me pasa a mí que he entregado mi corazón a no sé qué esperanza confiscada por la mayoría de hombres que son benefactores ignorantes de una sociedad malvada ¿qué le puede ocurrir al que es tímido o recela de mostrar sus sentimientos? La respuesta ya la saben, son parte de esta humanidad, yo soy el intruso, el que no encuentra suegro que lo quiera para yerno, el prejuzgado por los que desconocen el itinerario mágico de la noche de los tiempos, aunque no soy una víctima, en esta vida se respira veneno, se respira salfumán y aire contaminado repleto de manipulada fórmula que absorbe la libertad. En esta vida de particulares locos y de libres sin corazón existe gente buena, aunque acaba intoxicada de tanto traspiés e inmortal desacato a las leyes del mundo plagado de prejuicios e intereses creados. C’est la vie.

Capplannetta y México

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Sé que puede sonar raro pero me fascinan los corridos mexicanos. Me gustan los del norte, un poco los de Sinaloa, aunque éstos son narcocorridos en su mayoría. Me fascinan los corridos con tuba, en especial los de Jenni Rivera, que usa tuba y batería, con sus trombones y trompetas, tiene un poco de variedad entre narcocorridos (la Chacalosa es uno de ellos) y corridos de amor, ella es del estado de Jalisco. También sigo los corridos del Sur, en especial los de Chiapas, éstos son revolucionarios, pero usan guitarra y acordeón, recomiendo el disco de Corridos de la revolución (corridos del subcomandante Marcos). También me fascinan los corridos de la parte de Michoacán, algunos usan tuba, aunque una cosa que me gusta y me pone los pelos de punta es la marimba de Guatemala, también usada en México, ya que proviene de la cultura maya. Me gustan las canciones lentas, y las románticas. En éstas he descubierto a Natalia Lafourcade, con instrumentos como el charango y en algunas ocasiones el saxo, pero éstos no son corridos, son canciones románticas. También destaca Lila Downs, esta es más famosa, canta canciones populares y también de composición propia, la recomiendo.¡Viva México! Y toda su gastronomía y su folclore. Es un pueblo que en la película de Alfonso Cuarón Orozco (1961), en el film llamado Roma se muestra con toda su crudeza parte de la vida del mexicano de a pie, no sé si le habrán dado ya la Green Card como aconsejó a la Migra, Sean Penn, en una gala de los premios de la academia de Hollywood. De seguro se la han dado, a él y a muchos mexicanos de gran valía, ahora, para los pobres (y no para los traficantes) son los muros que quiere levantar Donald Trump, en fin, separar a niños de sus padres es un precio que se pagará tarde o temprano, ya que va contra las leyes de la vida sagrada. Seguramente algún San Lázaro bendito, o un San Cristóbal hará justicia con esos niños despojados del calor materno y paterno. O quizá sea la mismísima virgen de Guadalupe. No sé, de santos niños va la cosa. De niños santos es la cuestión.

Capplannetta citizen

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Estoy viendo Citizenfour en la 2 de TVE, es la tercera entrega de una trilogía sobre EE.UU. Es un trabajo de Laura Poitras y el reportero Glenn Greenwald que tiene la osadía de ir a Hong Kong para entrevistarse con Eduard Snowden. Snowden les mandaba mensajes por email encriptados desde allí y no dudaron en reunirse con él de forma que de esta manera se completaba su trilogía sobre las consecuencias del 11-S. En la entrevista-documental se muestra lo expuestos que estamos a la cibervigilancia en todos los aspectos que tengan que ver con las cosas cotidianas que hacemos a diario desde varios dispositivos, esto incluye a marcas muy conocidas en temas de Internet. En el documental se muestra una conferencia efectuada por Jacob Appelbaum para los chicos de Occupy Wall Street donde se dan unas claves, en las cuales, el FBI y la policía realizan una serie de prácticas poco agradables y nada atractivas para cualquier dirigente opositor a la causa de EE.UU. Suena a tópico citar la obra 1984 de George Orwell, pero las cosas a las que te pueden someter superan la ficción y son aterradoras, aunque ya hemos visto la cara de esa contraterrorista política en imágenes como Abu Ghraib e Irak. Eduard Snowden es un héroe de esta nueva era digital, al igual que el mencionado anteriormente Jacob Applebaum, Julian Assange y Richard Stallman y todos los chicos del Software Free, los chicos que creen en el Copyleft, y todos aquellos que estamos cansados de que nos espíen, de que nos tengan en este clima de falsa apariencia de normalidad. Desde el 11-S han cambiado muchas cosas para peor. Quieren tener a la izquierda bajo el punto de mira, bajo el yugo del bloqueo económico, constantemente, a cualquier hora, en todo momento. Información, manipulación, cibernética del espionaje. El objetivo de ahora es Venezuela, la masa hipócrita une a músicos de éxito con la excusa de conseguir fondos para la ayuda humanitaria para los venezolanos, los músicos engatusados con la moneda de cambio en temas de impuestos tributarios aceptan a actuar gratis creyendo que van a salvar al mundo, y el fin, el único fin, es el petróleo venezolano. Si quieren ayudar que no les bloqueen con sanciones imposibles, con la anulación de activos provenientes de EE.UU o de Europa; otros países les ayudan (quizá también quieran el petróleo venezolano) y no les piden ningún cambio de gobierno. No quieren a la izquierda. Se mean en la sopa de los pobres, poco les importa Afganistán, Irak, Cuba, siempre bajo el manto negro del terrorismo de estado. Siempre con el temor de que el pueblo se rebele.

