Memoria de pez

A veces me suele ocurrir, sobre todo cuando estoy nervioso, que me olvido de lo que realmente quiero decir, o pierdo el hilo de las conversaciones. Me pasa muy a menudo con un amigo por teléfono. Es evidente. Estoy mal de los nervios. Y eso me crea varios problemas de la memoria. Pero hay una cosa que no puedo olvidar. Son las fechas de los cumpleaños de mi familia más cercana. Estoy medicándome y creo que tienen efectos secundarios respecto a esta situación. A veces me viene alguna idea para plasmarla en mi bitácora y como me distraiga acabo por olvidarme. Me acuerdo perfectamente de cosas que no debiera acordarme. Y tengo una mejor receptividad con los libros que con los audiolibros. Son cosas que tiene la vida. No siempre tengo la misma capacidad de concentración para unas cosas u otras. Me causa cierta frustración este tema. Por eso suelo hablar de manera pausada, y pensar bien lo que quiero decir. Es un problema que arrastro desde hace algún tiempo. Pero bueno, es mejor perder el hilo de una conversación que decir una tontería como una catedral. A veces quisiera recordar cosas pasadas y las recuerdo desde mi perspectiva. A veces no coinciden los recuerdos con los de un amigo. Cada uno ve la feria a su manera. Hay cosas que no quisiera recordar pero las tengo grabadas a fuego en mi cerebro. Son cosas que no me hacen bien. Me causan inseguridades y miedos o fobias a raíz de éstas. No quisiera recordar por ejemplo hechos que he vivido, y que me atormentan o me causan cierta vergüenza o algo de inseguridad. La efectividad de algo puede tener síntomas adversos o, por el contrario, recuerdos gratos y placenteros. Pero ocasionalmente no puedo quejarme, esto no es un drama, es un síntoma que me causa absurda ridiculez.

Deja un comentario