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Reseña Literaria-Juan A. Herdi

Cecilio Olivero

Cibernética esperanza

Ediciones Vitruvio, 2021

En 1985 el editor Enrique Murillo apuntaba el inicio de un cambio en el panorama literario español. Preveía la aparición de nuevos autores con historias que contar, narradores puros los denominaba, frente a los escritores que ilustran verdades preconcebidas mediante ejemplos y que constituyen, estos últimos, en gran medida, la tradición literaria española, tan dada al realismo. Estos nuevos autores, según Murillo, evitan en cierto modo la trascendencia en el relato y lo conciben como experiencia. Sin estar del todo de acuerdo con su apreciación, me parece que las categorías nunca son cerradas y ha habido de todo en todo momento en la literatura española, sí que es cierto que a partir de los ochenta se aposentan y surgen escritores que ya escriben de otra forma, los tiempos y la sociedad española son distintos, y hay nuevas influencias y vínculos con otras maneras de contar.

Pero además, en estos últimos lustros, desde poco antes del salto de siglo hasta ahora, creo que se están dando otra vez síntomas de renovación en la literatura. Hay que tener en cuenta el reto que supone la aparición de nuevos medios y hemos de asumir el predominio actual de lo audiovisual, reforzado por esas nuevas herramientas que parecen ya absolutamente dominantes en nuestra sociedad, y no sólo entre las generaciones más jóvenes. Desde luego, no creo que la literatura corra peligro de desaparecer, no lo estuvo con la eclosión del cine, no lo está hoy, pese a todo, y si lo está, será más por la excesiva comercialización editorial y por la no poca ramplonería desatada en nuestros días, con demasiados escritores más de pose que de esfuerzo.

La literatura actual ha de asumir en todo caso el reto que le permita seguir incidiendo, de ser algo importante, y esto pasa en mi modesta opinión otra vez por la experimentación y por el rigor, también por la necesidad imprescindible de ser penetrante y aguda. Como muy bien indica Enrique Murillo, y con ello estoy por completo de acuerdo, «todo relato que no produzca alguna forma de catarsis es un relato fallido».

Experimentación está habiendo bastante, es verdad. Aunque frente a ello haya una reacción de las editoriales a fórmulas en exceso convencionales, novelas y formatos que se repiten una y otra vez bajo una maquinaria de marketing que muchas veces es ajena a la literatura pausada y reflexiva. Imagino que toda época de cambio produce miedos a los saltos al vacío y tampoco las editoriales quieren perder oportunidades de negocio, pero esto es otro debate que no viene al caso, o tal vez sí, pero no tengo espacio suficiente para desparramarme al respecto. En todo caso, hay experimentación, algo que resulta imprescindible ahora mismo.

Claro que no siempre la experimentación sale bien. Pero creo que ahora mismo es de agradecer que se nos ofrezcan nuevos formatos, que se tantee con las palabras y los estilos, que se pruebe, aun cuando los resultados no siempre sean los esperados. En la literatura y sus procesos sí nos podemos permitir los experimentos; es más, son de agradecer.

Viene todo lo anterior a colación por este libro sobre el que pretendía escribir, que iba a ser una reseña, pero que al final me ha llevado por otros derroteros. Cibernética esperanza es ante todo uno de esos experimentos y tendrá sus claroscuros, quizá algunas rarezas, tal vez ciertas imprudencias, pero que apunta a una necesidad intensa de escribir con valentía, osadía y clamor. No es baladí recordar aquí que la escritura tiene mucho que ver con la vida. Es más, cada vez tengo más claro que no puede haber distingos entre literatura y vida, ni siquiera entre ficción y realidad. La verosimilitud forma parte de lo real, al fin y al cabo.

Una cuestión a solventar es cómo podemos catalogar este libro. Cecilio Olivero ha dicho alguna vez que se trata de una novela. Sin intención de impugnarle o de contradecirme a mí mismo, ya que vengo hablando tanto de experimentación, yo no lo creo. Combina prosa, introduce también poesía. Hay una narración temporal de hechos y unos personajes, más o menos reales o imaginados, si es que podemos apurar tanto en estos tiempos, y visto lo visto, los límites de la realidad y de lo ficticio. Pero me decanto más por el lado de la poesía. Aunque sólo sea porque me resulta muy evidente que Cecilio Olivero es un poeta, un animal poético, aunque a veces le dé por la prosa con resultados en mi opinión muy por detrás de su poesía. Pero ha experimentado con la prosa y el resultado le ayudará a sacar algunas conclusiones de su labor literaria, espero.

