Capplannetta intenta no hablar de lo malo

Hablar de lo malo deprime a la gente y la hace detestarte aunque sea un lapsus de incoherencia. Yo intento no aburrir al lector con mis problemas, ya que cada uno tiene los suyos. No quiero criticar a nadie ni ser un hombro donde solloza la muerte. La verdad es que tengo buenos amigos, y no sé ríen de mí, aunque a veces diga alguna tontería. Pocos y buenos amigos, para de contar. Mi adolescencia y juventud es de los años noventa, y entre esos años hasta ahora he ido perdiendo contacto con mucha gente a la que aprecio. Puedo decir que amigos nuevos también tengo. Al igual que yo decepciono también me decepcionan a mí. Es cuestión de perspectivas. En esta sociedad absurda a veces y otras realmente seria, no hay lugar para libertinajes y ocasiones impertinentes, escribir, escribir, leer y leer. Mientras que se lee hay un silencio que da paz y capacidad para concentrarse. Hablar de lo malo es una espina que muchos te odiarán y a otros les causarás dolor y desagravio. Yo quisiera ser como antaño, pero eso es ya imposible, ahora que conozco aún más de los secretos que para mí persona estaban vetados, voy descubriendo personajes, vivencias, teorías e ideas. Cuando era más jovencito me creía el dueño y señor de mi individualidad, pero con los años he comprendido que nadie es más que nadie, y además, estamos en un mundo que la desigualdad es un pan duro que muchos comemos. No quiero perjudicar con mis palabras a gente que aprecio. Pero el error de seguir teniendo esperanza es muchas veces parte de una ilusión vacua. Perder la esperanza, eso es un dolor por el que pasan muchas personas. Hay gente que vive entre tinieblas y no soportan el escarnio ni el pensamiento libertino. Todos somos prisioneros de nosotros mismos. Aunque se intente buscar la libertad tras la nebulosa de la obcecación y la soberbia, no se puede jugar con el corazón samaritano de las personas. Es como mirar un abismo y que ese abismo te trague en cuestiones de filántropica manera de ser feliz. Aunque la felicidad sea un estado de ánimo en crisis colectiva. Cuando haces daño lo pagas a la larga o a corto plazo. La felicidad es no pensar, ir a tu bola, y no perjudicar al prójimo con pesares y aflicciones.