Capplannetta huyendo

Hace unos años atrás fui con mi primo a un bar de Can Rull, y allí me esperaba la venganza, con las uñas sucias de mugre. Se cebaron conmigo, aunque es comprensible, pues matar la paz de mi silencio es fácil para aquellos aventajados, para los prepotentes, para los mártires del lampar, para los fanáticos de la última palabra. Me hicieron una traidora y cruel venganza. Me hicieron una emboscada a quemarropa. Estas son las cosas que me hacen pensar, que Cal triar, cal triar entre allò bo potser. Hi ha llardons amb l’alè podrit, amb una rebequeria punyetera, jo sóc Caplanneta, Capgrós i poeta. Yo ya soy viejo, ahora la esperanza es lo nuevo. Lo nuevo llegará a ser despreciado, ya que no hay gran verdad sin un peaje que pagar. Yo soy juguete usado y ahora el juguete es nuevo. No me siento despechado, me siento utilizado. Una vez corté el cordón umbilical pero mi madre es la única que me quiere de verdad, también mi padre y hermanos, aunque de manera distinta. La familia no se elige, se elige un destino, se elige un estado de felicidad o un estado de resentimiento. Yo elijo ahora quienes son mis hermanos, quienes son mis amigos verdaderos. Este no es un post triste y sombrío. Este es un post de gran ironía y, a la vez, esperanza. Es imposible enumerar las veces que me he sentido despreciado. Aunque muchas veces caigo en la cuenta que tengo pocos pero buenos amigos, y esa alegría es superior a todas las traiciones y desprecios de aquellos que no se merecen nada de mí. Al igual que ellos me odian, yo, los encuentro tristes almas que mientras lampan comentan y hablan de uno, pero cuando son lo que son, no tienen paz ni se parecen a la verdadera amistad, que es de dar la vida por un amigo. Un buen amigo, siempre querido y bienvenido.

Capplannetta y los expertos (Influencers)

La palabra producto, proyecto y experto me dan un poco de grima. Suelo evitar usarlas, pero las uso cuando es preciso. La que no uso apenas nada es la palabra “expertos”. Expertos de qué y para qué. Influencer se hacen llamar en la era postmoderna. Influencers o expertos, tutoriales y directos, maestros de la cibernética aplicada a la tecnología. Hay miles de chupatintas expertos que te dicen que te enseñan a escribir cuando el hecho de ser un escritor se alimenta de lecturas y escribiendo el género literario que se domine. Y a medida que el tiempo pasa vas creciendo como escritor, aunque nadie es experto en escribir, al igual que nadie tiene la mayoría de edad literaria. Los expertos son escritores que no han ganado ningún premio importante, quizá alguno de provincias, pero no de relevancia envidiable. Los expertos suelen ser unos enteradillos que saben de mucho un poco, en lugar de poco mucho. Un experto no enseña, ya que su éxito no es nada nuevo, y tal vez no tenga claro que la literatura es un proceso que cuenta en el tiempo y narra según sea su experiencia. Tengo amigos que escriben bien y entienden bien el mundillo literario. Yo rehuyo de los expertos, quizá sea porque yo me considere un aprendiz del siempre, y no intento ser experto de nada, ya que puedo caer en la petulancia o la pedantería. Que para el caso son la misma cosa. Cuando un experto roza la epigonía, cuando el pretexto es una oscura megalomanía, cuando el experto sin cátedra ni maestría interpreta en el diván su triste psicología. El experto se escapa de vanguardias y de modas e innovaciones de la escritura. Que crean en tu obra es el primer pilar de la primera piedra hacia los cimientos de una carrera como una maratón de por vida. Somos lo que hacemos, no lo que queremos. Yo puedo ser un perfecto escritor que escribe sin faltas de ortografía, pero si no hay una idea, si no existe la semilla que se abra entre el Parnaso de lira y pergamino, entre corona de laurel, no doy la razón a los premios. Doy la razón a la humildad y a la sencillez. Ser cercano, ser sencillo y a la vez creer en ti mismo, en tus aptitudes literarias y en la manera de enfocarlas, serán la clara virtud que (repito) se adopta con el paso del tiempo.