Aconsejo por tanto leer este libro como un ejercicio más poético que prosístico. Incluso la prosa es poética, aunque aquí he de reconocer que con resultados no siempre homogéneos.

Respecto al contenido, a todas luces no resulta fácil ni grato mantener el tipo ante lo que se cuenta. No es un libro amable que intente apaciguarnos ante la descripción de lo crudo que tiene vivir, del dolor y el desasosiego que entraña la existencia o incluso, cabe entenderlo así, la falta de heroicidad para el reto de luchar consigo mismo. No tranquiliza, sino que inquieta y algún que otro lector no quedará ajeno ante la figura del personaje o personajes.

Sin duda estamos ante un nuevo tipo de formato que nos invita a otros escenarios en esta sociedad del espectáculo global que estamos conociendo. Al menos es una oferta interesante.

Capplannetta y el dinero para la cultura

Para tener y crear cultura son necesarios cinco aspectos, que pueden ser cinco maneras de financiar la cultura. La una es personal (como ha sido mi caso), la segunda es mediante mecenas que se interesen por tu creación, pero te puede salir un mecenas caprichoso, la tercera es dinero público, dinero de papá Estado, que te financia con un límite y con las exigencias que el Estado tenga al usar tu obra, la cuarta es la familia, que ésta sí deja de percibir dinero acabarás por no percibirlo tú tampoco, y la quinta es el mercado editorial. Tanto en el mercado como en el Estado tu obra puede ser a conveniencia de ambos, y estas dos maneras de financiación pueden limitarte en tu trabajo, incluso a afectarlo de manera negativa. Luego está la financiación personal, que con tu trabajo en otro campo distinto pagas la afición, o el interés por ser escuchado, o la que más importa, el amor por la cultura. Un mecenas también puede repercutir en tu trabajo según cuáles sean las directrices que este marque. Y la familia si es rica o multimillonaria es importante. Ya que hay editores sin escrúpulos. 

Yo, desde que escribo, antes de publicar en una editorial decente, he publicado en muchas otras que prometen mucho y al final el elemento clave de estos buitres del mundo editorial es el dinero. En primer lugar diré que comencé a autopublicar muy joven. En el año 1999, y no fui bien asesorado, publiqué un libro malo. Y desde ese momento me he seguido autopublicando ofreciendo mi poesía gratis, acabé harto de recitales y tertulias, donde se hablaba de todo, menos de literatura. Los recitales no me gustaban nada. Opté por crear en PowerPoint poemarios que después publicaba en mis webs, todo de manera gratuita, también la descarga. Hasta que publiqué una novela poética que ha cambiado desde el 2012 hasta ahora en el 2021 dando un giro de 180 grados. Ahora estoy mucho más leído, más preparado para escribir, aunque nunca abandoné la poesía. Esta novela poética saldrá a la venta este año. Aún no me han enviado ni las pruebas, pero será este año cuando salga publicada. Se publicará en una editorial decente. El sector editorial está muy contaminado. Puede que mi novela poética sea mala, pero nadie la ha leído aún, salvo mi editor. 

He publicado en Lulú y he publicado en Amazon. No se vende. Se vende antes que literatura mediocridad y el trasfondo cultural, literario o poético es cero, totalmente nulo. Ese tipo de novelas también se venden bien en los supermercados. Una editorial buena es Anagrama, Seix Barral, Alfaguara, Galaxia Gutenberg, y muchas más. De poesía existen a mi gusto tres. Hiperión, Visor, y Ediciones Vitruvio, donde yo publicaré. Sin menospreciar a otras que hay. 

Después está el tema de la distribución, ya que han aflorado editoriales que publican lo que sea mientras les pagues un precio, que no es ni muy alto ni barato tampoco. Son editoriales que imprimen sus libros on-demand, normalmente en las empresas on-demand sólo imprimen a editores y les sale a un precio reducido, porque no distribuyen, tiene que ser el librero el que pida tu libro. Y te prometen corrección, diagramación, maquetación, y creación de portadas y solamente algunas de estas propuestas son verdad. 

