Capplannetta y el Grito del Arlequín

Hay gritos que te destrozan y te asustan. Que te dan un terror del que nadie lo asegura del todo y puede decirte de qué está hecha nuestra fibra amatoria. Imagino los gritos de mis padres tras contemplarme en estado de óbito y su reacción inmersos en una horrible tragedia. Los gritos de una madre, de una esposa, los gritos retumban en los apartamentos y se condensan como una cicatriz sonora que no se cura en la vida. Gritos de mujer siendo víctima de una violación. Pero el grito que más me ha impresionado ha sido el Grito del Arlequin. Cuando el arlequin gritó todo el mundo calló. Era un grito en las entrañas desde la eterna noche de los tiempos. El arlequín es luz y sombra. Cisne negro-Mirlo blanco. Es una paradoja ante la percepción de lo arlequinado. Es un momento de ilusión que dura muy poco, y acaba con el grito desesperado. Es un payaso del siglo XIV en la antigua Venecia. Creo que el arlequin es el pretexto para trasmitir la dicotomía existencial. Lo blanco se une a lo negro y viceversa. El Grito del Arlequin es un poemario corto que nunca, y digo nunca, debería haber sido publicado.

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