Caganer

Me cago en la Navidad y en la Noche del veinticuatro, que no es buena, la Navidad es orfandad cuando nos falta alguien o algo. Todos esperamos un milagro. Sillas vacías echan a faltar aquellos que te daban canelones y sopa con hierbabuena, y ahora nada es sacrosanto. Todos esperamos el milagro. Me cago en Sant Esteve, y en la Noche que no es vieja. Me cago en el verano y en Sant Joan y en la puta verbena. Me cago en las vacaciones, también en las procesiones y en esta vida de mierda. No soy un resentido, enfermé tras la primavera, en la que también me cago, porque me engañó cuando una noche obscena me arrancaron el mes de abril y me negaron una vida que debiera ser más buena; aquellos que me acusaban ante la verdad de mi inocencia. Todos esperamos el verdadero milagro. Navidad y verano para descansar, hay quienes están peor, y no se enteran ni diez ni cien ni mil, vivo en total cuarentena una vida sin ser plena. Es lo que quiero yo. Yo también ando esperando el milagro. Y no ser esclavo de un reloj, ni de ninguna canción de amor, ya que sabemos que la vida no es diversión, la juventud es empezar por el postre, yo ni de la hipocresía tan necia ni entiendo el coste, ni las luces, ni el oropel tan y tan barato. Esperamos todos un bello milagro. Me cago en los Reyes Magos que ni son reyes ni son magos, que en realidad engañan a los niños incautos, a los ingenuos, a la infancia entera y se cagan en la inocencia. Mientras alucinados esperan el gran milagro. Me cago en el mes de agosto porque hace un gran bochorno, fiestas del colmo, el agosto para pobres enseña su verdadero rostro. Me cago en el cagatió, me cago en Santa Claus, pues es un borrachuzo de anís con porrón y tiene las mejillas del careto coloradas el muy mamón. Mientras borrachos esperamos el milagro. No soy de Misa del gallo, no deis más por saco. Quien no tiene fe ni se consuela, no es rencor, es de sabios. Mientras andamos esperando el milagro. Nos sentamos en la mesa, comamos doce uvas con pepa. No acepto la festividad, no acepto los días señalados, pues somos torpes esclavos que ni hicieron la mili ni creen aunque esperan un manojo de milagros. Desempeño un papel muy crucial, pues el amor es tan vertical que en el laboratorio del simulacro ornamental, vamos pacientes a esperar el milagro, en la fría cárcel del hartazgo, no hay noche ni día, hay un mal entendido eternizado. Me escapo y se escapa, mi amor se escapa, porque quiere conocer al Papa. Ella espera el gran milagro del hombre santo, del padre de todos los padres franciscanos. Y aburridos, tremendamente aburridos, andamos esperando aunque sean pequeños milagros. Vamos jugando a las suertes, a los azares, a los loteros, quizá no venga el milagro. Esperaremos el milagro mientras tanto.

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