También están las editoriales timo, y digo bien, timo. Te mandan un email en francés y te dicen que están interesados en tu obra, le mandas el manuscrito y te dan una semana de plazo para leerlo. Al final te dicen que la obra es buena, te mandan el contrato y te envían a un link para publicar tu obra, cuál es la sorpresa, que tras este link te piden dinero por tener tu propia portada, al final tienes que comprar también ejemplares, y están a un precio desorbitados, al final, tienes que pedir que quiten el libro, porque está a un precio inaccesible.

Y después está la autopublicación en empresas donde sólo hay contacto por Internet, tipo Lulú o Amazon, y estas editoriales (en España está Bubok) te cobran desde servicios de distribución, traducciones, distinciones para vender más, te cobran por llevar tu libro a una librería, también imprimen on-demand pero a precios caros. Te cobran hasta por crearte portada de tu libro. Te.cobran por todo. Y al final nada, cero ventas. 

El mercado editorial está así en España. Para llegar a editoriales serias solamente hay una llave. Escribir bien. Esa es la única realidad. Publicar en una editorial pequeña no es malo si esta editorial es decente. Hay editoriales como Malpaso, Páginas de Espuma, Blackie Books y otras que están aguantando ahí, mientras que durante este segundo año 2021 y el primero 2020 es cuando más libros se han vendido, debido a la pandemia.

Escriban y lean.

Capplannetta y el cinema

En primer lugar, debo partir del hecho de que en el cine existen  imágenes fijas e imágenes en movimiento. Las imágenes fijas poseen la característica de que pueden realizarse dentro del set de rodaje o fuera de este. Las imágenes fijas dan buen resultado cuando llegan a ser parte de la escenificación poética que se quiera plasmar en la película. A la hora de montar la película se incluyen entre las imágenes en movimiento, según transcurra la historia. Digamos que son parte del rodaje, y en el montaje van entrelazadas según lo requiera el guión. Por eso dirán tal vez, que uno de los ingredientes más importantes en una película son el montaje, otros pueden decir que es el guión. Los directores artísticos se dedican, no solo a incluir un decorado que vaya acorde con la historia en sí, también son los que se encargan, junto con el director de fotografía, de encontrar imágenes fijas que vayan  acordes con la secuencia y que éstas le den al film cierta poética, fotograma a fotograma. Digamos que la imagen fija es el atrezzo poético o alegórico que se le quiera procurar a la secuencia. Es el detalle que vemos como parte de la historia que se pretende contar, pero es como otro personaje más, además de los que se filma en cada escena, ya que sin su poesía le faltaría esa manera de contar donde los detalles nos aportan algo más a lo ya dicho por el director.

 Es totalmente distinto el detalle en literatura que en el cine, ya que en la literatura sobrecargar la historia con detalles descriptivos eclipsan la imaginación del lector, mientras que en cinematografía aportan su lado poético y enriquecen el ambiente al unísono de música o efectos especiales, que son otras herramientas importantes para grabar una historia. Un director de cine que tiene su propio criterio a la hora de escoger imágenes fijas, músicas, efectos especiales, y elementos decorativos, ese es sin duda Pedro Almodóvar. El cine de Almodóvar está repleto de detalles inspiradores haciendo hincapié en recursos como decorados con reminiscencias de los años setenta, como también adornos pop, o también simbología kitsch. En el cine de José Luis Guerín encontramos cotidianidad y recursos propios del cine realista, que es su manera de hacer cine, improvisa constantemente.

 Dos directores ya fallecidos aportan el detalle de imágenes fijas dentro de perspectivas poéticas: Eloy De la Iglesia e Iván Zulueta. El primero en su película El Pico, rodada en la ciudad del Bilbao de los 80, mientras que el coprotagonista (Urko) está sufriendo una sobredosis, Eloy, muy astutamente, utiliza imágenes fijas del decorado donde tiene lugar la escena utilizando a estereotipos del cine y la mitología cinematográfica, todo ello en imágenes fijas entrelazadas con la escena del suceso. También Iván Zulueta utiliza recursos pop de los años 80, y los escenifica entre imágenes en movimiento; utiliza imágenes que en aquella época están plasmadas debido a la cultura pop y sus influencias musicales. 

