Capplannetta & Maggie

Tengo una suerte predicha bajo las estrellas fugaces. Mi destino eres tú y el norte hacia el sur que mantengo en mi camino. No prometo dañarte, porque puede que te dañe sin quererlo. Cada vez que veo tus ganas de dejar la esclavitud recuerdo a los agraciados con un premio, una publicación en una editorial grande, un preámbulo de luz al compás de los éxitos, ya que pueden ser fugaces y efímeros, o plantarse como un árbol de raíces profundas, agarrándose al mundo, e improvisando un fruto. Eres tan terriblemente hermosa que cuando sonríes tengo miedo, tengo miedo de plantar sombra sobre tu alegría, no, no quiero que sufras. Hoy es ya domingo, y cabalgamos solos por las playas de invierno y los solitarios peregrinajes a los vacuos recuerdos, y al empuje de una entrada al carnaval del sueño sexual. Yo soy Capplannetta y tú Maggie, somos dos tristes con una alegría desplegada en el futuro. No nos hablemos más del pasado, que el pasado ya no es pisado. Levitamos de noche cerrada y de jóvenes nos rompemos a besos. Cada día existe una manera nueva de ver la vida, la vida de cerca y la de lejos. Las cosas desde algunas perspectivas distintas se disfrazan ante los ojos inocentes que miran. Repasamos la ignorancia de los peces resbaladizos, no podemos cogerlos con las manos, sin embargo, existe tanta tentación en los frutos madurados al sol que yo podría creer en ti como si nacieras de nuevo. No guardo pan para hoy y hambre para mañana, seré como un cuentagotas, una cartilla de racionamiento, una farmacia que te dosifica las pautas. Seré un astro sin ser luz. Un espejo de fuego en el que tú te mires y yo sorprendido te arroparé en calentito amor.

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