Capplannetta sabe que la noche no tiene paredes

Hace tiempo que lo vengo entendiendo. Lo vislumbro a la vez que lo oigo perfectamente. Me digo, venga Capplannetta, aguanta, resiste, no hagas caso a los zarandeos verbales que te someten. Pero las voces del vecindario confirman mi vulnerabilidad constante. Para más Inri soy escritor bloggero, y me desnudo cada noche soportando la égloga vecinal que quiere estremecerme de miedo acuciante, pero no sucumbo a la esclavitud de los demás. Soy neófito en temas de lo que viene de adentro y lo que viene de afuera. Sé que la noche no conoce de paredes. Sé que soy un guijarro que salta debido al trasiego multitudinario de gente a la que yo no conozco pero ellos me conocen al dedillo.

No estoy loco, escucho lo que es real, y si poca credibilidad tienen los locos es porque hay una estirpe de bambolla que no tiene modales ni éticos ni morales. No seas estúpido, escucho y callo. Ya hablan ellos por mí. En esa circunstancia tengo las de ganar, pero mi única verdad es que entiendo bien este juego del gato y el ratón. No soy peligroso pero no tengo miedo ahora. Espero verlas venir y si me matan que tiren mis cenizas a un oquedal donde los ruiseñores sean libres y canten, que planten un árbol pues de esa manera estaré presente.

La noche no tiene paredes. Y la comunicación no es para todos la misma rosa cibernética, que es la mía, y es mi verdad contra muchos noes, que gritan, ríen, es algo teatral, una manera más que histriónica de hacerme pasar por sordo, mudo, pero nunca tonto. Si he llegado hasta aquí es porque Dios así lo quiso. En este mundo pagan justos por pecadores. Y los justos es un pecado hacerles pasar un mal trago. Pero así es la vida, unos miran para un lado, otros miran para el otro, y otros no pueden mirar porque no ven. La ceguera de los que deshacen cordeles a diario y se atan las zapatillas con hilo de nylon. Échale semilla a la maraca pa’ que suene. Así dicen los salseros por derecho. No es que me dé miedo la noche. Me da miedo pasar por la presa donde por un lado hay un pantano sucio y por el otro un abismo. Nada más que añadir. Puede parecer inverosímil, pero que la noche no tenga paredes es algo que he aprendido caminando solo.

Capplannetta y el algoritmo sabiondo

El algoritmo de YouTube sabe que soy flamenco. Siempre o casi siempre escucho flamenco. Escribo canciones con cierto aire flamenco. Aunque a veces dé pena en esta web/blog, tengo a ratos una alegría que me produce el cante bueno. No, no soy bipolar. Pero he comprobado que hasta el algoritmo sabiondo de YouTube sabe que tengo raigambre andaluza. Me gusta la rumba catalana, sobre todo la basada en el repertorio de Ismael Rivera, el salsero puertorriqueño. Aunque también me gusta otro tipo de música. Coincido con John Lennon, la música que escuchas te define como persona. Soy tan ecléctico musicalmente que la gente me tomaría por un melómano loco. Loco estoy, pero por la música buena. ¿Qué es eso del reggaeton, carajo? La cumbia me gusta más, y la bachata, al igual que otras músicas americanas. Me gusta el neo-tango. Suena bien. Pero el flamenco es mi música preferida. Ya lo digo, el algoritmo de YouTube me transporta al mirador de San Nicolás (desde donde se ve la Alhambra) sin salir de casa. Y escucho las bulerías de los gitanitos que no lo hacen nada mal. Lo llevan en la sangre. Aquí hay también buenos flamencos. Como por ejemplo Duquende. Y me gusta Mayte Martin, y cómo no, Miguel Poveda. Se echa de menos al maestro Morente, aunque ha dejado su saga. Muchos se preguntan si el flamenco que hacen los hijos de Enrique Morente es flamenco. Yo creo que el flamenco se adapta a todo. Pero han seguido el camino de su padre, partiendo de una base flamenca se puede mezclar con músicas de todo tipo. El flamenco es polivalente y encaja bien en cualquier mezcla. Recuerden el tema Olé de John Coltrane, el saxofonista y clarinetista jazzman. El flamenco es una maravilla.