También se utilizan las imágenes fijas en los documentales como ingredientes enriquecedores para hablar del personaje. Se filman imágenes en movimiento, por ejemplo, dando un repaso por la biblioteca del protagonista del documental. Se utilizan también planos de imágenes fijas como por ejemplo cuadros, adornos del hogar, o elementos que nos ayuden a embellecer el guión que se pretende llevar a cabo, y por ende, el hecho de llevar a buen puerto una historia según sea el documental. Imágenes fijas o en movimiento que enriquecen la historia, entre declaraciones de los diversos testimonios, tanto de unos como de otros. Llevar a cabo un rodaje es contemplar como útiles el hecho de utilizar herramientas. Por eso se aprende de los directores de la película, aunque también de la dirección artística y la dirección fotográfica. Todo en el cine es un compendio de recursos que llevan a buen término a la hora de contar una historia con verosimilitud. Muchísimos directores hay que son grandes maestros en imágenes fijas como detalle adicional, y han hecho cátedra. 

Olivero y Duquende: un flamenco actual pero distinto

El uno nos viene de Austria nada menos,  el otro, de Sabadell nada menos, y están haciendo un flamenco puro fusionando lo justito, ya que estamos hablando de Flamenco, patrimonio de la humanidad reconocido por la UNESCO. He buscado al guitarrista por Internet y es todo un misterio, el porqué se llama Olivero, y de qué parte de Austria viene. He visto su página en Facebook, y ya tiene más de nueve mil seguidores. Su guitarra suena a flamenco aunque con un aire distinto, renovador, se podría decir. He escuchado por Spotify sus tres singles y es un aire que le hacía falta a este flamenco último, eso después del descalabro de Rosalía y El Niño De Elche, aunque considero que es un giro de tuerca hacia el flamenco necesario, lo de Rosalía es un fiasco, pues se ha convertido en música latina, tipo Shakira o otra pop star de tantas que hay, con respecto al Niño de Elche se puede elogiar su valentía en darle al flamenco otro color, lo que no es factible politizarlo. Pero ahora hay que hablar de Duquende, este cantaor, con voz prodigiosa, fue coronado por Camarón de la Isla, nada menos, como su sucesor, o si no su sucesor, elogió su talento grandioso y con gran duende, es decir, que le viene el nombre que ni pintado. Duquende es de Sabadell, y lleva el flamenco en la sangre y no es la primera ni la última que graba un disco. Tiene Duquende discos apoteósicos con fantásticas guitarras como Tomatito, incluso con Manzanita, ya fallecido. Pero hay que decir que ha recorrido el mundo como cantaor de primera fila de Paco de Lucía, pero el maestro Duquende se merecía encontrar un guitarra al toque como Olivero, con un estilo propio y único. Sin duda, era la pieza que le faltaba al Flamenco de siempre, es decir, al flamenco por antonomasia. Busquen en Google tanto a Duquende y a Olivero y escuchen su mezcla que promete buen flamenco para el aficionado exigente. Para el aficionado ortodoxo también, dejémonos de monsergas y etiquetas, el flamenco es como la poesía, de acero inoxidable. Se adapta a cualquier música, género, instrumento o lo que se ponga. Es música parida como los antiguos gitanos la crearon cantando así cuando remaban en galeras sus cantes al ritmo de cada empalada. Cuando en fiesta se bailaba y se cantaba por bulerías, ya sea en Andalucía o en el Somorrostro barcelonés (ya desaparecido). Son músicas únicas, como el jazz, el country, el blues, el soul, y otras vertientes musicales. No estamos descubriendo América, esto del Flamenco debe de ser como ha sido siempre, dentro de la experimentación y del hecho de crear bajo influencias nuevas, el flamenco está abierto a todo tipo de corriente. Pero escuchen a Olivero y Duquende. Músicos interesantes donde los haya. Ya pasaron para Duquende los tiempos que al toque tenía a los hermanos Cañizares o también Chicuelo. Recuerden: tres singles para abrir boca. Uno se titula Viento de Estepa, el otro Bendito el Amor, y por último Castillo de Cristal. Todo cabe esperar que grabaran un disco, de momento la acogida va siendo buena. En el panorama Flamenco están surgiendo nuevos cantaores como Israel Fernández, o Sandra Carrasco, o Naike Ponce, el músico Lin Cortés con su éxito Novia Moderna, hacen un flamenco fusionado con pop del momento con un toque aterciopelado de rumba y ecos árabes, un cantaor de éxito en el mundo flamenco Antonio Reyes con canciones ya casi olvidadas como Alameda, del grupo de rock andaluz Alameda. 

