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Pido Piedad

Dedicado a Enric Casasses

¿Qué será de mi corazoncito echado a perder?
Esto es un grito desde el subsuelo,
una purga que soporta cada hueso del esqueleto,
de ese esqueleto anómalo que soy yo.
Me siento como un usado billete viejo,
a pesar de todo, el dinero es sólo dinero,
volátil, y a la vez tan necesario,
necesito no perder el aliento ni el resuello.
Tantas veces he llegado a pensar en serio
que mi soledad no es tu soledad,
he llegado a verme manchado, sucio, necio,
¿qué será de mi corazoncito echado a perder?
¿Qué será por Dios de éste miedo a quemarropa?
Que me destroza el equilibrio
sin respirar mar de tedio lento, lento tiempo,
que pierdo incauto derrochando
cada minuto a minuto que busco, indago,
en cada rincón de mi hogar y mi desgana.

Capplannetta y la prisa cronometrada

Prisa en la desesperanza, es un artefacto que se descompone. Un atril en un teatro antes de comenzar la función, una rodilla que cruje de tuétanos y sangre coagulada. Todo esto son retazos de recuerdos que se esfumaron en el olvido. Simular paciencia cuando estás desesperado es una autocrítica de preámbulos por las que derramarte, por el esperar mientras ayuno. Busco un lugar hacia donde ir. Un sitio en el que presentar mis credenciales, ya que no tengo lugar donde presentarme, y mucho menos, donde presentar credenciales. Quisiera encontrar a alguien que me dé una carta de recomendación, pero no dispongo de grandes proezas, nunca fui un buen empleado, ni soy ciudadano ejemplar. No digas que este poema en prosa se abre de pétalos como una flor, basta, para mí ya se acabaron los poemas escritos en la arena del mar, para mí ya se suicidan los largos poemas con una promesa mundana. No quiero engañar al lector con costuras, ni con bisagras ni cerrojos, quiero ser yo, aunque tenga la prisa de aquel que tanto me hizo esperar por una dosis de veneno. Ni las plegarias se han hecho para mí, cada vez me acerco más a escribir la última elegía, todos escriben sus memorias, yo me olvidé de mi pasado, ahora que me he hecho un hombre bueno, ¿me queréis devolver la libertad que era tan mía? Y la respuesta es no, prendieron fuego a mi paraíso, mientras yo vegetaba con la carne de mi primer orgasmo de primavera. 

PALODÚ

Te regalé unas gafas de sol Chanel,

jamás tuviste tanto oro,

como yo te quise mi madre también te quiso,

quizá debí regalarle las gafas a mi madre,

a ella también le gustan los regalos,

las blusas de seda, y las pulseras Pandora.

Te puse corona de anfitriona

y traías a la casa de ambos gente extraña.

Dejé los antipsicóticos y los ansiolíticos

abandonados a su suerte,

me puse a traficar con palodú

mientras me dabas sopa por no tener dientes.

Todo era de un color beige en tu vestidor

y lucías pijamas de lana gruesa grises como humo.

¿Qué cruel beso te di que dejó tus labios helados?

Me contestaste Poco Hombre, 

tú sabrás qué no habrás besado.

No besaste mi cuerpo de piña desnudada,

y te pusiste a bucear por el cuarto,

dijiste que te ahogabas en el pantano

mientras yo me sumergía y me llevaba la corriente 

por poemas todos ditirambos. 

canto a las patrias putas

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Si tú supieras que en Úbeda no hay cerros

y que es catalana la flamencona Rosalía,

y cuando cruzo el límite de Despeñaperros

y me siento arribado a la gran Andalucía,

siento un vacío y un alivio que quita hierros

sin ser plural ni singular de esta frontera huía,

de la nariz de este charnego ya no salen terros

y mucho de lo que chamullan es habladuría,

amigos catalanes a montones yo tengo

y ellos no me negaron nunca una bulería,

yo creo que nadie debiera estar hoy preso

por una idea, una causa, una remota alegría,

yo a Catalunya y a España también las quiero

y la justicia siendo yo pobre, ya que no es mía,

tampoco resulta una patria ser el remedio

y toda paparrucha que resulte una copla fría,

Yo de mi raigambre andaluza no reniego,

tampoco de esta Catalunya que pide amnistía,

si en un envite un facha te hace un griego

els segadors sin renuncio yo de veras cantaría.