Capplannetta y la libertad de pensamiento

Injustamente a los libre pensadores los llaman locos o están vistos como gente extraña de la que hay que apartarse. Para ser un libre pensador tienes que contar con el hecho de que te queden pocos amigos. Casi nadie quiere relación con alguien que piensa libremente. Aunque muchas veces sí eres honesto tendrás pocos amigos pero los auténticos, éstos tienen su percepción del mundo que les distingue condenados a verse solos.

La gente “normal” los relega al ostracismo y sólo ellos están vistos como despreciables aunque no sean malos. La gente (algunos) les temen y se apartan de su ideario y convicción natural al margen de una sociedad de humanos sin humanidad. Salvo excepciones, ser un libre pensador te saca del circuito editorial si te dedicas a escribir, aunque gente abierta e inteligente los trate bien. La clave está en no meterte con nadie, vivir y dejar vivir. Vivir en paz aunque con tus ideales de acero inoxidable y con la capacidad suficiente para ser tú mismo sin hacerle daño a nadie.

Julio Cortázar decía que estar loco es una cosa que hay que merecerla, indudablemente tenía razón. Lo que es triste caer en el abismo de la locura y el descontrol absoluto.

Siempre se huye y se persigue al lobo, o a la oveja negra de la borregada estereotipada que es el mundo. La libertad de pensamiento te lleva por caminos como el miedo, y a no creer en las sociedades donde son libres pero porque tienen el equilibrio intacto y eso es lo que molesta de los locos fulanos libre pensadores. No debe importarnos que nos etiqueten de cualquier manera, somos una parte de la vida que es muchas veces incomprendida. La literatura es la verdadera compañera del libre pensador, la única.