Capplannetta y los tiempos nefastos

En época de plataformas y series de televisión me encuentro con el siguiente comentario hoy día 7 de enero de 2021: ¡qué fuerte empieza la nueva temporada de la teleserie 2020! Y todo viene por los acontecimientos de ayer en Estados Unidos. Estamos, sin duda, en unos tiempos nefastos, ya que hay muchos intereses en el mundo porque los americanos han dejado huella allí donde han querido. Por ejemplo, los ultra islamistas se estarán frotando las manos, también la oligarquía rusa, y también los chinos y otros muchos países más. No empezamos bien con 2020, y tampoco estamos comenzando bien en el 2021. Que la gentuza de Trump haya dado un golpe de estado en toda regla confirma que la bestia herida, que es Estados Unidos, esté empezando a agonizar, no porque vaya a morir, sino porque todo el sistema americano está haciendo aguas. Necesitamos eliminar el fascismo ilegalizando sus prácticas habituales. Y cuando intervengan reaccionariamente meterlos en la cárcel. Y esto, no sólo es problema de Estados Unidos, que más que nunca se tambalea, es mundial. La sombra de la política es alargada, y existe demasiada demagogia y populismo en USA y España y por doquier. Este nuevo mundo que estamos originando llegará a ser un lugar inhabitable. Si no intervienen la gente decente esto se acabará. Cayó el imperio romano, cayó el imperio español, ¿porqué no iba a hacerlo el estadounidense? Cuando me dio la noticia un amigo de que unos tipos habían tomado el capitolio y de que también hubo disparos, me dije: -serán unos cuantos paletos, pero he seguido los acontecimientos por Twitter y la cosa es seria. Vienen tiempos difíciles, no sólo con respecto a la pandemia, en lo político vamos de mal en peor. Al nacionalismo hipócrita hay que doblegarlo con diálogo, aunque a éstos fascistas se les doblega con la cárcel. Cuánta cárcel han sufrido los militantes de izquierdas, pues a pagarles con la misma moneda. La libertad se defiende democráticamente, y si éstos energúmenos no saben respetarla, pues que los juzgue un tribunal norteamericano. Todos tenemos una idea de cómo debe sentirse la gente de Estados Unidos, con sus aires de amos del mundo y del más allá. Es denigrante, como decía TVE y Rosa Montero por Twitter. Si esto no tiene solución en pocas horas irá a peor, ya que como se extienda por todo el país menudo 2021 nos espera. Y quisiera añadir que ya que son tan valientes y bloquean y sancionan a los países que van un poco a la contra, que sentencien a Trump por dar un golpe de estado ayer. 

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Cecilio Olivero

Poemas con nocturnidad

Ediciones Vitruvio

Uno a veces se pregunta qué sentido tiene escribir poesía en estos tiempos de Whatsapp y de redes sociales, pero también de mayor soledad. Al igual que el poeta aquí reseñado, y perdonen que me entrometa tanto, uno tampoco le encuentra mucha sensatez a esta vida cotidiana. No es baladí el comentario: la poesía en buena medida se nutre de cotidianidad y de rutinas con relación a un hipotético sentido global o parcial de la misma, de la poesía o de la vida, acaso sean lo mismo, y no son pocos los autores que han convertido la aparente normalidad, no sé si nueva o añeja, pero bien trillada en todo caso, en materia literaria con extraordinaria brillantez. 

Puede resultar en definitiva tópico y victimista esto del sentido de la poesía hoy, por seguir con la cuestión, en todo caso habría que asumir que lo de escribir y leer poemas sólo es cosa de los poetas y de cuatro amigos despistados, aunque puede que sea mejor dejar de preguntárselo, en el fondo no hay debate, e incorporarlo a la rutina sin más. «Escribo poemas y veo televisión», afirma el autor de este poemario, provocador y exagerado: esta es, al fin, la actitud, una poesía exenta de misticismos, atada a la tierra, a la vida cotidiana.

