Capplannetta y la poesía

Muchas veces los que nos dedicamos a la poesía nos hacemos la pregunta reina. ¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué nos empuja a escribir? Y yo me contesto sólo y me digo, no me da dinero, me genera trabajo y me supone sacrificio. Soy un verdadero amante de la poesía. Creo, que la poesía en especial no sirve para nada. Los poemas pasan desapercibidos para la mayoría. Muchos no leen ni un cuarteto octosilábico. Sin duda tiene un público reducido. Es más, la poesía sólo la compran poetas o escritores. Escribiendo poesía no llegas a la fama efímera ni a la gloria que desaparece de la memoria de los hombres. Es más, dinero tampoco da. Sin duda es un sacrificio. Un sacrificio como una cáscara de plátano. Vacío, inútil, consigue del poeta su peregrinaje, su exhibición y su camino repleto de peligros. El nepotismo, el hecho de ser premiado, ya que las editoriales no arriesgan. Si no te promocionas en presentaciones y recitales no vendes. Si no vendes no serás más que un lastre para la editorial. Normalmente venden poesía aquellos que conocen a mucha gente. En mi caso, tengo miedo escénico, y tiemblo de nervios. Antes no me ocurría, pero entonces yo tenía inocencia inmaculada y una novísima luz en mi mirada. No, no soy derrotista. Llevo en esto muchos años ya. Y siempre me hago la misma pregunta, ¿tanto sacrificio para qué? Quizá espere al gran mecenas. Al rico o rica señor o señora que crea en mí. Pero la poesía no alimenta, no es nutritiva, es un cantar del alma pura. Se puede decir que la poesía sólo nos sirve a unos pocos. Admiro a los grandes rapsodas. El escritor es un solitario, pero un poeta es un mártir. El poeta cuando está en pleno naufragio no es buen escritor, ni puede fingir, y solamente se puede entender que un poeta es como una carrera de fondo. A veces tienes flato si no tienes la respiración adecuada. Otras veces se te seca la boca y debes enjuagarte la boca con agua pero sin digerirla. Y otras veces abandonas antes de llegar a meta. Pero lo único que puedo decir es que la poesía es una especie de medicina para el alma. Es del perdedor la lucha, la del ganador es el motor. Si caes te levantas y si pierdes hoy tal vez mañana sigas en la brecha.