Publicado en Bubok (obra completa)

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Publicado en Amazon (obra completa)

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Capplannetta y un Vespino

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Capplannetta tenía una novia muy lejos de su barrio, y al no tener vehículo tenía que ir al barrio de la chica pateando. Corría el año 1991 y su ciudad estaba lejana de todo, incluso de aquello que iba a suceder en el futuro, imagínense su barrio. No era la primera vez que éste andaba cruzando cinco, incluso seis barrios hasta llegar al suyo. Una noche de invierno había dejado a su novia en la casa de sus padres y se dispuso a andar hasta la casa donde él vivía junto a su familia. De camino a su barrio vio a unos metros cómo un pizzero aparcaba su Vespino (ciclomotor) y subía a un edificio a entregar la pizza recién hecha. Se dijo: -Esta es la mía, ni corto ni perezoso agarró el Vespino y se dijo, pues vámonos a casa. De camino al barrio tiritaba de frío, lagrimeaba debido a la velocidad y reía sin parar. Llegó a su barrio y empezó a dar vueltas a una plazoleta gritando: ¡Me he metido a pizzero! ¡Me he metido a pizzero! Sus amigos que estaban en la plaza pasando frío no daban crédito, se partían de la risa, se quedaron alucinados cuando vieron a Capplannetta dando vueltas y gritando en aquel Vespino de pizzero. Se fueron sus amigos y él hacia un bosque aledaño al barrio de estos, y allí le quitaron la caja de llevar las pizzas. Quedó un Vespino con un solo sillín y ese fue el transporte de Capplannetta durante días. De vez en cuando lo cogía un amigo que también tenía novia muy lejos del barrio. A veces cuando quería cogerlo se encontraba con que el amigo se había adelantado y había cogido el Vespino antes que Capplannetta y éste se enfurecía. Cierto día estaban en un montículo de tierra baldía, en una especie de explanada Capplannetta con el Vespino y sus amigos pasando frío todos agrupados a unos metros de Capplannetta. Éste se hartó de que el amigo le usurpara el Vespino, y también porque veía en ese ciclomotor cierto riesgo que no estaba dispuesto a asumir él solo en el caso de que algo pasara.  Digamos que se cansó de aquel ciclomotor. Entonces dejó el acelerador del gas fijo y apuntó el Vespino contra el grupo de amigos apelotonados. Y lo soltó. Quiso gastarles esa broma macabra. Cuando el Vespino sin piloto llegó al punto donde estaban los amigos todos corrieron despavoridos, pero la sorpresa de Capplannetta fue cuando el Vespino siguió su trayecto hacia la carretera estrellándose contra un coche estacionado. Sonó como un estruendo. Y el acelerador se quedó fijo con la rueda trasera del Vespino rodando al aire a toda velocidad. Todos los amigos salieron por patas. Las persianas de los pisos junto a la carretera se abrían para curiosear. Fue tremendo el ruido del choque contra el automóvil aparcado. A Capplannetta se le ocurrió la temeridad de quitarle el acelerador fijado por éste, él sólo quería apagar aquel cacharro en marcha, y mientras tanto se abrían las persianas, Capplannetta se fue corriendo sin haberle podido quitar el gas del acelerador al Vespino por temor a que le reconocieran y lo acusaran. Nadie se atrevía a apagar aquel Vespino. Ahí se quedó ese destrozado Vespino, con el acelerador fijo y deshecho por la parte delantera, y el coche con varios daños por el impacto recibido. Hasta que se le terminó la gasolina el Vespino no paró. Capplannetta tuvo suerte. Esa noche Capplannetta daba gracias a Dios por la suerte de no haber hecho daño a alguien que pasara justo en ese momento. Capplannetta se estremecía tan sólo con pensar si alguien hubiese pasado en ese momento y lo hubiera arroyado. Esa noche Capplannetta no durmió, daba gracias a un Dios piadoso que en ese momento lo protegió. Plegarias y letanías  íntimas que agradecían sinceramente a Dios.