Así que quien se provea de este poemario se va a encontrar con una reflexión sobre lo cotidiano y un ejercicio de nostalgia –«ya no son de purpurina los sábados noche»–, una vaga reflexión sobre la vida y, sí, también un cierto ajuste de cuentas velado. Habrá quien piense que no es nada nuevo, y no, no lo es, pero desde los tiempos de Enheduanna, hace cuatro mil años, se repiten los temas, los llaman tópicos, y siguen teniendo para muchos un significado. O por lo menos sigue siendo motivo de reflexión y cada poeta aporta su mirada. Bienvenida sea. Respecto a la originalidad, obsérvese que este término no se refiere tanto a lo novedoso, sino al origen. Por algo será. 

De este modo, seguimos con el fracaso, el paso del tiempo, la muerte, la amistad, los recelos, la paternidad, la marginación social, la condición de hijo o la mirada sobre sí mismo, aspectos todos ellos en que se van desgranando los grandes temas de la vida. Hay incluso una reflexión sobre la necesidad de cambiar el mundo, aunque el autor presagia que cualquier intento en tal sentido lleve posiblemente a empeorarlo. Introduce para darle más empaque la anécdota del transportista de una empresa de distribución cuyo acto de rebeldía apenas rompe las reglas de juego, rebeldía fugaz aunque sin duda feliz.

Es una propuesta más, pero interesante, un nuevo intento de restablecer el orden que brinda toda poesía meditada, un libro que requiere, como todos los poemarios, una lectura pausada y cómplice. Vale la pena enfrentarse a él, poco a poco, sin prisas, con paciencia. La vida misma.

El Bembé

Es un estigma en la memoria europea el haber esclavizado y torturado a millones de africanos, pero aún más el estigma es más profundo y arraigado para la comunidad afrodescendiente. En el Caribe y en América Latina los españoles, en Brasil los portugueses y en las Antillas y América del Norte franceses e ingleses. Es de cajón recordar el significado de la impronta que dejaron los europeos en cada grupo de esclavos africanos como los apellidos del patrón, caporal o mayoral, odio decir que fueron amos, nadie es amo de nadie, pero sí fueron jefes que les hacían trabajar a éstos esclavos comprados a un precio no muy elevado a cambio de nada, porque es conocido que éstos esclavos se alimentaban de los despojos de las reses sacrificadas y bebían el agua que se les daba a las bestias. Y digo bien, bestias, que es como trataban a la comunidad negra esclavizada. Es un estigma para la memoria mundial el que estas personas trabajaran de sol a sol a cambio de las miserias del patrón y su familia, ¿y qué dejaron ellos como huella hereditaria para la civilización de occidente? 

En Cuba y Brasil se hacía una fiesta religiosa llamada el bembé, de ahí han salido músicas como el guaguancó, la guaracha, la salsa, esto en Cuba y Puerto Rico, y en Brasil el africanismo dio lugar al tropicalismo que dio músicas como la samba y la bossa-nova, y danzas como la Capoeira. No hay que el olvidar en el norte de América por el río Mississippi salieron músicas como el jazz en Nueva Orleans, y el Blues en estados sureños como Alabama y Texas, de ahí fueron evolucionando hasta llegar a lo que es hoy día el RockandRoll por mediación también del Country y la música folk, que ésta era propia de blancos. También han evolucionado las músicas negras en Estados Unidos, como el Rap, Funky, y el Soul y se han globalizado por todo el mundo. Todas provenientes de la religiosidad como el Gospel. También en Venezuela se encuentra música como el Arrullo, son unas nanas que las madres esclavas africanas cantaban a sus hijos a modo de susurros. También Perú, emparejada con el vals peruano se encuentra el negroide, que es una fusión de tambores y cajas peruanas. Y esto es una mínima parte del tesoro otorgado a la humanidad a cambio de sufrimiento.

En esta fotografía muestro la puerta del no retorno, está en Senegal (África) que es de donde salían los esclavos para ser esclavizados y vendidos, tiene un aspecto tétrico y es un monumento histórico lamentable, yo como europeo siento vergüenza ajena. He intentado recrearla a mi manera haciendo un llamamiento en contra del racismo que sea, de la índole que sea, es una fatalidad y una sombra oscura del pasado. 

