Comentario de Susi Underground

Toda novela cuenta cosas que suceden, y la tuya también. Pero hay un hilo conductor, y en tu Cibernética esperanza se ve un interés por dejar claro que una persona que no es como las demás, no está loca. Te acusas de haber causado sufrimiento a tu familia, de ser un golfo, de vivir al margen de la norma, pero me parece que no es más que un juego para que las instituciones que velan por la uniformidad te dejen un poco en paz, seguirles el rollo a cambio de un poco de tranquilidad, por así decir.

“Ser sin nombrar, Ser sin nombre

Ser un hombre, Ser sin más”

Has transigido con entrar en sus exigencias, pero no te has entregado, ahí está Capplannetta para decirle a Cecilio las cosas que no quiere escuchar, lo bueno es que, al final, ambos se llevan bien, siguen siendo amigos, aunque de vez en cuando se peleen. Capplannetta sabe que esa esquizofrenia diagnosticada no es suya, es la de una sociedad que no quiere reconocer que se basa en un desequilibrio mental normalizado y se defiende atacando a quienes la dejan en evidencia:

“Los héroes llevan barba y fuman puros,

y los villanos se reúnen de tres en tres.

Se esconde la basura bajo la alfombra

y en África y en América extinguen al hombre libre.

El frío capitalismo es un huevo frito,

es una yema para los ricos

y una clara para los pobres,

pero los psicoanalistas hacen su agosto

entre el péndulo y el diván.”

En “Tarde en que llegamos tarde” está implícito que toda situación tiene un precedente, un momento en el que, de pequeños, entendemos la tristeza de un mundo sin amor, y esa perspectiva nos cambia para siempre. La soledad es el precio a pagar, pero se paga, como todas las deudas, porque siempre nos morimos solos, así que qué más da.

Es una novela que parece fácil, pero tiene tantos niveles como este mundo tan extraño que a veces cuesta comprender. Me ha gustado: me ha puesto triste, me ha hecho reír, me ha hecho pensar. No se le puede pedir más a un escritor.

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