A Capplannetta le dicen no

Y me dices no, que no puedo verme ante el espejo desnudo. Me dices no que no tengo derecho a mal pensar, que no me dices porque dizque tienes temor al sonido. Me dices no, con los síes que te he dado, con o sin permiso. Me dices no, que a latigazos me borrarán la tersa piel de mi espalda, un no, es un no que tengo ya asumido. Un no es negación y nada me meto al bolsillo, mucho menos en el corazón, allí donde no se olvidan mis mejores latidos. Me dices no, que no diga mentiras, que tampoco haga ruido. Me dices no, hasta mi nombre, mi teléfono y mis apellidos. Despliego un atlas en tu gemido. Mi lengua es una eminencia ante tu clitoris entre carníca lamiéndote al descuido. Me mojo de tu sudor, siento en mi piel tu sudor caliente que secará como el lento olvido. Me dices no, porque pude ser tu amigo y a ratos tu enemigo. No pretendo el vicio de los siglos por repartir guerras y muertos que estuvieron vivos. Hubo una vez un no que se ofrecía maniatado y dolorido. No le dijeron a Cristo, Pedro negó tres veces a Cristo. Yo no puedo decir no, soy ser afirmativo. Soy como una prostituta que no dice que no al dinero ni al semén en su ombligo. No, no, no, mil veces no. Porque el no incomoda, porque el no es un silencio muy frío. Se aprende a decir sí o no en la infancia inocente del niño. Quien pudiera decir no, en el pensamiento, contra el viento, a los algoritmos. Qué alegría recibir un no cuando ya no te endeudas porque te niegan una deuda que te hará cautivo. Dame noes, no te negaré el saludo.

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