Vidas que importan (Juan A. Herdi)

Durante algunos meses entre 1929 y 1930, no llegó al año, Federico García Lorca vivió en Nueva York. La ciudad era ya en aquellos años un gran centro social y cultural, un polo atractivo y también contradictorio, sin duda, de ese mundo en construcción y que, en su caso, dadas las dimensiones y la tecnificación, acentuaba la dicotomía entre naturaleza y civilización, tema este a todas luces muy actual al que no fue ajeno el autor andaluz. Huía García Lorca del ambiente un tanto cerril de España, pero también necesitaba tomar distancias para pensar en sí mismo, en sus circunstancias, y nada mejor para ello que cierto retiro, aunque fuese en un lugar tan dinámico como esa ciudad gigantesca que tanto nos influye en lo cultural. Sea lo que fuere, tal vez por ese mismo dinamismo, le resultó imposible no atender a lo que le envolvía.

Vivió la gran crisis del 29 en su epicentro. Descubrió también la vida de los negros que no pudo menos que sorprenderle, con su vivacidad y su marginación, con sus contradicciones, sus esperanzas y su frustración colectiva. Escribió: «(…) No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos, / a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro, / a tu violencia granate, sordomuda en la penumbra, / a tu gran rey prisionero en un traje de conserje.» Es parte de un poema titulado El Rey de Harlem, de su libro Poeta en Nueva York, cuyo manuscrito entregaría a José Bergamín en 1936, el mismo año del asesinato de Lorca, y tras la guerra española se publicó simultáneamente en México y en Estados Unidos, en 1940.

Han pasado noventa años de su estancia en Nueva York y ochenta de la publicación de su libro. Hoy, como entonces, estamos en plena crisis, ya no sólo sanitaria, también económica, aunque no somos todavía tan conscientes de su envergadura, aun cuando haya voces que apuntan que va a ser casi tan grave como la del veintinueve. No sé tampoco hasta qué punto se repiten los fenómenos históricos, sea en forma de tragedia sea como miserable farsa, que diría Marx, Karl, aunque la frase hubiera sido también digna de Groucho; o, dicho de otro modo, si los ciclos de crisis actuales desembocarán, como desembocó aquella, en fascismo y en un nueva guerra mundial. Esperemos que no, a pesar de los signos que indican que por desgracia estamos ante la farsa miserable. Lo que no cambia es la situación de los negros en Estados Unidos. La muerte una vez más de un ciudadano a manos de la policía por una detención brutal ha desencadenado protestas en todo el país y no pocos enfrentamientos. Puede ser verdad que al día se dan cientos de operaciones policiales que no conllevan la muerte de nadie, pero no es la primera vez que ocurre y tampoco es la primera vez que quien muere es una persona negra.

¿Cuántas muertes se necesitan para que una estadística se convierta en un dato infame, cruento y repugnante?

No creo que haya que responder a la pregunta. Aunque fuera una sola vez, el hecho resultaría por lo menos inaceptable. Pero hay quien se fija sólo en la reacción, no en el hecho; hay quien pone el grito en el cielo por el vandalismo sin querer ver que la violencia la desata lo que es un nuevo asesinato o incluso, antes, una mirada recelosa, un gesto prejuicioso, esa línea muy tenue que coloca a cada uno en un lugar diferente de la escala social.

En 2013 se inició un movimiento que se conoció por su lema: Black lives matter (Las vidas negras sí importan) a raíz de la absolución de quien mató a un adolescente negro por un disparo. A partir de entonces el lema se ha ido repitiendo cada vez que moría alguien afroamericano por actuación policial o se producía alguna detención policial cuestionable, y no han sido pocas tales ocasiones. Estamos acostumbrados a verlo en películas o en series y no nos damos cuenta de que, otra vez, como dijera Oscar Wilde, la realidad supera la ficción.

En Europa tales muertes y las protestas que provocan tienen un enorme eco, abren informativos y ocupan las portadas de los diarios. Se ven como una característica muy propia de los Estados Unidos, esas cosas que pasan allí, es fácil simpatizar con las víctimas del racismo y de los abusos del poder cuando se dan lejos. Quizá domine la idea de que eso no puede pasar ya aquí. Pero surge aquí una nueva extrema derecha que vocifera lemas xenófobos y algunos datos calculan en 20.000 los muertos en el Mediterráneo desde 2014 (https://news.un.org/es/story/2020/03/1470681), nuestros muertos que no aparecen tanto en los informativos o apenas provocan protestas en Europa. Casi nos hemos olvidado con la pandemia que en Grecia miles de personas esperan sus peticiones de asilo mientras muchos países europeos les cerraron sus fronteras o gestionaron el problema a cuentagotas. Como hemos olvidado que en 2010 el Gobierno de Francia, por poner sólo un ejemplo, expulsó a comunidades gitanas, aun cuando algunas de ellas tenían ciudadanía de algún país de la Unión Europea.

