Ser buen hijo

Ser buen hijo no es fácil. En la Biblia se dice que: honrarás a tus padres. Pero esto, que está muy bien, a ratos se queda en agua de borrajas. Ser bueno y, lo digo yo que no lo he sido, es un tema peliagudo. Como hijo tienes que fingir, mentir y omitir obviedades debidas todas por las dudas que los padres tienen debido a su preocupación de 24 horas. Por ejemplo, en el hecho de fingir y mentir, se debe llegar a estos falsos pormenores por no preocupar a tus mayores. Los padres quieren a todos los hijos por igual, pero siempre se vuelcan por el más débil o por el que más lo necesita. Tienes que ser un gran actor para fingir, y tener memoria para mentir y nunca jamás herir. Esto es una cuestión en la que no estoy contento. Siempre he luchado y agradecido a mis padres, también lucho para quitarles cargas. Pero cada uno es él y sus circunstancias. Mis padres me lo han dado todo y todavía me siguen ayudando. Reivindico el hecho en sí de ser buen hijo. Con sus defectos y virtudes, que a veces son las mismas que las tuyas. Ya que nos traen al mundo y casi siempre tenemos cosas de ambos progenitores. Eso, que es una satisfacción para ellos, es real cuando eres niño o niña. Pero a medida que te vas haciendo mayor tus padres se ven ante todos tus progenitores reflejados. Eso conlleva abuelos y tíos. Y casi siempre deja de ser la satisfacción que antaño era. Para convertirte en un tirano de tu naturaleza fugitiva. Siempre, y esto lo digo como lo siento, debes fingir y disimular muy bien tus ratos oscuros plagados de sombras. Y con esto que digo no estoy contento como hijo, pero me estoy poniendo en el camino y trato, en la medida de mis circunstancias, no poner los pies en polvorosa.

Deja un comentario