Nos hemos insensibilizado a la crítica o a la exposición del problema. Es lo que hay, el mundo es así y como mucho servirá de argumento a futuras películas y series, o ser objeto de atención de algún poeta sensible. Todo volverá a su cauce hasta la próxima vez que ocurra algo así, que no parece que vaya a ser muy tarde.

FUENTE: http://www.cuadernodebidaxune.blogspot.com

Artículo sobre libro (Por Juan A. Herdi)

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Cecilio Olivero Muñoz

Cibernética Esperanza (capplannetta.com)

Senzala Colectivo Editorial

«Todo ocurre por una razón que no entendemos», afirma el narrador del relato en un momento dado, cuando ya tenemos una idea clara del camino recorrido por el protagonista, Casimiro Oquedo Medrado. Tal vez por ello, porque se nos escapa el porqué de las cosas, lo que motiva los hechos y quizá el sentido de la vida, no hay excusas o voluntad de justificarse, simple y llanamente hay una descripción de escenas que componen una vida, unos retazos que se van sucediendo de un modo aleatorio.

Tampoco hay por parte del protagonista un acto desesperado de rebeldía, no se rebela, no lanza una diatriba contra su vida ni por los hechos que se producen en ella, no hay un grito de angustia por todo ese sinsentido que le envuelve a él, a su narrador, pero también a su autor y en definitiva a todos nosotros, lectores y no lectores. Si le encierran en un centro psiquiátrico, vale; si le dan el alta y lo sacan de ahí, también vale. Así es la vida, al fin y al cabo. La vida de ahora, hay que precisar. A veces somos meras piezas de un rompecabezas que desconocemos y el componedor del rompecabezas va ensamblando las piezas que tampoco tienen un lugar único en el conjunto.

Por ello quizá haya que leer este libro -¿Novela?¿Colección de relatos o de retazos que tienen su independencia narrativa respecto al conjunto?¿Biografía?¿Confesión?¿Tratado de la realidad? Hay que recordar que estamos en el tiempo de la no definición–, porque muestra una nueva actitud ante la vida, ya no es el grito ante Dios o ante la Historia, es simple y llanamente la descripción de lo que ocurre sin más, ni siquiera hay un objetivo, o puede que el objetivo sea la propia escritura. Ya que no podemos entender la razón de las cosas, escribimos y leemos porque sí, sin más, sin ni siquiera la intención de buscar un cierto orden.

Estamos ante un nuevo modo de entender la realidad y por ende la escritura. La tecnología, sin duda, ha cambiado la forma de mirar y de sentir, nos ha individualizado aún más, pero no para ayudarnos a determinar más el yo, sea esto lo que fuere, sino para aumentar más nuestra soledad, la desnudez de nuestras vidas, la impotencia ante tanto caos. Sí, nos seguimos relacionando, es verdad que nos reunimos con otras personas para hablar de libros, de política o de fútbol, nos casamos, nos liamos, nos divorciamos, formamos familias u otras formas de relación o acabamos buscando salidas terapéuticas –psiquiatras, psicólogos, escritura, reflexión, arte–, como se ha hecho toda la vida, pero ahora todo es de forma diferente. Tal vez lo que nos falta es lo antes referido, el acto de rebeldía, ese acto de miedo o de revuelta de Caín ante su destino que, sin embargo, asume. Ya no creemos ni en la revolución, ni en la democracia, ni en la tribu, ni en nada. Estamos solos con nuestra propia soledad. Quizá nunca la soledad fue tan evidente como en nuestra época, cuando vivimos en grandes ciudades y tomamos el metro junto a miles de personas, pero cada cual atiende solo a su teléfono multifunciones. Cibernética soledad.

Tal vez por ello hay que leer este libro, el personaje que deambula por sus páginas es un reflejo de lo que somos, y esto es lo que une el relato a una luenga tradición, la de la literatura como espejo. Mientras, no es baladí, el título nos brinda la existencia de alguna esperanza pese a todo, aunque sea una esperanza cibernética.